El Avaro

Si el año pasado empezábamos el curso con la palabra incertidumbre, este año, que prometía ser todo lo contrario por pisar terreno conocido, no se quedó corto.
Entre las habituales jornadas de integración, celebramos la reunión de inicio de curso, en la que, entre la mayor parte del elenco del año pasado, dirección incluida, asomaban tímidamente algunas caras nuevas.
Sin perder ni un minuto, empezamos con los talleres, ¡y teníamos novedades! ¡Tocaba hacer mudanzas! Tras mucho insistir y mucho mirar los planos de la residencia y ponerlo todo patas arriba, conseguimos que la dirección moviese cielo y tie- rra para poder tener una sala de ensayo decente, y un par de almacenes para nuestras cuatro cosas y así poder desocupar el gimnasio. Y “voilá”, empezamos los talleres en nuestra nueva sala de ensayo en el primero, con tarima y todo (eso sí, de prestado), y con la promesa de tener un almacén de atrezzo y otro de vestuario en ese mismo piso (por pedir que no quede).
Con estas buenas noticias, los chavales se lucieron en los talleres, ya que vimos ejercicios que nos dejaron con la boca abierta a más de uno, además de las típicas pelusas voladoras, semillas, y demás cosas de artistas. Además,este año también tuvimos un “tu cara me suena” que ya se está convirtiendo en recurso habitual de la residencia, en el que algunos de nuestros chicos dieron a conocer su faceta oculta de cantantes.


