¿Y si fuérais refugiados sirios?

Voy a tratar de adentraros en el corazón de un refugiado y de, si es posible, causaros un nudo en el estómago. Así, el que piense que no deberíamos abrirles las puertas se sienta un poco peor consigo mismo… o no.
Suponed que vuestros padres tienen la misma ocupación que actualmente, que seguís siendo estudiantes, que vivís felices, preocupados de ligar, de los estudios, de las vacaciones, de la familia, de los amigos, o de lo que os preocupéis hoy por hoy. Suponed que vivís vuestra vida tal y como la estáis viviendo, igual, pero en Siria. Vuestros padres son médicos, transportistas, funcionarios, dependientes, policías, albañiles… pero en Siria.
Antes de la guerra, Siria era un lugar de lo más próspero y con un alto nivel cultural dentro de los países árabes. Por ejemplo, las mujeres tenían el mismo derecho que los hombres de acceder a la educación y no estaban obligadas a usar burka, ni velo. Nada de eso. Además, voy a destacar que Siria fue el único país del mundo que admitió refugiados iraquíes sin importar sus creencias religiosas o políticas, permitió entrar a personas que huían de un conflicto armado en el que no querían participar. Como ahora en España, vamos. En definitiva, uno de los países más avanzados dentro del mundo árabe.
Independientemente de la política del país, no democrático, podemos estar de acuerdo en que, como aquí, la inmensa mayoría de la población solo quiere vivir pacífica, digna, honrada y humildemente, vosotros entre ellos.
Estalla un conflicto armado con multitud de frentes, pero centrado en el territorio donde vivís. Por un lado, está el gobierno sirio que controla el oeste del país y recibe apoyos de Rusia, Irak y China, entre otros. Por otro lado, el Estado Islámico, un poder de nueva hornada que, con el Corán por bandera y una concreta interpretación de sus líneas, trata de expandirse asesinando a todo aquel que no se convierta a su fe, degollando, decapitando, crucificando, descuartizando… sin importar que sean hombres, mujeres, bebés, niños o niñas de cinco años… a los cuales, por cierto, secuestran, apalean, violan y venden como esclavos al mejor postor. Estos son a los que conocemos como terroristas, pero es que hay otros terroristas. El Frente Al-Nusra, más conocido como Al Qaeda, interpreta el Corán de una forma algo distinta al ISIS, reusando unirse a estos, pero batallando contra el resto de partes en el conflicto. Otra gran parte del país está controlado por una oposición al régimen (gobierno sirio) más moderada, que recibe el apoyo de Turquía, Catar, Arabia Saudí y Estados Unidos. Por último, al norte del país, están las milicias kurdas, cuyo objetivo es también destituir al presidente del país, pero para instaurar, entre otras cosas, una democracia. Se enfrentan al ISIS, al gobierno sirio, a la oposición moderada y al Frente Al-Nusra. En medio estáis vosotros, ¿vale?

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Vuestro barrio, después de cuatro años de conflicto, presenta el aspecto de la fotografía. Habéis visto volar edificios por los aires a escasos metros, os han pitado los oídos, os habéis llenado de sangre que no era vuestra, de vísceras incluso. Habéis visto morir a algunos de vuestros amigos, que vivían unas calles más allá, incluso sabéis que algunos de vuestros tíos, abuelos o vecinos han muerto. Os han herido varias veces, al igual que a vuestros padres y hermanos, pero seguís vivos. Los comercios donde trabajaban vuestros padres han quedado sepultados, igual que vuestra casa. Lleváis tiempo viviendo a las afueras, en el campo, con el miedo de que el frente se desplace hacia donde vosotros os encontráis. Vendéis lo poco que habéis podido rescatar al mejor postor y, junto a otros miles, decidís huir con lo puesto y los ahorros de toda la vida con el único fin de salvar la vida. Vuestro único objetivo es salir del país, huir.
Subís a una barcaza junto con otras cien personas. Es una barcaza pequeña, estáis apretados y os adentráis en el mar. Se hace de noche, la gente tose, está en silencio, no se ve nada ¿dónde vais? ¿a dónde llegaréis? Puede que no lleguéis, incluso que muráis en el mar. No paráis de pensar en esa idea.
Con suerte, llegáis a una costa que os dicen es la griega. Habéis logrado huir, salvar la vida, pero no os dejan quedaros ahí, molestáis. Os dicen, con bastante desinterés, que andéis hacia el norte, hacia Albania o Macedonia, y sigáis hasta llegar a Alemania, donde suponen que os darán refugio y podréis comenzar una nueva vida. Os recuerdo que ya no tenéis nada, solo lo puesto. No tenéis casa, ni coche, ni posibilidad de volver a la Universidad, ni amigos, algunos no tendréis ni familia. No os queda otra, tenéis que andar… Andar hacia la incertidumbre, sin nada más que esperanza. Por el camino os golpearán policías y soldados, incluso alguna periodista, tendréis que superar vallas y alambradas. Comeréis una vez al día, si eso… y os hacinarán junto a otros miles en vuestra misma situación… Y veréis que los niños ya no reirán, no tendrán tiempo para jugar, para aprender, para ser niños; a las madres llorar en silencio, para adentro, dibujando a sus hijos pequeños una sonrisa con el fin de transmitirles un poco de esperanza; y a los hombres desesperados, indefensos, impotentes, luchando, como el resto, por una nueva oportunidad de ser felices.
Mientras yo, sentado frente al ordenador en mi habitación de Valladolid, en España, odiándoos, deseoso de que se os devuelva a Siria, que es donde deberíais estar. No quiero que vengáis a imponer vuestras costumbres, a robar, a violar mujeres, a poner bombas… No os quiero. Y ojalá os lleven a Turquía, si no más lejos, donde seréis problema de otro, donde os traten como delincuentes, como asesinos, lo que para mí sois… os desprecien, como hacéis vosotros con los cristianos, y os den lo que os merecéis, nada.
Sé que la mayoría no os identificaréis con este último párrafo, pero no son uno, ni dos, ni tres, los que piensan así. Es una tristeza, pero también una realidad. Ojalá nunca nos veamos en una situación igual, situación que ya vivieron muchos de nuestros abuelos y bisabuelos hace setenta y cinco años.

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