Estudiantes de ayer y hoy

leonesNormalmente, la vida universitaria se contempla como una de las etapas doradas de la juventud. A pesar de las largas horas de estudio que exige puede suponer la obtención de unos resultados gratificantes.
Pero este universo estudiantil no solo es del siglo XXI. La universidad de Valladolid, con una larga tradición histórica, al igual que la de Salamanca o la de Alcalá de Henares, fue una de las más importantes desde finales de la Edad Media, extendiéndose hasta la actualidad. Los estudios que se cursaban desde la Edad Moderna eran Artes, Medicina, Letras y Leyes, ahora bien, de una manera obsoleta y peculiar si la comparamos con la actual. Por ejemplo, en el caso de la Medicina, los estudios y disecciones anatómicos eran escasos y en el diagnóstico de las patologías se recurría frecuentemente a la explicación de la teoría humoral, a conocimientos hipocráticos y galénicos heredados del Medievo. Sin duda, primaba mucho más la formación teórica que la práctica en todas las disciplinas universitarias. El estudio de Letras y Leyes se basaba en el conocimiento de la tradición y en el estudio de las lenguas clásicas y de la instrucción en Derecho Romano.
Si una de las lenguas actuales más extendidas internacionalmente en el ámbito académico es el inglés, entonces era el latín, manteniéndose hasta finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, cuando fue sustituida por el castellano.

Un curso académico se inauguraba el 18 de octubre con la festividad de San Lucas y duraba hasta el mes de junio del año siguiente, finalizando en la festividad de San Juan. Los días lectivos eran reducidos debido a la infinidad de fiestas y conmemoraciones regias, civiles y religiosas, aunque la representación estudiantil era escasa en tales actos. La fiesta más importante era la celebración del patrón de la universidad, San Nicolás, el 6 de diciembre. Pocos pupilos frecuentaban las clases el primer trimestre, muchos aparecían en las mismas por primera vez hacia últimos de noviembre, comenzando así por anticipado la fiesta de San Nicolás, que se celebraba a la semana siguiente. La flexibilidad respecto a los cursos, fechas y plazos era asombrosa.
La llegada de los nuevos estudiantes a la ciudad universitaria suponía acudir a lugares y actividades más atrayentes que la universidad. Las primeras actividades de calle constituían un elemento más de la vida cotidiana estudiantil en las que los novatos tenían vivo protagonismo. Desde el teatro, la caza, los toros y juegos de cartas hasta los espacios y rincones donde encontraban la disputa y el enfrentamiento, acabando no tan bien en algunos casos por su terquedad, imprudencia o desconocimiento. Las relaciones entre estudiantes que se iban formando eran dinámicas, sobre todo los primeros días de curso. Existían una serie de pruebas que a veces podían ser repetitivas y agotadoras, como consecuencia de un proceso de jerarquización entre unos y otros. Los veteranos llamados viejos universitarios daban por finalizadas estas actividades hacia noviembre, con una cena de hermandad compuesta por un número reducido de estudiantes en la que los jóvenes de último acceso convidaban a sus mayores.
Los estudiantes universitarios se alojaban en posadas, hospederías y en los diferentes colegios mayores de las ciudades universitarias. Estos últimos se han mantenido hasta la actualidad, como el Colegio Mayor de Santa Cruz de Valladolid, acogiendo a los universitarios que cursan sus estudios superiores en Valladolid. Además, el Colegio Mayor de Santa Cruz contaba con una biblioteca magnífica, mientras que la Universidad no tenía. El prestigio de los becarios colegiales fue muy importante durante el Antiguo Régimen. La presencia de estos jóvenes en las ciudades universitarias sí que alcanzaba un porcentaje representativo. Pero lo más relevante de todo era la disponibilidad de una jurisdicción particular, es decir, una justicia universitaria independiente de los tribunales civiles. La justicia escolástica (universitaria) eliminaba ese temor de la cárcel habitual. Los presos alegaban la libertad como causa para una necesaria continuación de sus estudios. En realidad, gozar del fuero universitario era un privilegio, reconociendo solamente al Tribunal del Rector.

Por muchos de nosotros es conocida la leyenda de los leones de la plaza de la Universidad de Valladolid, pero menos conocido es el significado de las columnas y el espacio que delimitan. En realidad, son el recuerdo de un espacio protegido, en el que ya no se podía ejercer la justicia ordinaria, sino allí donde recaía la jurisdicción de la Universidad.

En Salamanca, centenaria ciudad universitaria, leyendas y tradiciones perviven, aunque algunas de ellas como anécdotas o graciosas historias. El clamado lunes de aguas, era el momento en el que las prostitutas volvían a la cercanía de los jóvenes universitarios tras su apartada ausencia al otro lado del Tormes durante los tiempos de la Cuaresma. Esta tradición se remonta a los tiempos de Felipe II, en la segunda mitad del siglo XVI cuando el rey, escandalizado por su desvinculación a los placeres terrenales, dictó la separación de las prostitutitas y los estudiantes salmantinos al menos en el periodo de la Cuaresma. Pasada la Pascua, al día siguiente, el lunes de aguas unos y otras volvían a encontrarse. El padre Lucas era el encargado de conducir a las doctoras de la cátedra del placer a su destierro al otro lado del Tormes el miércoles de ceniza y de reconducirlas pasado el tiempo prohibido. Este hombre fue apodado como el padre putas. Hoy en día, la tradición salmantina que recuerda el lunes de aguas es una gran fiesta popular en la que se celebran comidas y meriendas en el campo, la tarde posterior al día de Pascua. No pocos años el lunes aguas es acompañado por la lluvia, por lo que la fiesta homónima y tradicional se queda en el recuerdo de una tradición de estudiantes universitarios.

A modo de conclusión, podemos establecer una relación entre aquellas universidades y las actuales. La universidad sigue siendo especial sobre todo para quienes la integramos. El espíritu joven, creativo, rompedor y dinámico es parecido antes y ahora. La inquietud, la diversión o la ociosidad no solamente son de nuestro tiempo; seguro que mucho antes existía esa misma sensibilidad. Y es que no tiene que ser opuesta la fiesta y el estudio, porque entonces y ahora, hay tiempo para todo.

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