Impresoras 3D

Tradicionalmente para la fabricación de cualquier producto se partía de una pieza del descarga (17)material requerido (madera, metal, piedra, etc.) más grande que el objeto a elaborar y se iban retirando capas hasta obtener la forma deseada. Ahora este método tiene una alternativa: La fabricación aditiva, que consiste precisamente en lo contrario, a partir de partículas sueltas de material (resinas, plásticos, chocolate,…), ya sea líquido o en polvo, se construye un objeto en 3D siguiendo una plantilla digital. Ahí precisamente estriba el ingenio de este invento, en poder sintetizar un objeto de cualquier tipo o material, comestible o no, pequeño o gigante,…; y todo esto a partir de un modelo generado con un ordenador y elaborado por una máquina a partir de un cartucho de masa madre del material.

 Y esto es un hecho, ya que se puede construir cualquier cosa que se pueda pensar, desde un juguete hasta un edificio o un puente, pasando por comida como tartas o pasta. Este reciente invento va ganando terreno a pasos agigantados e incluso ya se comercializan en cualquier tienda de informática (Media Markt). Eso sí, modelos de escala reducida y para crear figuritas estáticas; pero con toda seguridad, en pocos años, podremos disfrutar de “comida impresa” o de cualquier cosa que pensemos en ese momento. Las impresoras 3D trabajan a través de un ordenador, en el que se diseña el modelo a construir por diferentes métodos como el modelado digital o el escaneado de la realidad. Una vez creado el modelo 3D, hay dos formas de proceder. La más cono
cida y comercial es con ayuda de un programa específico: se secciona el modelo en muchas láminas horizontales, cuya superposición en altura da lugar al objeto real; así de simple. Lo único de novedoso que tienen estas impresoras es que van superponiendo varias impresiones 2D una sobre otra para alcanzar un volumen, para ello se utiliza un material que solidifique al enfriar (polímeros, chocolate…). La otra forma, sería por inyección; se colocan sucesivas capas de polvo, unas sobre otras, fijando únicamente la zona deseada, de este modo, al finalizar el proceso y retirar el polvo sobrante, se obtiene el objeto deseado. En cuanto a las aplicaciones, hasta ahora se limitaban a un uso destinado a crear modelos de ensayo para ingeniería o diseño. Ahora ya se pueden crear multitud de objetos cotidianos como sillas, lámparas, mesas,… pero incluso se ha construido algún puente y algún edificio a partir descarga (18)de piezas prefabricadas con este método y ya se empieza a especular con la posibilidad de imprimirlos “in situ” con unas máquinas de gran formato. No finalizan ahí sus posibilidades, también se abre hueco en otras disciplinas como la ortopedia o la moda, entre las que hay un gran acogimiento porque es el producto el que se adapta a la persona y no a la inversa. Sin duda una de las que más se han dado a conocer en la actualidad es la posibilidad de crear un “Mini-yo”, en tiendas especializadas, las encontramos en casi cualquier lugar, incluso en Valladolid hay una. Te realizan un escaneo digital y te imprimen y colorean, obteniendo una figurilla idéntica a ti. En el futuro, se prevén, las bio-impresoras capaces de crear órganos para realizar trasplantes a humanos a partir de células madre. Por ahora lo único que frena la expansión de las impresoras 3D es su precio, que puede oscilar entre los 500€ de los modelos más incipientes hasta los 25000€ de los más sofisticados. Esperemos que su coste siga bajando para que lleguemos a poder crear nuestros propios objetos.

Dejar un comentario