AGE OF EMPIRES

En este artículo voy a hablaros de un videojuego; pero no se trata de un videojuego cualquiera, es el videojuego alfonsino por excelencia, y es que ha habido alguna temporada que a punto hemos estado de que nos patrocinen a unos cuantos.
Empezamos hablando un poco del juego en sí. Age of Empires es una saga de videojuegos, con varias versiones, ediciones y expansiones; de las cuales pudimos disfrutar por primera vez en 1997. Fue desarrollado por Ensemble Estudios y distribuido por Microsoft. Aunque de aquella yo era poco más que un niñito enano y cabezón, tengo algún vídeo familiar con cuatro o cinco años en el que se me ve jugando al “Age” en el PC cuando aún no me llegaban las piernas de la silla al suelo. Personalmente, creo que es uno de los mejores juegos para computadora que ha visto la luz.
El juego trata de pura estrategia en tiempo real. Como jugador, controlaras a una civilización desde sus inicios, y para progresar deberás construir multitud de edificios, recolectar recursos para sustentar tu economía, comerciar y por supuesto crear una armada y en muchas ocasiones una flota para lograr los objetivos de la partida en cuestión. Podrás crear mercados, monasterios, aserraderos, establos, cuarteles, castillos o murallas entre otros y forjar un poderoso ejército con múltiples y diferentes unidades; arqueros, caballería pesada y ligera, armas de asedio, varias unidades de infantería e incluso unidades especiales propias de cada civilización.
Vamos a centrarnos en la versión que se juega en nuestra querida Residencia: Age of Empires II concretamente en la expansión The Conquerors. La segunda versión de Age of Empires está ambientada en la Edad Media, tras la caída del Imperio Romano. Sin la expansión, podemos elegir entre trece diferentes civilizaciones, cada una con sus características tecnológicas, económicas y militares. La expansión, lanzada en el año 2000, incluye cinco nuevas civilizaciones, como son los mayas, aztecas, coreanos, hunos y españoles. (Estos últimos son los indudables favoritos del tutor rubio, que no duda en cogérselos haciendo trampas cuando todos jugamos en aleatorio, ejem, ejem.)
En el Age II, si jugamos de forma individual podemos echar partidas rápidas contra la máquina o jugar el modo historia. Este modo, incluye cinco campañas con una impresionante base histórica, que nos permiten recrear las hazañas de William Wallace, Saladino, Genghis Khan, Juana de Arco y Federico Barbarroja. La expansión añade a éstas las aventuras del Cid Campeador, de Atila el Huno y de Moctezuma. Además de un montón de batallas históricas sin campaña como tal, entre las que se incluyen la Batalla de Lepanto, o el viaje del vikingo Erik el Rojo. En serio, totalmente recomendable.
En el modo multijugador, podrás crear partidas de hasta ocho jugadores y con múltiples formas de ganar: construir una maravilla, coger las cinco reliquias, matar al rey enemigo… Entre nosotros las partidas se juegan en “Modo Conquista”, que básicamente se basa en hacer dos equipos, hacer el ejército más grande que puedas en el menor tiempo posible y barrer del mapa hasta el último aldeano enemigo (también puedes hacer que tus rivales se rindan claro). Dentro de esta mecánica general cada uno tiene su estrategia personal, algunas más sucias que otras; por ejemplo, volviendo a citar a Manu, puedes matarle las ovejas al rival o mandar hordas de caballería ligera barata a matar a todos los aldeanos de la base enemiga (esto es conocido de forma extraoficial como la “husarada”). La verdad es que estas tácticas suelen ser calificadas de “guarras” para arriba, y más de uno se ha retirado de la partida indignado; vemos que tenemos residentes que dominan la estrategia psicológica.
Concluyendo, si nunca has probado el Age y te pica la curiosidad, o si quieres volver a disfrutarlo, hazte con un pincho y busca a alguno por el Alfonso que tenga el juego. Ocupa poco más de medio giga y podrás jugar de forma rápida, sin instalación y con otros residentes; bien conectado con el cable de tu habitación por red interna; o con el router y los cables de la Resi en alguna sala. (Si no hubieran desaparecido…).

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