¡Hasta siempre!

Recuerdo que una vez, estando en el colegio, 4º de la ESO me parece que era, un profesor de inglés nos dijo que los años de universidad habían sido los mejores de su vida. En ese momento, ya ves, 16 añitos, pensé que seguro que estaba exagerando. Bueno, pues ahora después de haber estado fuera de casa cinco años, puedo decir con total seguridad que Jesús Javier no exageraba. Estos han sido sin duda los mejores años de mi vida y cuando dentro de muuuchos años mire atrás, recordaré mi etapa universitaria con una gran sonrisa. Claro que no han sido todo buenos momentos y risas pero ya sabéis lo que dicen: no te arrepientas de lo que has hecho sino de lo que te ha quedado por hacer.

Y las cosas malas siempre se acaban olvidando, prevaleciendo las buenas. Como las tardes que he pasado tirada en la habitación con mis amigas, viendo películas o simplemente pasando el rato. Ya sé que lo dice todo el mundo pero es que es la verdad, es un auténtico lujo vivir en una residencia con tantas personas y simplemente llamar a su habitación cuando te estás aburriendo a ver si quieren hacer algo. Eso si vives en un piso no es tan fácil, puedes hacerlo claro, pero en el proceso de quedar, alguien se va a echar atrás, seguro. También recordaré las fiestas, a toda la gente nueva que he conocido, el haber participado en las comisiones de la Residencia, los viajes culturales, etc. Yo que llegué siendo de lo más tímida, al final no me ha ido ni tan mal. Y en esto ha influido mucho el haberme ido de Burgos. Me parece muy necesario y recomiendo salir de casa cuanto antes para espabilar. Veo a la gente que se ha quedado en casa estudiando una carrera sin salir de la ciudad en la que ha vivido toda la vida y me da la sensación como de que se están perdiendo algo, que la mejor manera de disfrutar la universidad es irte y aprender a desenvolverte por tu cuenta sin contar con la ayuda de papá y mamá para todo. Es cierto que al final los alfonsinos parecemos una secta, todo el día juntos. Me lo decía la gente de la carrera: “joe es que al final pasas todo el rato con los de tu Resi, ¿no te aburres de ellos?”. Pues no. Y este sentimiento si no eres Alfonsino no lo puedes entender. Me alegro de haber formado parte de esta “secta”. Y el último año siendo tutora. Me parecía que era una etapa por la que tenía que pasar antes de irme, dejar algo de mí, una pequeñita contribución al Alfonso. Es verdad que en realidad no sabes cómo funciona la Residencia hasta que no coges una Comisión y le dedicas parte de tu tiempo a sacarla adelante. Y ninguna es mejor ejemplo de eso como lo es la Revista. Noches y noches en la sala del primero, sin calefacción en los meses de invierno, maquetando con los guantes puestos, y echándole horas aun cuando lo que más te apetece es dormir, para que al final todo el mundo pueda expresarse y dejar un poquito de sus pensamientos, opiniones e intereses para que el resto de residentes las lean. Puede que no sea la Comisión más entretenida pero sin duda, si tuviera que elegir de nuevo, la volvería a coger. Además, yo creo que hemos hecho un buen trabajo para ser dos novatos totales. Algún fallo que otro hemos tenido pero, al menos este año, Revista no se ha hundido; que yo creo que es el temor de todos los tutores, liarla en su Comisión de forma irreparable. Bueno no os aburro más. Resumiendo, muchas gracias a todos los que he conocido, me llevo muchos recuerdos de esta etapa de mi vida y espero que la que viene ahora a continuación, sea cual sea y donde sea, vaya a mejor, si es posible. ¡Hasta siempre Alfonso!

Dejar un comentario