Cataluña, tierra de incomprendidos

Aunque a primera vista podáis pensar que este artículo va a girar en torno a una defensa de Cataluña y de los catalanes, pronto intuiréis que no van por ahí los tiros. Cataluña es una de las zonas más desarrolladas de nuestro país, y uno de los nudos empresariales más importantes dentro de nuestras fronteras. Aglutina a muchas de las empresas más importantes y dinámicas de los diferentes sectores de la  economía, y a lo largo de la historia, la burguesía catalana siempre se ha caracterizado por su audacia, capacidad de trabajo y aciertos empresariales, conformando muchas de las empresas familiares más importantes de nuestro país (Mango, Planeta, Freixenet…)
Paralelamente, la sociedad catalana siempre se ha caracterizado por su elevado nivel cultural, su madurez intelectual y su adaptación a las nuevas tendencias. Sin ir más lejos, la mayoría de los extranjeros reconocen como principal ciudad española a Barcelona, por delante de otras ciudades como Madrid, Sevilla o Valencia. Por otra parte goza (no sabemos hasta cuándo durará) de las mayores coberturas sociales ofrecidas en el conjunto de nuestras comunidades, ya sean de tipo sanitario, educativa o de asistencia social.
Por todo ello, Cataluña se ha erigido siempre como un modelo de desarrollo económico y social adaptado a los tiempos, y respetuoso con los principales valores democráticos, relacionados con la búsqueda de la libertad en todas sus acepciones: individual, de pensamiento, de expresión, etc.
El problema ha llegado cuando los sentimientos más nacionalistas de Cataluña se han hecho hueco en el interior de muchos de sus ciudadanos. A lo largo de los últimos años, desde las diferentes esferas de la sociedad, ya sea la política, la mediática o la empresarial, se ha venido predicando la idea de que Cataluña estaba siendo maltratada y vilipendiada por el Estado español, a base de robarles parte de su riqueza para favorecer a ciudadanos de otras zonas de nuestro país. Creen que se encuentran sometidos a las exigencias del Gobierno central, ya sea en materia impositiva, como también en materia legislativa (recordemos el fallo del Tribunal Constitucional sobre algunos puntos del Estatuto Catalán), y están surgiendo cada vez más voces que piden la independencia de Cataluña del Reino de España. Es correcto precisar que Cataluña es un “donante” neto de fondos a la caja del Estado, pero también hay que recordar otros aspectos que se les olvidan muchas veces a los catalanes más nacionalistas cuando reivindican su independencia de nuestro país. La primera y más importante, es que la mayoría de los bienes y servicios producidos en Cataluña tienen como destinatarios finales a Andaluces, Extremeños o Murcianos, es decir, al resto de españoles. Por tanto, habría que preguntarles a señores como Jordi Pujol o Carod Rovira si también verían con buenos ojos que tras independizarse, el resto de los españolitos dejásemos de comprarles sus productos. Igual no tenían tanto énfasis en resaltar la soberanía de Cataluña si se diesen cuenta de que parte de su desarrollo económico, ha sido posible por la colocación de todas sus manufacturas en el resto del territorio español, o por el trabajo de infinidad de “inmigrantes” (gente llegada del resto de España), que han trabajado duro en el desempeño de sus funciones en fábricas o industrias ubicadas en las localidades catalanas. .
La reflexión última que quiero dejar es la siguiente: Cataluña ha colaborado al desarrollo del conjunto de nuestro país de manera importante, pero no es menos cierto que gran parte de ese éxito catalán no se explicaría si los caminos de los catalanes se hubiesen separado de los del resto de los españoles. Por tanto me quedo con un refrán que dice: “Mejor lo viejo conocido, que lo nuevo por conocer”.

Artículo escrito por: David San Bruno


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