Un cable

Un cable USB, eso es con lo que nos encontramos Rodrigo y yo a la vuelta de verano como “restos” del disco duro que tenía la Comisión de Revista. Parece ser que, de nuevo, alguien ha decidido hacer uso y disfrute exclusivo de bienes adquiridos por la Residencia en su casa. Digo “de nuevo” porque el que alguien robe material informático o tecnológico a la residencia no es algo nuevo, sin ir más lejos, hace dos años la CPU de un ordenador nuevo desapareció como por arte de magia del mismo lugar, la sala de Revista, en el primero. No deja de ser curioso que alguien robe un disco duro guardado en un armario, dentro de una habitación cerrada con una cerradura de seguridad Tesa TX80, como las de las habitaciones (un modelo de lo más puntero en cerraduras), que además está detrás de una puerta cuya única apertura es mediante tarjeta de banda magnética (ahora con la UVa).
En cuanto nos dimos cuenta, dimos parte a la dirección de la residencia con la idea de poder detectar qué tarjetas magnéticas habían abierto esa puerta a lo largo del verano, que no podían ser muchas más que quien hubiera entrado y las del servicio de limpieza. Sin embargo, la Secretaría General de la UVa, que era quien debía remitir el listado, hizo oídos sordos a las solicitudes de la dirección y aún esperamos aquí sentados a que lo remitan. Por otra parte, el director y subdirector no mostraban ya mucha esperanza teniendo en cuenta que a ellos mismos les robaron una foto del despacho en pleno Hall de la residencia durante el verano.
Pero “This is Spain”, en nuestra cultura siempre se ha tenido poco aprecio a lo público, al contrario de ser de todos parece no ser de nadie. Siguiendo este argumento acaba pareciendo que es de tontos no aprovecharse del “Papá Estado”, aunque no sea directamente. Sin embargo, más que la pérdida material el robo de ese disco duro supone una pérdida de información al trabajo de la comisión a lo largo de los últimos siete años, porque aunque afortunadamente de muchos datos había copia de seguridad, no podemos estar seguros de tener todos.
Como reflexión final, las pruebas indican que el hurtador tiene que ser algún funcionario de la Universidad con acceso a las llaves porque o es eso o fueron los tutores del año pasado, de los cuales estoy seguro que no harían algo así pues entienden más que nadie lo que supone la pérdida de datos de la comisión fruto del trabajo de otros como ellos.
Por último, señalar al ladrón que para la próxima recuerde coger el cable porque, aunque siguen el estándar USB, seguro que le es un lio en su casa tener que andar cambiando el cable entre sus discos duros, y a nosotros no nos sirve ni de pisapapeles, pesa demasiado poco.

Artículo escrito por: Alejandro Sánchez

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