El fútbol como vertebrador social

El fútbol es el deporte dominante en la mayoría de los paí-ses europeos desde hace muchos años por importancia, seguimiento mediático y repercusión social. La mayoría de la población tiene conocimientos, aunque sean débiles, de su funcionamiento y de las competiciones más representativas, como puede ser la Champions, el Mundial o la Eurocopa.
Está claro que en cada país la competición o competiciones se organizan de diferentes maneras, y agrupan a equipos de diversa índole, pero también existen características más allá de lo meramente futbolístico coincidentes en la mayoría de las naciones. Los aficionados apoyan a un equipo por sentimiento, valores o simplemente herencia familiar. Se reúnen a ver a su equipo bien en el estadio (los más afortunados), bien en un bar, o simplemente en el domicilio de algún allegado. Durante los encuentros debaten ideas acerca de los jugadores, de los equipos y del siempre vilipendiado árbitro.Pero la esencia de este artículo no es describir las situaciones que se producen durante la retransmisión de los partidos de fútbol, sino reflejar la importancia de este deporte en el devenir de las sociedades. La población de estos países no sólo utiliza este deporte como diversión, sino que muchas personas se apoyan en este juego para mantener una serie de relaciones sociales que les acercan a personas ajenas, o simplemente lo utilizan como distracción y taponamiento de situaciones personales desgraciadas como pueden ser el no tener empleo, el haberse separado o el hecho de sufrir una grave enfermedad. Con estos ejemplos podemos ver cómo el fútbol trasciende más allá de lo meramente deportivo. Es conocido por todos cómo personas enfrentadas dentro de un mismo país por ideas o pensamientos se agrupan en un mismo bando a la hora de animar a sus selecciones, o simplemente olvidan rivalidades cuando la pelota se pone en juego.
Un hecho tremendamente significativo se dio durante el Mundial celebrado en México en 1986. En los cuartos de final se enfrentaron Argentina e Inglaterra, rivales crónicos desde años antes por el enfrentamiento en la Guerra de las Malvinas. En ese conflicto Argentina terminó como la nación perdedora, y resultó humi-llada por los ingleses. Pero en ese partido de México 86 en el que Maradona sacó a pasear “la mano de Dios”, los argentinos recuperaron el honor y la alegría que habían perdido años antes, y se erigieron finalmente como campeones del mundo. Estaba claro que el título no era comparable a la pérdida en el conflicto bélico, pero los argentinos, muy sentimentales en cuanto al fútbol se refiere, recuperaron aunque fuese psicológicamente, un poquito de ese vacío nacional.
Ejemplos como ese podemos encontrar muchos y muy variados a lo largo de todo el planeta, que no hacen sino apoyar la idea de que el fútbol es utilizado por las sociedades como auténtico bálsamo ante situaciones adversas producidas en otras actividades de la vida diaria. Por tanto, podemos afirmar que el fútbol necesita a la sociedad y la sociedad necesita al fútbol. Es una situación de reciprocidad que nos alumbra la tremenda importancia de un deporte tan simple y tan admirado por millones de personas.

Artículo escrito por: David San Bruno

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