Hipocresía general

El ébola ha sido el tema principal de conversación de los españoles durante un tiempo. La evolución del virus en la primera persona infectada en España, Teresa Romero, nos hizo estar pendientes día y noche de las noticias. Programas y periódicos se llenaron de una infinidad de argumentos, opiniones y comentarios acerca de cómo pudo ocurrir, de quién fue exactamente la culpa o de cómo acabaría todo aquello.
En cuanto al virus en sí, decir que tiene un alto porcentaje de mortalidad. Además, su período de incubación es de entre 2 y 21 días, y sólo puede asegurarse su aparición mediante pruebas médicas; hecho que provoca la tardanza de la verificación del contagio. Este virus causa fiebre aguda, dolor en los músculos, la cabeza y la garganta, disfunción renal y hepática y hemorragias internas y externas entre otras muchas.
Según comentó Teresa Romero, la infección se produjo cuando la propia auxiliar de enfermería se tocó la cara con los guantes después de atender al paciente Manuel García Viejo, repatriado desde Sierra Leona tras contraer el ébola. Muchos señalan al misionero, metiendo la religión de por medio, como el principal culpable de todo esto. Y en parte tienen razón puesto que si él se hubiera quedado en África, el virus habría hecho lo mismo. Pero, dejando al margen que fuera religioso y teniendo en cuenta que en Sierra Leona no hay el material necesario para combatir el virus, seamos sinceros y admitamos que a todo el mundo nos gustaría volver a España al menos para mantener viva la esperanza de sobrevivir.
Antes de que se introdujese en España, vivíamos ajenos a ello. Muchos ignoraban el virus, algunos leían artículos sobre su existencia en el continente africano, y muy pocos conocían el brote que surgió repentinamente en 2013 y que actualmente se ha cobrado la vida de miles de personas. ¿Conocéis la frase de “ojos que no ven, corazón que no siente”? Pues, más o menos, eso pasaba con el ébola; y digo lo de más o menos porque dudo que ahora que conocemos la existencia del virus, nos preocupemos por las personas todavía infectadas mientras no exista riesgo de que nos afecte directamente. Este virus no es ni más, ni menos mortal de lo que era hace unos meses, eso sí, por entonces era una enfermedad de negros y para qué molestarnos en intentar ayudar, si ellos no son como nosotros, son inferiores.
La recuperación de Teresa fue, sin duda, la noticia que todos los españoles esperábamos, bien fuera por proximidad, por miedo a la propagación del virus, o simplemente porque queríamos que lo superase, sin más. Pero bien, ahora que ya no hay ninguna persona más en el territorio español con este virus, ¿empezaremos a preocuparnos por los millones de africanos que mueren diariamente por el mismo? Me gustaría creer que después de todo lo que ha suscitado el tema del ébola, tomaremos conciencia e intentaremos ayudar a los que lo padecen y no tienen esperanza alguna; pero sé que eso no va a suceder.
En general, vivimos en un mundo basado en la hipocresía. Nos encanta quejarnos por todo y defender lo que nos interesa. Cuando vemos alguna noticia que consideramos de injusticia nos enfadamos y mostramos nuestro desacuerdo. Y eso está muy bien. El problema es que somos defensores del pueblo desde el sofá, gritando e insultando detrás de la televisión o por las redes sociales. Eso sí, a la hora de la verdad nadie hace nada. Nos metemos en nuestra propia burbuja y hacemos oídos sordos a lo que pasa a nuestro alrededor. Si dejásemos de ser tan egoístas y mirásemos un poquito más a los demás, todo iría un poquito mejor, y quién sabe, a lo mejor no habría tantas injusticias.

Un comentario

  1. Candy dice:

    That’s really thinnikg of the highest order

Dejar un comentario