Incompetencia

Rabia. Es el primer sentimiento que nos surge a todos cuando vemos que las personas que tienen el poder, es decir, los que se supone que representan nuestra forma de ver las cosas y actuar en esta sociedad tan “democrática” no están cualificadas ni preparadas para hacer su labor de la manera más eficiente posible, que es por otra parte su deber al estar remunerados. Es también el primer sentimiento que aparece cuando a nuestro alrededor hay personas que, con creces, están muchísimo más preparadas y que, sin lugar a dudas, harían un espléndido papel. Mucho mejor que la mayoría de los que están arriba elegidos a dedo y que paradójicamente, no se mueve ni uno.
No hablamos ya sólo del ámbito político, del que se podrían sacar innumerables ejemplos. La incompetencia es mucho más global que todo eso, abarca todos los aspectos de nuestra vida y se agudiza generalmente en los puestos que se someten a elección en vez de a oposición, ya que en muchas ocasiones la elección no refleja para nada las habilidades del individuo. Ya sea algo tan banal, como por poner un ejemplo más cercano, ser tutor de esta residencia, pasando por ser jefe de servicio de algún hospital o de alguna empresa importante, hasta cargos importantes como ser ministro. El mundo que nos rodea está plagado de incompetentes que son incapaces de realizar, no digo bien, sino ya de manera aceptable, su función.
Sin embargo, uno de los problemas más graves de esta situación es que la mayoría de las veces ellos desconocen el hecho de que no valen ni están cualificados, lo cual, enmascarándose en su ignorancia, les hace creer que realmente están realizando perfectamente su cometido y que es de esa manera como deben actuar. Lo irónico, y quizá lo que más rabia dé, es que a pesar de todo esto, encima parece que quieren restregárnoslo, aunque repito de manera inconsciente, se vanaglorian de ello, pensando cuando llegan a sus casas en lo mucho que se sacrifican y el bien tan gratificante que están haciendo por nuestra sociedad, “pobrecillos, que harían ellos sin mí”.
Otro asunto, y que nos tenemos que achacar a todos, es que en este país, la gente que realmente está preparada tanto profesionalmente, por llevar una gran y brillante trayectoria académica y laboral, como personal y humana, parece ser que no quiere tener esa responsabilidad y deja esa tarea a alguien que sabe que lo va a hacer peor que él, muchas veces por miedo a fracasar, otras tantas por indiferencia. Aunque tampoco nos podemos olvidar de ese dedo que asigna cargos importantes a quienes lo conocen bien, y que amarga y hunde en un sentimiento, mezcla entre rabia e injusticia, a aquellos que de verdad quieren asumir esa responsabilidad y son los más idóneos para ella. En conclusión, ya sea por el hecho de que los que de verdad valen no quieren o porque aunque quieran suma más puntos el hecho de tener buenas relaciones que el tener una serie de méritos, muchos de los cargos y empleos de relevancia son llevados por gente que a la hora de la verdad no demuestran las habilidades que se les suponen. Esto es algo que en nuestra humilde opinión tenemos obligación de cambiar, ya que es un problema que nos incumbe a todos y que, en mayor o menor medida, nos acabará afectando.

Artículo escrito por: Adrián Peral, Dani Díez & Carlos Minguito

Dejar un comentario