La sangre de los homosexuales.

Recientemente hemos estado dando un pasito (o una zancada) atrás en lo que a igualdad se refiere. Me encantaría comentar una noticia que ha sido revolucionaria últimamente, y quien no lo sepa es porque no lee (que para eso tenemos las redes sociales): la UE está planteando la posibilidad de dictaminar una ley que  prohíba  a  los  homosexuales donar sangre.

Por lo visto, los hombres que han mantenido relaciones sexuales con otros hombres están más expuestos a contraer enfermedades infecciosas graves como el VIH que los heterosexuales. Porque claro, en esta sociedad tan tecnológica y moderna en la que vivimos, a los gays no se les ha informado de que existen métodos anticonceptivos que previenen el contagio de las enfermedades de transmisión sexual, ¿en qué escuela habrán estudiado? Así que se ven obligados a practicar sexo sin preservativo. Ironías aparte, tanto un homosexual como un hetero pueden utilizar preservativos. O pueden no usarlos (no vosotros, amigos, pero algún imprudente habrá por ahí). Lo que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea no sabe, es que el riesgo se encuentra en la prácticas y no en la persona (y, desde luego, no en su orientación sexual). Esta justicia europea nuestra, tan lógica, razonable y equitativa, recalca que esta prohibición puede estar justificada. Y yo, inocente de mí, pensaba que, antes de donar sangre, te hacían las pruebas necesarias para comprobar el perfecto estado de esta. Esta idea ridícula y absurda innovadora y reflexiva ha llegado a tal extremo que en Francia están tramitando desde 2009 el litigio de un ciudadano francés al que no se le permitió donar sangre por haberse acostado con otro hombre, basándose en una ley que lo permite. En fin. Poco más que decir. La decisión de permitir o no donar sangre a los homosexuales va a recaer en el tribunal nacional de cada país de forma individual. Espero de todo corazón que los de arriba recapaciten a la hora de aprobar leyes como esta para que el pueblo no se avergüence todavía más de ser regidos por unas leyes cada vez menos civilizadas y éticas. Y si se aprueba, pues nada, vayamos poco a poco y después prohibimos directamente la homosexualidad, la libertad de expresión y de elección, y si se resisten ¡los gays al paredón! No, en serio, eso de la revolución se nos da bastante bien, así que tomemos el ejemplo de los burgaleses de Gamonal y luchemos por imprimir un poquito de justicia a una sociedad cada vez más apática, retrasada y borreguil.

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