27 Vestidos

“Mozart compuso su primer sonata cuando tenía 5 años. Picasso descubrió su talento para la pintura cuando tenía nueve. Tiger Woods ganó su primer club antes de su segundo cumpleaños. ¿Yo? Tenía 8 cuando descubrí mi propósito en la vida.”

Así comienza la película protagonizada por Katherine Heigl en la que interpreta a una dama de honor cíclica. En 27 oca­siones se había preocupado por posiciones, trajes, peinados  y por sostener vestidos mientras la recién casada vaciaba la vejiga. 27 bodas de diferentes culturas, por lo tanto, de desiguales costumbres.

Las ceremonias japonesas son sencillas y no suelen durar más de 20 minutos. Ella luce un kimono blanco con detalles rojos llamado shiramuko que complementará con un wataboshi (una capucha o gorro redondo blanco bastante llamativo) o un tsunokakushi, un tocado. Mientras, él vestirá un montsuki, que es un kimono de etiqueta negro decorado con el emblema de la familia. Sin embargo, lo más importante es el San sankudo (tres veces tres a nueve), rito de intercambio de los anillos y juzus (una especia de rosarios) a través del cual la pareja hace una promesa de matrimonio ante Gohonzon (un objeto de devoción en el budismo japonés). Beben tres vasos de sake (que representan al cielo, la tierra y el hombre) en tres sorbos. Este proceso primero lo hace el novio y luego la novia, y se hace de esta forma ya que el 3 es un numero sagrado que traerá felicidad a la pareja y representa la unión de la misma en cuerpo,mente y espíritu. Se celebra en santuarios sintoístas (shinto) , que se pueden encontrar en hoteles y/o restaurantes preparados para la ocasión.

Antes de una boda hindú, por otro lado, se deben dar una serie de actos ceremoniales:

Mehndi: se pintan las manos y brazos de la novia y de sus familiares y amigas mujeres con una pasta preparada con polvo de cúrcuma y sándalo o henna. Es similar a una despe­ dida de soltera, y participan las mujeres de ambas familias.

Mehfil: consiste en una ceremonia en la que los familiares e invitados bailan el ghoomar, un baile en grupo tradicional.

Palla Dastoor: los familiares del novio llevan joyas, ropa y regalos a la casa de la novia, que ésta deberá usar durante la boda.

El día de la boda, se producen: baraat (la llegada del novio a la casa de la novia, lugar tradicional de la ceremonia), milni (la familia de la novia recibe a la del novio, y a su familia, con guirnaldas y dulces típicos de la India) y el ritual de Ganesh Pooja (ceremonia en la que se busca complacer al Ganapati buscando la buena suerte, ya que Ganapati puede destruir todos los obstáculos).

La boda consiste en otra serie de rituales:

El ingreso de los novios: el novio entra primero al Mandap (una gran tienda decorada con flores, guirnaldas, alfombras y todo tipo de adornos, en la que tendrá lugar la boda) y le acer­ can una silla y una bebida de celebración, hecha a base de leche, mantequilla india, yogur, azúcar y miel. Luego se da lugar al Kanya Aagaman, el momento en que la novia hace su entrada, acompañada por su padre.

En este punto el novio y la novia están separados por una cortina blanca y no pueden verse.

Jai Mala: cuando finalmente la novia llega al Manda, se deja caer la cortina y se da paso a la ceremonia en la que ambos intercambian guirnaldas de flores (jayamaala), que rep­resentan la aceptación de uno hacia el otro. Este ritual se da mientras los novios pronuncian unas palabras en las que infor­man a los presentes de su aceptación y unión mutua.

Kanyadaan: es el momento en el que el padre de la novia la entrega al novio. Esto se da tras la promesa de éste de asistir a su nueva esposa en las tres fases más importantes de la vida carnal: Dharma (deber religioso), Artha (riquezas) y Kāma (placer). El ritual consiste en que el padre de la novia vierte agua bendita sobre la mano de su hija, para luego unir­ la con la de su nuevo esposo.

Llegados a este punto de la lectura yo pregunto al   lector:

¿Por qué has soportado 5 minutos de lectura sobre ceremo­ nias matrimoniales sin preocuparte de lo que representan real­ mente? ¿A quién le importa la ceremonia? ¿A quién le importa que las japonesas vistieran de blanco en las bodas mucho antes de que la reina Victoria popularizase la costumbre en Occidente?

Lo realmente importante aquí es que, aunque en Japón un hombre debe estar casado y haber formado una familia antes de los 30 años (ya que no hacerlo podría incluso quitarle la posibilidad de desarrollo y crecimiento laboral por la importan­ cia que da esta cultura a la familia), gracias a la influencia occi­ dental, hoy en día solo un 10% de los matrimonios son con­ certados. Lo realmente importante es que aunque la edad legal para casarse en India son los 18 años, muchas niñas entre 10 y 13 años, son casadas en zonas rurales por sus familias.

Estoy segura de que si hubiese empezado el artículo dando los últimos datos poco habría impactado a la mayoría de las personas que han aguantado leyendo sobre ceremonias, porque los humanos llevamos demasiado tiempo perdién­ donos en banalidades, perdiendo la perspectiva. Nos dejamos deslumbrar por un par de focos, un juego de luces. De modo que apliquemos la perspectiva:

No fue hasta el siglo XVIII, con el Romanticismo, cuando se empezó a concebir el matrimonio como el resultado de una unión amorosa. Anteriormente eran los padres los que decidían quién sería la pareja más adecuada para sus    hijos.

¿Realmente es tan cruel? ¿No quieren siempre los padres lo mejor para sus hijos? Desde un punto de vista biológico el éxito evolutivo de un individuo no consiste en tener hijos, sino en que sus hijos fértiles tengan descendencia. Por otro lado, el porcentaje de divorcios en matrimonios concertados es mucho menor, de modo que, evolutivamente hablando, no es tan ilógi­ co pensar en la validez del matrimonio concertado. Es desca­ bellado, sin duda, pero la lógica es perfecta.

Paradójico. Y ahora el lector va y se lo cree.

¿Cómo esperar que una persona plenamente humana, con su mezcla de lógica y pasiones, viva en un mundo donde no les permitan tomar sus propias decisiones? Empleo la expre­ sión “plenamente humana” porque sigo convencida de que un mundo en el que una pareja decide casarse por la Iglesia sim­ plemente porque las fotos son más bonitas está perdiendo la humanidad. Porque ya no consiste en perderse en los detalles, consiste en faltar al respeto a todo lo que ese lugar represen­ ta para un creyente.

El respeto. La mayor parte de los males de este mundo se solucionarían con un buen empleo del respeto. No me entendáis mal, no hablo de respeto a la religión, ni al estado ni al conjunto de todas las figuras parentales del mundo. Porque el respeto mal entendido puede hacer mucho daño a una niña de 11 años del Himalaya obligada a casarse por respetar los deseos de sus mayores. Ni siquiera hablo del respeto a la infancia. De un respeto simple, llano y directo. De un respeto que cada uno de nosotros ve cada día en el espejo. Hablo del respeto hacia las personas.

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