El futuro del rap en España

batallas de gallosNo me parece descabellado decir que, en nuestra adolescencia, era bastante fácil acercarse al rap. La década del 2000 supuso (en mi opinión) la edad de oro del hip-hop en España, con una amplísima variedad de grupos y una calidad general de la que ahora se está lejos. Recuerdo con nostalgia el primer disco que tuve, del entonces conocido como Nach Scratch, y ni que decir tiene que nunca había oído nada igual: mezclar música con rimas de temática actual y crítica social. Me enamoró totalmente, desde entonces hasta ahora. Pero no sólo estaba “el ingeniero”: SFDK, Arma Blanca, El Chojin, ZPU, Falsalarma, Leyenda Urbana, Lom-C, Rapsuskley y Violadores del verso en menor medida se agolpaban en mi mp3, sacando discos con un margen no superior a dos años. Cantidad y muchísima calidad.


Pero a partir de 2009, cambio radical. Prácticamente todos los raperos que he mencionado han sacado un disco desde entonces (algunos ni eso), pero la verdad que si hay que utilizar una palabra para resumirlos a todos esa es “decepción”. Casi todos se han centrado más en la base que en la letra, error garrafal. Es cierto que han salido nuevos raperos de un nivel aceptable, como Tote King y Rayden, pero sinceramente el primero no le llega a la suela de los zapatos a Zatu, líder de SFDK, y el segundo se ha limitado a hacer canciones hiperalegres que han tenido gran aceptación entre el público (quinceañeras on fire) pero que poco tiene que ver con el estilo hip-hop.
En la actualidad, Duo Kie es el único grupo que ha crecido en estos años. La fórmula de su éxito es bien sencilla: bases directas, rápidas y pegadizas unidas a unas letras que mezclan la sátira social y la fanfarronería. Es un estilo en el que no tienen competencia y se desenvuelven como peces en el agua. En abril sale su nuevo disco Inferno, en el que espero que la cosa no decaiga porque, personalmente, creo que sería un varapalo durísimo para el rap. De momento, han adelantado la canción “Charlie Sheen”… y es una brutalidad.
Nuestras clases del instituto estaban llenas de raperos, de gente con ropa ancha, y eso no era simplemente una cuestión de moda, era afinidad a un estilo cultural. No sé a ciencia cierta cómo está el panorama actualmente, pero si hay menos gente interesada en la música rap no es porque se haya pasado la moda, sino al revés. Sobre los raperos consagrados recae la responsabilidad de no dejar morir este género tal y como lo conocemos. Las batallas de gallos han dejado muy atrás sus mejores momentos, y aunque no salga en los telediarios es una pena que esta forma de arte urbano se esté empezando a perder.
En Estados Unidos, los raperos han salido del hoyo de la forma más fácil y opuesta al rap posible: tirar por la rama de lo comercial. Colaboraciones con canciones pop con cantantes como Rihanna que mezclan vomitivamente una canción de la radio con un estribillo hip-hop. Qué lejos queda el Eminem de la película autobiográfica 8 millas…
En síntesis, como un día vaya conduciendo tranquilamente y suene en los 40 principales el nuevo tema de “Maldita Nerea feat Nach” mi cara de Yao Ming será épica. Como dice ZPU, espero que los raperos “prefieran ver el fin de pie que vivir de rodillas”.

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