Haters gonna hate

lorenzo piscinaEl deporte vive de sus ídolos: deportistas excepcionales que alcanzan una fama acorde a su grandeza, a los que los niños quieren parecerse y de cuyos éxitos inevitablemente nos alegramos, sin importarnos su nacionalidad (bueno, según el caso). Pero sería muy aburrido si en la película solo hubiese buenos. Los villanos son igualmente necesarios. Si bien su nivel deportivo es indiscutible, algunos deportistas son repudiados por los aficionados por diferentes razones, principalmente por su arrogancia, chulería, falta de compañerismo o por desatender a medios de comunicación y aficionados. Veamos algunos de los ejemplos más significativos:
Jorge Lorenzo: el piloto mallorquín comenzó su mala fama tras una serie de piques con su eterno rival, Dani Pedrosa. Enemistarse con el que en ese momento era el mejor motorista español le hizo perder muchos fans. Cuando llegó a Moto GP, su actitud cambió radicalmente, pero se pasó de la raya: celebraciones de victorias muy elaboradas (plagiando a Rossi), responder a los periodistas en plural (“hemos corrido…”), etc. Cuando este año se proclamó campeón de la categoría reina por segunda vez, pocos medios de comunicación le reservaron las primeras líneas, lo cual veo poco probable en el caso de que el campeón hubiese sido su archienemigo Pedrosa.
LeBron James: llegar a la NBA autoproclamándose “el elegido”, en una liga sedienta de un nuevo icono tras el irremplazable Jordan, le reportó reacciones enfrentadas en los aficionados: o se ilusionaron ante la expectativa de estar ante el nuevo rey del baloncesto o se enfadaron por la osadía de un chico de 18 años que aún no había demostrado nada. Diez años después, James ya ha ganado un anillo y demostrado que es el mejor baloncestista de la actualidad, pero para llegar a ello ha tenido que aguantar críticas que no tuvieron que soportar otras estrellas del deporte de la canasta. Fue tachado de perdedor tras cada eliminación de play-offs (si bien ha ganado su primer campeonato a una edad razonable) y criticado cuando se cambió de equipo, siempre por la misma razón: Jordan no lo hizo. El tiempo dirá cuál es su techo.
Zlatan Ibrahimovic: pese a que es uno de los mejores futbolistas del mundo, allá por donde pasa no deja buen recuerdo extradeportivo. La hinchada del Inter no le perdonará haber acabado jugando para su eterno rival, el Milán… cuya hinchada no duda en tacharle de pesetero, ya que abandonó el equipo seducido por los petrodólares del PSG, que le convirtieron en uno de los diez jugadores mejor pagados. En su anterior equipo, el Barcelona, la afición le acabó repudiando por su enfrentamiento con el entrenador, Guardiola, al que criticó abiertamente (le llamó “filósofo” y le despreció en comparación con Mourinho) cuando abandonó el club por la puerta de atrás… Y eso que el día de su presentación besó el escudo de la camiseta.
Estos son sólo tres ejemplos significativos, pero la lista sería interminable (Charles Barkley, Cristiano Ronaldo, Lewis Hamilton…). No hay héroes sin villanos. Hay tantas ganas de ver al ídolo ganar un partido como de contemplar al odiado hincando la rodilla. Depende del morbo de cada uno.

 

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