¿Es la democracia el mejor sistema de gobierno?

Viendo los últimos resultados electorales en los que, por poner un ejemplo, imputados siguen ganando con mayoría absoluta, uno se pregunta si la democracia es la mejor forma de elegir a los que nos gobiernan.
La democracia nació en la antigua Grecia, donde los ciudadanos votaban en asamblea (Ekklesía) si estaban a favor o en contra de llevar a cabo diferentes medidas. Esta democracia difiere mucho de la que tenemos actualmente, que es meramente representativa. Es decir, mientras que en la antigua Grecia cada ciudadano podía votar lo que quisiese en cada decisión que fuera a tomar el gobierno, en la actualidad nosotros nos vemos obligados a elegir unos representantes que, supuestamente, defenderán nuestros intereses en el congreso.Lo cierto es que en Grecia solo podían ejercer este derecho los ciudadanos varones mayores de 20 años, que eran una parte reducida de la sociedad. Se veían excluidos totalmente las mujeres o los esclavos, con lo que esta supuesta democracia era enormemente injusta (por lo menos en esto sí que hemos mejorado).
Este reducido número de votantes permitía esta democracia directa, pero ahora se nos hace imposible plantearnos el reunirnos, los aproximadamente 35 millones de electores de las últimas generales, en una plaza para discutir. Quizás sirvan de punta de lanza hacia una democracia más directa los avances tecnológicos, que permitirían en un futuro, no demasiado lejano,  realizar consultas a toda la población sin un coste demasiado elevado y en un breve periodo de tiempo.
Uno de los problemas de una democracia representativa es elegir precisamente a esos representantes. En España elegir a la persona que quieres que te represente es imposible. Esto se debe a otra de las grandes virtudes de nuestro sistema electoral: estar formado por listas cerradas y bloqueadas. Es decir, tú realmente tienes que votar a un partido que, no sabiendo muy bien que criterios (bueno, realmente sí, en la mayoría de los casos: amiguismos, devolución de favores, enchufismo, pago de servicios prestados, etc), escoge unas personas. Las cuales van saliendo por orden según dicho partido consiga dos, tres u ocho diputados. Con lo que tú realmente no estás eligiendo a alguien que te represente, sino que eliges a un partido que lo ha hecho por ti. Esto lo que acarrea es que nos gastemos un montón de dinero en sueldos y dietas de gente que, verdaderamente, no es necesaria, ya que al someterse a una doctrina de partido votan todos en bloque. Sin poder premiar después el elector a quien tenga opinión propia, que en la mayoría de los casos acaba siendo apartado por el propio partido.
Y en una democracia así, en la que eliges a un partido y no a una persona, lo lógico sería que este partido cumpliese con su programa. Pero esto no es lo que sucede, el partido que has elegido en base a un programa para que vele por tus intereses después lo incumple reiteradamente con total impunidad. ¿Y esto es representarte?
Otro de los problemas que se le achaca a la democracia representativa es el de si verdaderamente el ciudadano medio está capacitado para saber quién es un buen representante de sus intereses o no. En esta línea, hace poco, el psicólogo David Dunning de la universidad de Cornell, publicó un estudio en el que trataba estos temas. En palabras del propio Dunning: “Las ideas muy inteligentes son difíciles de entender, porque la mayoría de las personas no tienen la sofisticación necesaria para reconocer lo buena que es una idea“. En este sentido realizaron un estudio en el que evaluaron el conocimiento de gramática de algunos estudiantes y, a continuación, les pidieron que evaluaran la gramática de sus compañeros. Se demostró que los alumnos   que peores resultados obtuvieron en la prueba también eran los peores a la hora de evaluar la competencia de sus compañeros. En palabras del propio Dunning: “Cuanto mas ignorante eres, también eres peor juez de las capacidades de los demás“.
En definitiva, lo que nos viene a decir es que la democracia representativa es defectuosa, ya que está presuponiendo unas capacidades o poder crítico que la gente no tiene.
Citando a Winston Churchill: “El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio”.
Pero estos argumentos pueden ser peligrosos. Un ejemplo de ello es la genial escena de la película Lo que queda del día (Remains of the Day). En ella  se encuentran una serie de nazis reunidos con un Lord inglés. Estos, para defender al régimen totalitario de Hitler y despreciar la democracia, realizan una serie de preguntas de índole económica al mayordomo que no puede más que afirmar su propio desconocimiento sobre estos temas.

