La crisis, esa gran conocida.

En España llevamos unos cuantos años asistiendo a las diferentes situaciones que muestran el deterioro político, el económico y el moral. Nos hemos acostumbrado, viviéndola con toda “normalidad” y casi como si se tratase de un espectáculo televisivo con máxima expectación y que sirve para llenar horas de tertulias y contenidos de la pequeña pantalla.

Y mientras tanto… una larga lista de estrategias son utilizadas para mantenernos “felices” mientras esta situación se arregla. Estrategia de la distracción (desviar la atención de los problemas económicos sustituyéndolos por otras informaciones), la utilización del aspecto emocional por encima de la reflexión, mantener al público en la ignorancia y la mediocridad (ocultándonos la verdadera información mediante tecnicismos o desviando los problemas), reforzar la culpabilidad de los ciudadanos ante esta situación haciéndonos ver que somos unos vagos y unos simples derrochadores ya que “vivimos por encima de nuestras posibilidades”, y un largo etcétera de estrategias que analiza Noam Chomsky en su obra, “Estrategias de manipulación mediática”. Resumiendo, el ciudadano, cuanto más ignorante sea, mejor, cuanto menos se entere de lo que está ocurriendo, mejor para quienes manipulan las finanzas y utilizan el poder político para enriquecerse ya que, a menor capacidad intelectual, menor será su competencia para identificar los métodos de control social y mayor su dependencia de las clases dominantes. Culpabilizan a la víctima del fracaso escolar por su vagancia sin que se ponga en cuestión la incompetencia del sistema educativo, a la víctima de la enfermedad por no cuidar su salud, sin cuestionar la sanidad… hasta la vergüenza de cargar contra quienes viven “demasiados años” por poner en peligro el sistema público de pensiones. Según la Encuesta de Población Activa publicada por el INE este veintitrés de abril, el número de personas paradas es de 5.444.600 españoles. Más de cinco años de caída laboral han dejado de herencia en España heridas muy complicadas de cerrar. La primera de ellas es, sin ninguna duda, el paro de larga duración. Y esto se puede comprobar con cada uno de los datos que asoman sobre el mercado de trabajo. Uno de ellos se conoció hace relativamente poco tiempo: 1,4 millones de desempleados lleva tres años o más sin desempeñar ningún trabajo. O lo que viene a ser lo mismo, una de cada cuatro personas en paro (5,4 millones) llevan al menos un trienio en esa situación, según la submuestra de la encuesta de población activa (EPA). Las cifras que han sido divulgadas estos días, corresponde a datos obtenidos durante todo el ejercicio del año 2014, pudiendo incluso quedarse cortas, puesto que el INE (Instituto Nacional de Estadística) extrae estos 1,4 millones de parados del colectivo de trabajadores que han tenido un empleo antes de perderlo, poco más de cinco millones. Por tanto, fuera de esta cuenta se quedan quienes siendo parados no tienen experiencia laboral previa, unos 600.000. Estos datos demuestran que la pregonada mejora laboral no llega a quienes peor lo están pasando: los que llevan más tiempo sin empleo. Esto ya se observaba en la EPA (Encuesta de Población Activa) correspondiente al primer trimestre de 2015 — que hizo referencia a quien encadena más de dos años en paro—, publicada hace un par de semanas y se ve con más precisión en este estudio correspondiente a todo 2014.

Dejar un comentario