Una realidad actual

La comparativa de nuestra sociedad actual con la de hace sesenta años y el análisis de  sus diferencias nos hace pensar en el progreso y creer que hemos despedido la tradicional imagen del hombre trabajador y mujer subordinada a las tareas del hogar y al mismo. Sin embargo, no podemos estar más equivocados al respecto. Es un hecho que la sociedad de hoy en día se muestra machista y desigual, son muchos los detalles que nos llevan a tal conclusión, desde la discriminación e incluso salarios menores de la mujer en ámbitos laborales hasta el video erótico con féminas que los amigos difunden por las redes sociales a modo de chiste. Tradiciones, alegan muchos, bien para quitarse de encima el peso de ser partícipe de ello o porque de verdad lo consideran actitudes descriptivas de nuestra cultura. Ninguna es válida, no podemos convertir el desbaratamiento de la dignidad femenina en una parte integral de nuestros usos y costumbres. Después de multitud de cambios sociales la historia se repite. La violencia de género sigue siendo una lacra difícil de eliminar y este año, a pesar de que las políticas puestas en marcha son positivas, el número de víctimas en España a manos de sus parejas asciende a 54. El trasfondo de desigualdad entre hombres y mujeres es un lastre que arrastra también a los más jóvenes en sus relaciones de pareja. Se piensa que lo propio de las chicas es la ternura y la comprensión, mientras que los chicos deben ser agresivos y valientes, además la mayoría de las relaciones de pareja entre jóvenes denotan control por parte de ellos y sumisión por parte de ellas. Los chicos las vigilan en sus movimientos, se ponen celosos cuando no contestan a sus mensajes o evitan que salgan a la calle con ropa determinada. La responsabilidad de este desconocimiento es del sistema educativo, de la familia, pero también de los medios de comunicación y de sectores de ocio y cultura. En el ciclismo por ejemplo, existe una tradición cuando el ganador de la etapa se sube al pódium: dos bellísimas mujeres vestidas con prendas ajustadas rodean al ciclista y le dan un beso por cada lado mientras se congela el momento en una fotografía. Es un llamamiento de un concepto anticuado, el de mujer objeto que adorna y sirve al varón, por no hablar de que a lo mejor el ciclista prefiere ser besado por dos hombres, pero ese es otro tema. A día de hoy es muy triste escribir un artículo como este, denunciando algo que se suponía acabado y enterrado hace un tiempo atrás. Vivimos en una falsa apariencia de igualdad en la que el machismo se deja ver entre nuestros familiares, amigos y también profesores. Es evidente que se ha avanzado mucho en la historia en este tema y a nivel personal no puedo quejarme de males mayores por ello pero si puedo destacar algunas    circunstancias en las que se ha atacado a la dignidad de unas cuantas innecesaria e injustamente. Este es uno de los componentes de nuestra sociedad que necesitamos que escale unos cuantos peldaños más y más deprisa, no se trata de una cuestión de fuerza si no de mentalidad.

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