Charlamos sobre novatadas con el Cuerpo Nacional de Policía.

Como cada comienzo de curso, las novatadas son un tema candente que genera intensos debates con posiciones muy enfrentadas. Tanto el Ministerio de Educación como la Universidad de Valladolid lo tienen claro: “No a las novatadas”, y con esa proclama nos han bombardeado durante las primeras semanas de curso, advirtiéndonos de sus consecuencias a nivel de los estudiantes afectados como a nivel sancionador en aquellos que las realizan (es decir, los “veteranos”). En este marco de “lucha” institucional contra las novatadas, recibimos en el Salón de Actos de la residencia la visita de una mujer perteneciente al Cuerpo Nacional de Policía, la cual nos mostró una presentación de diapositivas contrarias a las distintas formas de novatadas que tienen lugar en la Universidad y cómo debemos actuar ante estas situaciones.

Como era de esperar, hablar de novatadas es una residencia universitaria generó un constructivo (e inevitable) debate en el que, finalmente, todos parecimos coincidir en lo fundamental: novatada sí, delitos NO. Y es que, en mi opinión, es un error calificar toda “novatada” como delito y criminalizar una palabra que no tiene por qué conllevar un trato vejatorio de una persona hacia otra basado en una relación desigual de poder. Las novatadas son juegos inofensivos, que no dañan la integridad física y moral de nadie y que no constituyen ningún tipo de presión social ni posterior estigmatización sobre quien se niegue a realizarlos. Mentiría si dijese que nunca he sido testigo de delitos disfrazados de novatadas, pero han sido siempre casos aislados (no por ello los justifico ni digo que tengan que dejar de ser perseguidos). La representante del CNP nos puso varios ejemplos de lo que se consideran novatadas a erradicar, así como las correspondientes sanciones que estas pueden acarrear y que varían en función de la gravedad del delito cometido (recordemos que las “novatadas” no están tipificadas en el Código Penal como un delito). Lo más común son sanciones administrativas de carácter económico, aunque la Universidad puede tomar otras medidas como la expulsión de los alumnos o la apertura de un expediente disciplinario, tal y como hemos visto ocurrir en numerosos casos. Ojalá nunca más fuese necesaria la presencia de la Policía Nacional en residencias o facultades para tratar de formar a los estudiantes en este aspecto. Sin embargo, de momento parece que su presencia irá in crescendo cada año, a medida que la persecución a las novatadas se endurece y estas cada vez generan más rechazo en la sociedad. Aquí estaremos nosotros para escuchar sus recomendaciones, hacerles ver aquello en lo que no estamos de acuerdo (dando nuestro punto de vista como “novatos” y “veteranos”) y tratando de construir una universidad donde nadie se sienta atacado o excluido.

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