Papá, ¿para qué sirven los políticos?

Vivimos en una época en la que las verdades absolutas no existen, y en la que la incertidumbre y la duda se han apoderado de la sociedad. Cada día oímos noticias desalentadoras, que nos hacen reflexionar sobre el porqué de lo que está pasando, y sobre quiénes nos han traído hasta esta situación desastrosa.
Una afirmación mayoritaria y sonora que resuena en la calle, tiene como verdugos a los dirigentes políticos. Se habla de temas como sus abultados sueldos, sus privilegios respecto al resto de la población, o sus actos corruptos que indignan a los ciudadanos de a pie. Los políticos, como está recogido en las diferentes Constituciones de los países, son los representantes de los ciudadanos y, por tanto, se encargan de gestionar los bienes públicos en pro de mejorar el bienestar de la sociedad. Hasta aquí nada nuevo.


El enfoque que quiero dar a este artículo es el de una reflexión sobre el por qué de la desafección actual de la ciudadanía hacia la casta política. A lo largo de los últimos años, en los diferentes países democráticos se han sucedido presidentes de diferente color político e ideología. Pero el hecho predominante ha sido que la gestión pública, salvo en honrosas excepciones, se ha caracterizado por la ineficiencia de sus planes, y por el derroche de las diferentes administraciones.
Centrándome en el caso de España, que es el que nos afecta más de cerca, podemos ver cómo todo lo anterior refleja la realidad actual. Los gobernantes no han hecho bien su trabajo, y las administraciones públicas se encuentran en una situación de extrema dificultad. Durante los años en los que la abundancia era la característica principal, los políticos se dedicaron a hacer proyectos faraónicos y que a la postre se ha visto que eran inviables (aeropuertos, palacios de congresos, centros deportivos…). El problema de todo esto es que estos señores que decidían por sus votantes no estaban jugándose su dinero, ni tenían responsabilidad alguna si las medidas fallaban. Gastaban y gastaban sin importar cómo se iba a pagar, y los ciudadanos los volvíamos a elegir para que nos siguieran ilusionando con “humo”, pero del caro.
Todo ello nos lleva a pensar que para transformar la política y la manera de actuar de los políticos sería necesario primeramente reformar nuestra manera de pensar, de actuar y de movilizarnos. Tenemos que ser los ciudadanos los que exijamos una mayor eficiencia en la utilización de los recursos, un mayor rigor en la toma de decisiones, y un mayor control de la actividad de sus señorías. El Senado no sirve para nada: pues pidamos su eliminación. El alcalde de ese pueblo es un corrupto: pues pidamos responsabilidades penales por ello y no lo votemos. El directivo de esa caja de ahorros está colocado a dedo por sus amiguetes políticos: pues exijamos profesionalidad y no dedazos en los órganos gestores de los entes públicos. Bajo mi punto de vista los políticos son muy importantes en el buen funcionamiento de un país, y creo que lo que debemos demandar son dirigentes serios, diligentes y fundamentalmente honestos. Eso se consigue con un mayor control sobre nuestros representantes, y eso exige que estemos activamente reivindicativos con nuestros políticos. Es mejor luchar por un cambio, que limitarse a ponerlos verdes.

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Un comentario

  1. antonio dice:

    Ojala mas gente lo vea asi de claro.

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