Todo iba viento en popa, pero, como siempre tiene que surgir algún contratiempo, pese a nuestra buena voluntad de aprovechar la experiencia adquirida el año pasado, nos encontramos con que la Sala Borja no iba a estar disponible en nuestras fechas habituales, por lo que tuvimos que retrasar el estreno casi un mes. Esto, sumado a nuestro nuevo calendario académico y otra serie de desavenencias, hizo que el parón de casi tres meses nos dejase a todos con las ganas por los suelos. Pero pese a lo que siempre se dice, teatro no se hunde, y a la vuelta decidimos coger al toro por los cuernos y sacar las ganas de donde parecía que no había nada que rascar. Con la obra elegida por fin y el reparto decidido, comenzamos con los ensayos, más tarde que pronto, pero con las ganas en aumento.
Y ya se sabe que las desgracias nunca vienen solas, y casi sin previo aviso, nos encontramos un buen día con lo puesto y de patitas en la calle como quien dice. Nos habían quitado la sala de ensayo y para remate de faena, habían destrozado la tarima sin ningún tipo de piedad (parecía que había pasado por allí una manada de ñus).
Pero como en esta residencia somos expertos en hacer malabares con lo que tenemos, se nos iluminó la bombilla y propusimos hacer los ensayos en el salón de actos, que para algo está, ¿no? Pues a la vista está que no siempre llueve a gusto de todos, ya que tuvimos un intenso debate acerca de cómo repartir dicha sala entre los ensayos de teatro y los partidos de fútbol (cada uno tiene sus prioridades).
Se iba acercando la fecha del estreno y estábamos ya inmersos en la obra, el atrezzo, el vestuario, y demás quehaceres de producción. Entre risas en los ensayos y caras serias cuando alguien aún no se sabía el texto, la obra iba tomando vida, y ya se dejaba ver nuestro típico sello en alguna que otra escena… Vaya, que no todo iban a ser malas noticias, y cada vez disfrutábamos todos más de los ensayos.
Y sin darnos cuenta, entre la locura del último mes, carteles, dípticos, octavillas, agujas, hilos, clavos y tuercas, llegó la semana del estreno, con prácticamente todo el trabajo hecho y las entradas a la venta ¡el esperado fin de semana de teatro ya estaba aquí!
El sábado tocaba como siempre adueñarnos de la Sala Borja como sólo nosotros sabemos, montar atrezzo, camerinos, vestuario, maquillaje… la locura de siempre. Y ahí estábamos desde primera hora de la mañana, codo con codo, trabajando para que todo fuese sobre ruedas. Y desde primerísima hora de la tarde maquillando actores entre nervios y risas. Pero el estreno fue todo un éxito, y cualquier resquicio de contratiempo que hubiera habido durante el curso quedó eclipsado y olvidado por la más que típica sangría del chino.
Pero si el sábado había sido un éxito, lo del domingo fue una bomba. Algo nos olíamos cuando vimos la venta de entradas anticipadas, pero lo que no nos esperábamos era casi llenar la sala. Y con la presencia de tantos espectadores, nuestros chicos se salieron. Fue una hora y media de risas y buen rollo que seguro que nos costará olvidar. Pero tanto derroche de energía nos pasó factura y al acabar el día estábamos agotados, así que la mejor opción fue reponer fuerzas con una pizza y recogernos pronto, que al día siguiente tocaba madrugar.
¡Y vaya madrugón! Allí estábamos todos el lunes, a las 8 de la mañana maquillándonos y vistiéndonos, preparados para la última representación, que como bien sabemos, es la más dura, pues el primer día siempre cuesta subir al escenario, pero lo que más cuesta es bajarse al final, que a esto se le coge gustito. Además este año coincidía con la representación para los niños de los institutos, y sabed que son un público de lo más difícil. Pero nosotros podemos con todo, y al final hubo el buen rollo y las risas de siempre, sobretodo al final, en el turno de preguntas, cuando preguntaron cosas como: ¿por qué es tan peculiar el vestuario? Pues chicos, es lo que tiene tener que hacerlo con sábanas teñidas, ya hemos dicho que somos expertos en hacer malabares.
Y para rematar el curso, una cenita para el pecho por lo bien que lo hemos hecho. Como siempre, risas con los premios, mucho buen rollo, y algún que otro momento de ponerse triste, ya que este año tocaba despedirse, pero siempre con una sonrisa.
Nos hemos dejado muchas cosas en el tintero, pero como siempre, todo un curso de experiencias no puede resumirse en unos párrafos. Sólo esperamos que para todos los que han estado al pie del cañón, la experiencia haya sido al final tan gratificante como para nosotras, que estamos muy orgullosas del trabajo hecho este año por parte del grupo.
Y para finalizar, como es tradición, y porque nos sale del corazón, toca agradecer.
En primer lugar, a todos los residentes que han aportado su granito de arena para que esto salga adelante, atrezzo, luces, apuntadores… etc. Y en especial, gracias Sergio, por haber currado como un campeón durante todo el curso en absolutamente todo lo que ha surgido. Sin ti nos hubiéramos vuelto locas un año más.
Gracias a todos los actores por ser tan grandes, aguantando los chaparrones que nos han echado encima este curso, y sacar adelante la obra con ganas e ilusión. Lo dijimos muchas veces y ahora ya sabéis que es verdad, el fin de semana de teatro no es comparable a nada, y juntos este año lo hemos disfrutado como nos merecemos.
Gracias a Jhony por el diseño y realización del maquillaje, que como siempre ha sido espectacular, pero sobre todo por la inyección de energía que nos das: eres terremoto de alegría.
Gracias a Marta por el fantástico vestuario de este año, por hacer maravillas con cuatro trapos y dejarnos a todos como pinceles. Y sobretodo por recargarnos la pila cada día, gracias por tanto apoyo.
Y por supuesto mil gracias a Héctor, por otro año más de trabajo y dedicación. Gracias por no tirar la toalla y acompañarnos hasta el final del camino pese a la locura de año que hemos tenido. Al final tanto trabajo ha dado sus frutos.

Gracias a todos, porque, pese a los contratiempos, al final ha podido más la satisfacción del trabajo en equipo, del trabajo bien hecho. Gracias por habernos hecho disfrutar tanto del teatro un año más.

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