A nadie se le escapa que la democracia no es la mejor forma de gobierno, y mucho menos con el sistema electoral que te-nemos. Pero reducir el poder de decisión de un país a una masa selecta se me antoja mucho más peligroso que el cederlo al pueblo, por muy incapaz que sea este de discernir lo que es una buena medida de una mala o por muy manipulado que se halle por los medios. Tendría que ser el gobierno el que se preocupase de formar un pueblo que eligiese buenos representantes, pero, viendo lo que gobierna, la mitad se iría a la calle.

“La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás.”

Winston Churchill

3 comentarios

  1. alfa dice:

    Creo que una democracia mas griega con internet hoy en dia es posible.

  2. e ps todavia no lo e leido pero se ve bueno. yo soy original.

  3. David dice:

    Me he encontrado con este articulazo por casualidad.

    Sólo quería felicitarte por este artículo plagado de matices interesantes. Como siempre, muchas de las cosas que ahí se cuentan ya nos llevan mucho tiempo rondando en la cabeza a muchos, pero has anotado unas cuantas cositas que me han ayudado a intentar ordenar un poco el caos que se genera cuando pienso en esto de la democracia y los sistemas de gobierno.

    Me quedo con “Tendría que ser el gobierno el que se preocupase de formar un pueblo que eligiese buenos representantes, pero, viendo lo que gobierna, la mitad se iría a la calle.”. Es un ejemplo clarísimo del bucle en el que nos metemos siempre que intentamos tratar este tema tan chungo. La democracia lleva milenios siendo violada de miles de formas distintas. Más o menos desde que empezó a surgir, con los sofistas y la retórica, la democracia empezó como un juego de “a ver quién convence más sin necesidad de defender la postura correcta”. El debate es una falacia. Cuando todos están convencidos de que su postura es la correcta, hablar de ello sólo sirve para enervarse y para intentar deslegitimar la postura contraria que mantiene tu interlocutor y, si no tienes argumentos, intenta deslegitimar directamente al interlocutor.

    Pero ese es el problema. Siempre volvemos al mismo bucle de siempre: la democracia (hablo de la española) es horrible tal y como está planteada. Pero los otros sistemas de gobierno son mucho más feos o, por lo menos, tienen menos vergüenza a la hora de sacar a relucir sus mierdas. Pero, ¿por qué no vamos un paso más allá? ¿Por qué no planteamos alternativas a esa democracia de mierda que nos toca tragarnos? Las últimas tecnologías permiten más participación, sí. Pero recordad que el libro más vendido del año pasado fue Las 50 sombras de Grey, la canción más valorada fue el Gangman Stile (o como se escriba)… la solución no está ahí, está en algo más profundo que la simple participación completa a todas horas por parte de todo el electorado.

    Pero sacar nada en claro nunca. ¿Por qué? Pues porque cada humano tiene la cabeza lo suficientemente bien metida dentro de su propio culo como para aceptar propuestas de cualquier otro que no sea de su mismo color ideológico, equipo de futbol o vista igual que él. Así que tenemos la democracia que nos merecemos.

    Y ya paro. Que esto no sirve de nada y yo sólo quería felicitarte por este excelente artículo.

    Mi solución: que seamos gobernados por robots que hayan sido programados por otros robots que hayan sido programados por otros robots… Así evitaremos un poco que la mano del hombre tenga algo que ver en el gobierno.

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