Ánimo España

Dicen que los buenos periodistas son aquellos que consiguen informar a los lectores de la forma más objetiva posible, es decir, sin que se les vea “el plumero”.
Pero si hablamos de un tema tan controvertido como el de las recientes elecciones generales y en un medio tan cercano como es esta revista, espero que no se me juzgue si en las líneas siguientes dejo entrever cuál fue el papelito que metí ayer en un sobre que fue a parar a una caja de cristal.
Surgen muchas dudas cuando llega este día de jornada electoral, y aunque es lo mismo cada cuatro años, parece que aun no tenemos muy claro ni siquiera conceptos tan básicos como qué funciones desempeña el Parlamento y cuáles el Senado (motivo de que tengamos dos sobres que depositar en las urnas). Puede que parezca una tontería, pero creed cuando digo que hay mucha gente que no lo sabe.
Una idea importante es el debate, puesto ya muchas veces sobre la mesa, acerca de si el voto debería ser una obligación o simplemente un derecho. Se supone que la democracia es el sistema político según el cual el pueblo elige a sus representantes mediante unas votaciones, pero, ¿este pueblo español se preocupa realmente por quiénes serán esos representantes? Puede que esté siendo un poco pesimista (lo admito, estoy desanimada por un hecho terrible que ocurrió ayer, 20N) pero estoy cansada de oír esta conversación por la calle:-¿has ido a votar? ¡Qué va! -¡Anda! ¿y eso? Es que me daba una pereza…
Aún así, espero por el bien de todos nosotros que esta sea una minoría insignificante de la población, lo cual me lleva a plantearme otra cuestión: ¿las abstenciones en las elecciones qué significan?,¿simplemente que a esas personas les daba pereza ir a votar o que están tan en desacuerdo con este sistema electoral y es una manifestación de protesta en contra del mismo? Como solución a este problema podríamos considerar la opción de votar nulo o en blanco. La diferencia entre ambos es que el voto nulo solo cuenta como voto emitido, pasando solamente la primera fase de la votación, sin embargo, votar en blanco favorece a los partidos con mayoría, ya que aumentará el número de votos necesarios para conseguir un escaño.

Otra de las ideas que voy formando en mi cabeza a medida que hablo con más personas sobre este asunto de las elecciones, es que se vota al partido, no al candidato. Y en muchos casos ni eso, ya que ¿qué porcentaje de la sociedad habrá leído el programa electoral del partido al que ha votado? Haciendo una pequeña encuestilla callejera el porcentaje rondaría en torno al 15%, siendo muy optimistas. Si ni gana un partido
ni gana una persona, ¿quién gana unas elecciones?, ¿una ideología? ¿Una ideología que se asocia con populares, socialistas o independentistas según más le convenga?
No voy a decir con esto que no haya un claro vencedor en estas elecciones, el Partido Popular, la mayoría absoluta lo acredita. Lo que quiero decir, es que no las ha ganado Mariano Rajoy, entendiendo éste por el otro hombre, que nos suena de verlo en la prensa, al que se puede votar si no estamos contentos con las decisiones tomadas por el partido ahora en el poder. Me niego a creer que la sociedad quiera que este individuo (quien va a ser el presidente menos carismático de toda nuestra historia democrática) nos represente. La sociedad necesitaba un cambio, de eso no hay ninguna duda, pero el cambio ha consistido en pasar el poder de uno a otro de los partidos mayoritarios de nuestro país (algo obvio, evidente y fácil, en mi opinión), no a Mariano Rajoy en su persona.

Me consuela pensar en qué divertido será cuando Mariano tenga que tomar decisiones que otros le manden porque, como se ha demostrado en reiteradas ocasiones, este hombre no tiene capacidad de decisión y mucho menos de liderazgo.

Artículo escrito por: Marina Escudero

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