¿Democracia real?

En estos últimos tiempos se ha hablado mucho de establecer una “Democracia Real” en España, refiriéndose a conseguir un sistema electoral más proporcional y una forma de gobierno más interactiva con el pueblo. Pero, ¿realmente hay alguna opción real de conseguir esto a corto o largo plazo?
Como ya expuse en un casillero del Nº 45, el sistema electoral español es evidentemente injusto y desproporcionado, y cada vez más gente se da cuenta de ello. El sistema electoral español para la elección del congreso está regido por el artículo 68 de la Constitución. Y regulado por ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General, la cual establece en su artículo 162 y 163 una serie de directrices. A continuación expongo unos extractos.

Artículo 68
1. El Congreso se compone de un mínimo de 300 y de un máximo de 400 diputados, elegidos por sufragio universal, libre, igual, directo y secreto, en los términos que establezca la ley.
2. La circunscripción electoral es la provincia. Las poblaciones de Ceuta y Melilla estarán representadas cada una de ellas por un diputado. La ley distribuirá el número total de diputados, asignando una representación mínima inicial a cada circunscripción, y distribuyendo los demás en proporción a la población.
3. La elección se verificará en cada circunscripción atendiendo a criterios de representación proporcional.
4. El Congreso es elegido por cuatro años. El mandato de los diputados termina cuatro años después de su elección o el día de la disolución de la Cámara.
5. Son electores y elegibles todos los españoles que estén en pleno uso de sus derechos políticos. La ley reconocerá y el Estado facilitará el ejercicio del derecho de sufragio a los españoles que se encuentren fuera del territorio de España.

Artículo 162
1. El Congreso está formado por 350 diputados.
2. A cada provincia le corresponde un mínimo inicial de dos diputados. Las poblaciones de Ceuta y Melilla están representadas cada una de ellas por un diputado.
3. Los doscientos cuarenta y ocho diputados restantes se distribuyen entre las provincias en proporción a su población de derecho.

Artículo 163
1.a. No se tienen en cuenta aquellas candidaturas que no hubieran obtenido, al menos, el 3% de los votos válidos emitidos en la circunscripción.
1.b-c. Los representantes se asignarán a las listas restantes en función del sistema D´Hont.

Como podéis ver, el cambiar a un método de reparto más proporcional como el de Saint Langue solo requeriría una modificación de la LOREG. Pero, como me he hartado de decir, el sistema D`Hont no es el principal enemigo de la proporcionalidad de nuestro sistema electoral, sino las circunscripciones provinciales (68.2), y para modificar estas habría que modificar la Constitución. ¿Y qué más da? Pues que mientras que para modificar una ley orgánica “solo” hace falta  que se vote con mayoría absoluta en el congreso, para modificar un artículo de la Constitución se necesita el apoyo de 3/5 de los representantes de ambas cámaras (o de 2/3 en el congreso en el caso de que en el senado solo haya sido aprobada con mayoría absoluta).
Algunos pensarán: bueno, no es tan difícil conseguir el apoyo de 3/5 del congreso, se logró muy fácil y rápidamente para aprobar la inclusión de la estabilidad presupuestaria en 2011. Pero no hay que equivocarse, esto se hizo para calmar a los mercados, que en los últimos tiempos parecen los que verdaderamente eligen los gobiernos.
Una reforma del sistema electoral perjudicaría en mayor o menor medida a PP y PSOE, haciendo que el gobierno lo eligiera realmente quien lo tiene que hacer, el pueblo. No hay que olvidarse que estos dos partidos llevan repartiéndose desde 1982 más del 65% de la cámara.Y en los últimos 10 años en todas las elecciones generales uno de estos dos partidos ha obtenido más del 40% de la representación en el congreso, con lo que la posibilidad de sacar una reforma constitucional sin su apoyo, es imposible. Y aún en ese caso, habría que tener el apoyo unánime del resto de la cámara, y hay que recordar lo beneficiados que salen los partidos nacionalistas de este sistema. Es decir, las posibilidades de que un 60 % de la cámara apruebe una reforma constitucional en base a mejorar la proporcionalidad del sistema electoral son las mismas de que la Arandina en cinco años sea campeón de liga en Primera División.
La única posibilidad factible pasaría por una apuesta firme de uno de los dos partidos mayoritarios por esta reforma. No es descabellada la idea de que lo plantease el PSOE, que se encuentra en caída libre y podría ver en esto un colchón con el que amortiguar el golpe. De hecho, en la última campaña Rubalcaba ya hizo guiños refiriéndose al sistema alemán, pero sin realizar ninguna proposición clara. Pero cómo fiarse de él si terminó el debate a dos bandas (viva la pluralidad de este país) diciendo que en España hay solo dos opciones: ellos o el PP.
Aún así la suma de PSOE, IU y UPyD en la actualidad no llegaría al 60% necesario. La solución pasaría por un aumento progresivo del peso de IU y UPyD pero, con el actual sistema, esto se ve muy difícil, y más a corto plazo.
En definitiva, viendo que el apoyo al PP se mantiene cons-tante desde hace ya una década rondando el 40%, la oposición clara que iban a plantear los nacionalistas, y la falta de credibilidad que me inspira el PSOE a la hora de apoyar una reforma de este tipo (no nos olvidemos de lo bien que le viene el llamado voto útil), las posibilidades de llegar a alcanzar una democra-cia real o proporcional se me antojan imposibles. En cuatro u ocho años la gente se quemará con el PP y votará al PSOE, olvidándose del 15 M y cualquiera de sus reivindicaciones, solo con la intención de que no sigan gobernando los mismos, pero colocando en su sitio a más de lo mismo: Bibianas, Pajines y Pepiños. Pero bueno, aún guardo la esperanza de que ésto no sea así y el PSOE se gane el apoyo de esa masa crítica de izquierdas, no con el fin de ser un medio para que no gobierne el PP, sino con el único objetivo de crear una sociedad más justa.
De todas formas no hay que rendirse. No porque racionalmente parezca imposible ha de serlo, la sociedad es imprevisible, eso es lo bueno que tiene, y quién sabe lo que puede pasar. Quizás en veinte o cuarenta años se consiga, con la inestabilidad política en la que nos encontramos pronosticar lo que va a ocurrir es presuntuoso. Pero una cosa está clara, por muy lejos que esté el destino, si no empezamos a caminar jamás podremos llegar.

Nota:

Mi conocimiento de derecho y leyes es limitado, y aunque he intentado documentarme lo mejor posible en lo que a reformas constitucionales se refiere puedo haber cometido errores y haber sido inexacto o simplista, en todo caso ofrezco mis disculpas y, a ser posible, me encantaría que se me corrigiese.

Artículo escrito por: Rodrigo Núñez

2 comentarios

  1. miguel martinez dice:

    Tan importante o más es la falta de control a los señores diputados. ¿cómo se les puede obligar a dimitir, cuando hacen lo contrario a lo que habían prometido?

  2. Poor little girl. dice:

    Por favor, justifica el texto y estará de 10.

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