España, tenemos un problema con la música

Hace unos cuantos meses, tuve la oportunidad de viajar a Toronto y pasar un tiempo allí. En apenas unos días, me di cuenta de que en cuanto a cuestión musical, Toronto difiere mucho del modelo español. Mientras que en España llevamos años anclados en la radiofórmula, en una ciudad como Toronto y, por extensión, en un país como Canadá, se da cabida a todo tipo de sonidos. No es solo cuestión de gustos, ya que en seguida observarás que no hay ningún género predominante. Nos podemos encontrar desde sonidos de jazz innovador de grupos como The Lost Fingers, hasta raperos como Chedda Cheese, sin dejarnos de lado la fuerte escena de rock alternativo de grupos como Sam Roberts.
En este ambiente musical tan distendido resulta difícil escuchar de manera repetitiva los mismos temas. En cada lugar que te encuentres, ya sea en una conocida empresa de comida rápida o un garito de ropa vintage, nunca dirás: “vaya, otra vez esta canción”. Seguramente este hecho no podrás experimentarlo por aquí cerca. Y esto es un problema, ya que conocemos a R.E.M. por “Loosing my Religión”, a Oasis por “Wonderwall” y a Blur por “Song 2” (si es que sabes el nombre del grupo de la canción de los Whoohoos). Las típicas cadenas de radio como los 40 principales, M80, Cadena Dial y cada vez más otras como Maxima FM, donde “tiparracos” se forran a base de dar a dos botones, dominan toda la música que entra por tus oídos. No puedes evitarlas, estés donde estés acabarás escuchando el acento latinoamericano postizo de Juan Magán o el machacón último tema de David Guetta. Para referirnos al pop español hablamos de Melendi, para hablar de rock patrio mentamos a Estopa y respecto a la electrónica idolatramos a Carlos Jean. La música de un reducido numero de grupos, pertenecientes en la mayor parte de los casos a grandes multinacionales controla los gustos de las masas. ¿A caso tendrían mayor reconocimiento grupos como The New Raemon, Ellos o Tachenko si tuviesen mayor alcance?
Para tratar de solucionar este problema, regresemos al modelo torontiano. En esta ciudad, la diversidad musical existe gracias a apostar por la propia música. Los conciertos gratis son frecuentes. Todos los viernes de verano, los grupos locales tienen posibilidad de tocar en lugares como Dundas Square. De este modo, bandas tan diferentes como New Country Rehab o Kae Sun, pueden mostrar ante un gran número de personas de qué va su música. Esto hace que la gente empiece a interesarse en ellos y empiecen a conocer otros grupos que se mueven en su mismo entorno. Este es el primer paso en un país que nos ha dado músicos de la talla de Leonard Cohen, Neil Young, Joni Mitchell o Rufus Wainwright. En cambio en España, ¿cual es el primer paso para potenciar la variedad musical? No lo sabemos muy bien. Lo que sí sabemos es que las actuaciones en directo se impiden en multitud de garitos, participar en Eurovisión sale de nuestros bolsillos y las cadenas como Fly Music o los programas como Mapa Sonoro se eliminan de la parrilla televisiva. Ante este panorama, los grandes medios editoriales y las multinacionales discográficas entran en escena sometiéndonos a la tiranía de sus artistas artificiales.
La conclusión que sacamos es que en España no se apuesta por la cultura. En este país se gastan las fuerzas en defen der a ultranza los toros y afirmar que el flamenco es la música típica. Ante esta situación algunos valientes apuestan por propuestas como el crowdfunding para sacar adelante sus proyectos. Sin embargo, el modelo actual hace que estas buenas ideas se conviertan en una utopía.

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