Fuego Griego

Los seguidores de Game of Thrones habrán oído hablar sobre el fuego valyrio. Este fuego era un arma incendiaria utilizada por el Imperio bizantino a partir del siglo VI y se le conoce como fuego griego. Los bizantinos lo utilizaban en sus batallas navales debido a su gran eficacia, ya que este fuego no se apaga con agua sino por asfixia, cuando ya no tiene oxigeno con el que alimentarse. Su creación se le atribuye a un refugiado cristiano sirio llamado Calínico, originario de Heliópolis, que llegó a Constantinopla en los días previos al primer gran asedio árabe. Calínico habría aprendido la mezcla en Alejandría.

Romanos, cruzados y árabes trataron de imitar la mezcla, pero solo consiguieron compuestos de menor calidad y con menos poder devastador que el fuego griego. Los compuestos de este fuego se desconocen, debido a su poder, la formula era secreta, cualquiera que la adivinase y no fuera alquimista era asesinado. Los científicos afirman que era una mezcla líquida y estaba compuesta por la nafta (un compuesto del petróleo), que le permitía mantenerse ftotando sobre el agua, el azufre, que genera vapores tóxicos cuando entra en combustión, el nitrato, que permitiría que siguiera
ardiendo bajo el agua al liberar oxígeno, y la cal viva como mecha, debido a que esta en contacto con el agua alcanza temperaturas superiores a los 150ºC. Para lanzar el líquido a sus enemigos, los bizantinos utilizaban granadas de mano. Con el tiempo, se fue adaptando a catapultas y herramientas de asedio siendo utilizado para atemorizar a las tropas defensoras de fortalezas. A mediados de la Edad Media se creó el primer lanzallamas de la historia. Se utilizaba un bastón con forma de garra el cual estaba conectado a un tanque con la sustancia mediante una manguera. Al acercarse las tropas enemigas un sistema manual hacía de bomba y por la garra del bastón salía el fuego. Este fuego no solo ardía sobre el agua, también debajo del agua por lo que era una poderosa arma. Además, este fuego se pegaba a sus víctimas, por lo que morían sin remedio. En las batallas navales su eficacia ocasionaba grandes destrozos materiales y personales, además del pánico que causaba al enemigo por temor a morir ardiendo o la creencia de que el fuego era producido por brujería. Nadie podía soportar a un ataque con fuego griego, bastaba con una flecha impregnada para que el barco y los alrededores se incendiaran.

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