Blas de Lezo, o porqué cada vez creo más que este país es extraordinario

Batalla Naval España es un país excepcional, capaz de las gestas más asombrosas y de algunos de los fracasos más insólitos que podamos imaginar. Esta vez quiero contaros la proeza de –en palabras de Pérez-Reverte- “uno de los diez españoles más importantes de la Historia” a la altura del Gran Capitán, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Carlos V, Fernando Álvarez de Toledo o el Duque de Alba. Sin embargo, muchos de vosotros no lo conoceréis, otros igual creeréis haber oído su nombre en algún sitio y sólo algunos alfonsinos extraordinarios conoceréis su más grande hazaña.
Blas de Lezo y y Olavarrieta, nacido en 1689 en Pasajes (Guipúzcoa), es el marino más valiente e importante de toda nuestra Historia, conocido por el sobrenombre de Almirante Patapalo o Mediohombre.
Su carrera militar empezó en 1704, siendo todavía un adolescente. En aquellos años, en España se sucedía una guerra entre la dinastía de los Austrias y los Borbones por conseguir la corona tras la muerte sin descendencia del rey Carlos II. Blas de Lezo, que había estudiado en Francia cuando ésta era aliada de España en la Guerra de Sucesión, tenía 15 años cuando se enroló de guardiamarina al servicio de la escuadra francesa al mando del conde de Toulouse.
Ese mismo año, en la guerra de Sucesión frente a Vélez-Málaga, una bala de cañón le destroza la pierna izquierda, lo que queda de ella se le amputa sin anestesia. Cuentan las crónicas que Lezo no profirió un lamento durante la operación. Debido al valor demostrado tanto en aquel trance como en el propio combate, es ascendido en 1704 a Alférez de Bajel de Alto Bordo por Luis XIV.
En 1706 rompe el cerco sobre Barcelona disparando material incendiario sobre los buques ingleses. Poco después, en la Defensa de Tolon (Francia) una esquirla de metralla le revienta el ojo izquierdo.Armas españolas de Felipe V, desde la salida del Sol hasta el Ocaso
En 1710 y al mando de una fragata, apresó 11 naviós británicos, entre ellos el Stanhope que le triplicaba en furezas.
Finalmente, cuando tenía 26 años, el destino volvió a ser esquivo con este marino. La Guerra de Sucesión había prácticamente finalizado en julio de 1713 con la firma de la paz con Gran Bretaña, pero Cataluña seguía en armas por los partidarios de la casa de Austria. Blas de Lezo participó en varios combates y bombardeos a la plaza de Barcelona. En uno de ellos, el 11 de septiembre de 1714, se acercó demasiado a las defensas enemigas y recibió un balazo de mosquete en el antebrazo derecho que le rompió varios tendones y le dejó manco para toda su vida.
Una magnífica frase adjudicada a él le define perfectamente: “Me gusta saber que dejo una parte de mí mismo en cada campo de batalla a cambio de un poco de gloria”.
Con tan solo 25 años Blas de Lezo ya era tuerto, manco y cojo, pero seguía luchando.
Durante años limpió de corsarios los mares del sur, los piratas huían al saber se acercaba con sus hombres.
En una de sus incursiones en Europa recuperó 2 millones de pesos pertenecientes a España que se hallaban en la República de Génova y ordenó a los genoveses rendir homenaje a la bandera española bajo amenaza de bombardear la ciudad.
En 1739, los ingleses declararon la Guerra del Asiento a España, conocida popularmente por la “Guerra de la Oreja de Jenkins”. Los británicos planeaban hacerse con el Imperio español en América. [A Jenkins le cortó la oreja el capitán español Julio León Fandiño en 1731, pues estaba traficando en las aguas caribeñas españolas. Fue uno de los desencadenantes de esta guerra al enunciar una popular frase “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”].
Seguimos con la historia de Blas de Lezo que me voy por las ramas. Para los británicos, uno de sus objetivos era Cartagena de Indias (actualmente en Colombia), principal puerto español de entrada en la América española, defendida en esos momentos por un tal Blas de Lezo.
El 13 de marzo de 1741 avanza sobre Cartagena una armada inglesa compuesta de 186 barcos, 23.600 hombres y 3.000 piezas de artillería, apoyados además por 4.000 milicianos de los Estados Unidos, mandados éstos por Lawrence, hermanastro del Presidente Washington. La Armada inglesa era la mayor flota del mundo en ese momento, la mayor que había existido desde la Armada Invencible española. Además, fue el mayor ataque anfibio de la Historia hasta que tuvo lugar el Desembarco de Normandía en 1944, casi 200 años después.
Blas de Lezo contaba únicamente con 2300 soldados del ejército español, 600 indios arqueros, 990 piezas artilladas y 6 buques de guerra.
La batalla comenzó en el mar. Tras comprobar que no podían acceder a la bahía, los ingleses comenzaron un bombardeo incesante contra los fuertes del puerto. Blas de Lezo apoyaba a los defensores con la artillería de sus navíos, que había colocado lo suficientemente cerca. Usaba bolas encadenadas, entre otras artimañas, para inutilizar los barcos ingleses.
Tras acabar con varias baterías de cañones, el Almirate Vernon se dispuso a desembarcar algunos de sus hombres, que lograron tomar posiciones en tierra.

