EXTREMODURO. Para todos los públicos.

Después de todo el verano esperando con las entradas guardadas bajo siete llaves y después de dos semanas más de Resi que de clases, llega el sábado 27 de septiembre, ese día rodeado con un círculo gordo en el calendario. Y se desata la locura. Que dicen que esta noche va a llover, que si vamos a beber o lo dejamos para luego, ¿vamos a llevar algo de cena?, pues yo creo que es mejor ir en deportivas, ponte una camiseta negra y ya está. Y al final con las prisas casi se nos olvidan las entradas en casa.
Y cómo no, había una cola del copón. Pero no importa, porque llevamos ganas suficientes para aguantar esa cola y las que haga falta. Y una vez dentro empiezas a encontrarte conocidos por todas partes, estaba claro, dos besos, disfruta del concierto y a buscar un sitio decente, exactamente igual que las nueve mil personas restantes que había allí, casi nada.
Nueve mil personas de todos los tamaños y edades. Padres, madres, hijos, padres con hijos que nacieron después del sexto disco (seguro que también había algún abuelo), parejas, grupos de amigos… todos con cara de estar cumpliendo un sueño, aunque más de uno presumía de que ya era su tercera vez. El escenario parece un puerto lleno de contenedores, y sin avisar, se apagan las luces y empieza a sonar “Al cantar” de Platero y tú, para ir abriendo boca…
extremoduro_4Y saltan al escenario el Robe, Uoho, Cantera y Miguel Colino con un “Sol de invierno” que calentaba mucho, aunque ya fuese de noche. Y sin cambiar de tema, con un “No me calientes” que me hundo, Robe nos dio la bienvenida con la frase de turno, “Gracias por venir donde alguien os quiere sin que vengáis”, no por ello menos bonita.
Y enseguida se meten de lleno en sus últimos discos, tocando “La vereda de la puerta de atrás”, “Entre interiores”, “Desarraigo”, “Si te vas “(que emocionó a más de uno), “Locura transitoria”, la “Dulce introducción al caos” y “Los cuatro movimientos”, no sin parar entre medias para cantar una canción inédita que espero que podamos volver a oír pronto, “Canta la rana”. Y empieza a llover un poco, pero eso no impide que la gente siga dando botes y cantando a voz en grito cuando nos llenan de recuerdos tocando temas míticos como “Prometeo”, “Jesucristo García”, el “Poema sobrecogido”, “Sucede”, “Mi voluntad”, “Autorretrato”, “Stand-by” (que hizo brillar alguna lágrima con la introducción de piano que hicieron), “Salir”, “Puta”… Y cada vez llueve más fuerte, pero parece que a la gente no le importa, sino al revés, y a ellos cuatro menos, porque el concierto no se suspende, sino que continúa mezclando temas del disco que da nombre a la gira y temas tan viejos que la mitad de la gente apenas se sabe, “Coda flamenca”, “¡Qué borde era mi valle!”, “Ama, ama y ensancha el alma”, “El pájaro azul” y un “Pequeño rock ‘n’ roll” endémico, justo antes de poner fin a un concierto de tres horas, mucha agua y más emoción. Y se fueron sin entretenerse demasiado, dejándonos con un sueño cumplido, y nosotros nos fuimos con el alma más ancha, mientras sonaba “Mari Magdalenas”, otro bonito homenaje a Platero.

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