El efecto kulechov

En esta edición de la revista protagonizada por los premios Oscar y el cine actual, aprovecho la coyuntura  para hablar del montaje ideológico. ¿Qué es esto del montaje ideológico? Se remonta al cine soviético de los años 20. Hasta entonces, el cine había utilizado un tipo de montaje analítico en el cual las escenas se montaban siguiendo una línea lógica en el tiempo y en el espacio, con el fin de contar una serie de sucesos. Fue  gracias a Serguei M.Eisenstein (también Lev Kulechov y Pudovkin, entre otros) que se empezó a utilizar este tipo de montaje en el cual la yuxtaposición de escenas no buscaba una lógica temporal o de lugar, sino conceptual: se empezó a utilizar el montaje para expresar emociones e ideas. Estos cineastas desarrollaron los famosos “films sin película” hechos simplemente con fotos fijas y que servían para demostrar el tremendo poder del montaje y el uso de las imágenes, puesto que en aquel momento el cine era mudo.
Se buscaba mucho la simbología, por ejemplo, vemos una multitud, el pueblo, y por otro lado el ejército listo para reprimirlos, entonces pasamos a una imagen de una vaca siendo sacrificada en un frigorífico, ¿qué representa esto? Un baño de sangre y todo sin mostrar un solo muerto, un solo cadáver, pero   creando un impacto aún más fuerte, casi al borde del rechazo.
En las películas de Eisenstein, hay una fuerte carga psicológica. Gracias al empalme de dos tomas, obtenía un resultado emocionalmente diferente al que obtendríamos si ana lizamos cada toma aisladamente.
Eisenstein utilizó esto con fines propagandísticos, ya que se dio cuenta de que la cinematografía en aquel momento era un poderosísimo medio de propaganda masiva (y lo sigue siendo). Incluso en la Guerra Civil (1917 – 1921) se llegó al límite de llevar proyectores al frente de guerra para filmar a los soldados y mostrarles las películas con el fin de levantarles la moral.
En esta misma línea, Lev Kulechov realizó su famoso   experimento: “El efecto Kulechov”.
Kulechov comprendió que el cerebro no percibe imágenes aisladas y que, de la misma forma que leemos palabras completas y no letra a letra, nuestro cerebro combina las imágenes que vemos yuxtapuestas para crear una sensación conjunta. Y así realizó su experimento de montaje cinematográfico. Creó tres escenas que proyectó ante tres públicos diferentes: la primera escena consistía en un plano de un plato de sopa, y después un primer plano del actor Ivan Mozzhukhin. El primer público aclamó la capacidad de Mozzhukhin para mostrar hambre. La segunda escena era una niña en un féretro, y a continuación un primer plano del mismo actor. La segunda audiencia alabó el trabajo de Mozzhukhin expresando tristeza. La tercera secuencia consistía en una moza en un diván y el primer plano del actor. Y esta vez el público dijo que Mozzhukhin era un genio expresando cariño (u otras cosas). Lo que ninguna de las audiencias sabía era que el primer plano de Mozzhukhin era el mismo en los tres casos y que en sí mismo era bastante inexpresivo y neutro. Nuestro cerebro no capta imagen por imagen, sino que realiza una mezcla de los mismos de forma que se difuminan los sentimientos producidos por una imagen y por la siguiente.
Leyendo esto, parece que el famoso refrán: “una imagen vale más que mil palabras”,  estos cineastas soviéticos lo tenían muy presente.

Artículo escrito por: David Galende

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