El inglés se dispuso a cañonear la fortaleza de San Luis de Bocachica día y noche durante dieciséis días. El bombardeo fue masivo, la fortaleza de San Luis cayó tras haber recibido 6.068 bombas y 18.000 cañonazos, y los españoles tuvieron que abandonar en los días sucesivos los fuertes de San José y Santa Cruz.
El ímpetu del ataque obligó al insigne español a tomar una decisión dura: Lezo incendió sus buques para obstruir el canal navegable de Bocachica, aunque el Galicia no prendió fuego a tiempo. Sin embargo, logró retrasar el avance inglés de forma considerable. Blas de Lezo decidió dar la orden de replegarse ante la superioridad ofensiva y la cantidad de bajas españolas.
A su vez, en Bocagrande se siguió la misma táctica y se hundieron los dos únicos navíos que quedaban (el Dragón y el Conquistador) para dificultar la entrada del enemigo. El sacrificio resultó en vano, pues los ingleses remolcaron el casco de uno de ellos antes de que se hundiera para restablecer el paso y desembarcaron. Las posiciones habían sido perdidas y los españoles se defendían en el fuerte de San Sebastián y Manzanillo. Además, como último baluarte, se encontraba el castillo de San Felipe.
Los ingleses habían conseguido acabar con varias fortalezas y asentarse en las bahías de Cartagena de Indias tras pasar los obstáculos puestos por los españoles. Sin duda, sentían la victoria cerca. Vernon entró entonces triunfante en la bahía con su buque Almirante con las banderas desplegadas dando la batalla por ganada. Por ello, seguro de su victoria, mandó un barco británico de vuelta a las Islas para que diera la noticia anticipada de que Cartagena había caído, encargando acuñar monedas conmemorativas en las que apareciese él victorioso recibiendo las llaves de la ciudad de un Blas de Lezo derrotado, arrodillado ante él, algo imposible en la práctica debido al poco juego que tenía su prótesis ortopédica.
La contienda parecía muy favorable para los ingleses. En ese momento, Blas, convencido de que la victoria era posible, trazó un ingenioso plan.
Hizo excavar un foso en torno al castillo para que las escalas inglesas se quedaran cortas al intentar tomarlo. Ordenó cavar una trinchera en zigzag para así evitar que los cañones ingleses se acercasen demasiado, y podría soltarles la temida infantería española cuando reculasen.
Envió a dos de los suyos al cuadro inglés, se fingirían desertores y llevarían a la tropa enemiga hasta un flanco de la muralla, donde serían masacrados sin piedad.
Los soldados británicos fueron cayendo en todas las trampas. Las escalas se demostraron insuficientes, hubieron de abandonarlas y al replegarse les esperaban los infantes españoles en las trincheras.
El descalabro ante el castillo de San Felipe desmoralizó a los ingleses. El engreído Andrew Vernon se había revelado como un incompetente y el pánico se apoderó de las casacas rojas, que huyeron despavoridos tras la última carga española. Incapaz de mantener las posiciones, Vernon ordenó la retirada, tan solo acertó a pronunciar entre dientes “God damn you Lezo”. Para calmar su mala conciencia le envió una última carta: “Hemos decidido retirarnos, pero para volver pronto a esta plaza, después de reforzarnos en Jamaica”.
A lo que Lezo respondió con ironía “para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya una flota mayor, porque esta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres”.
“Llegaron con la misma arrogancia de siempre, y fueron derrotados con los métodos de siempre”.
Cada barco y soldado español hizo frente y derrotó a 10 ingleses.
Ante semejante humillación, los historiadores ingleses ocultaron lo sucedido en Cartagena por orden del rey Jorge II, quien condenó a la horca a todo aquel que mencionara la batalla. Blas de Lezo fue olvidado en España sin saber que había salvado el Imperio y murió sin honores unos meses después. A Vernon sin embargo, le enterraron en la Abadía de Westminster con la falaz leyenda “Sometió a Chagres y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria”.
Se dice que la Historia la escriben los vencedores. Parece que en este caso la escribieron los vencidos pues Blas de Lezo es uno de tantos héroes españoles olvidados, algo propio de esta patria tan acostumbrada a despreciar nuestros logros y tratar con gran reverencia los que provienen del extranjero, especialmente los anglosajones, de lo que el almirante Vernon o el Almirante Nelson son un ejemplo.
Es una verdadera pena, países como Estados Unidos han de crearse héroes porque no los tienen, otros como Inglaterra y Francia ensalzan contiendas como si de la mismísima Batalla de Lepanto se tratara. Aquí, en cambio, abundan y los ignoramos.
Blas de Lezo, héroe de Cartagena, su leyenda aún perdura.

Un comentario

  1. A.Nónimo dice:

    Una buena novela sobre esta temática es “El Paisano de Jamaica”, donde se relatan con bastante detalle los acontecimientos de la guerra por Cartagena de Indias de un modo bastante ameno.

    http://www.amazon.es/El-Paisano-Jamaica-esp%C3%ADa-ebook/dp/B00E9CB9Q4

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