UN DEPORTISTA DE LEYENDA

Hablar actualmente de triatlón en nuestro país es hablar fun­damentalmente de Javier Gómez Noya.

Como todo el mundo aficionado a este deporte bien conoce, se trata de, uno de los triatletas más representativos a nivel mundial, no solo por los importantes y numerosos títulos con los que se ha alzado, sino también por la increíble historia de supe­ ración que ha estado ligada a su vida y, sobre todo, a su exito­sa carrera deportiva.

Javier nació en Basilea en el año 1983, aunque desde los tres meses, su vida se ha desarrollado en Pontevedra. Ya desde pequeño destacó por sus capacidades atléticas, primero jugan­ do al fútbol y posteriormente en el mundo del triatlón, en el cual se introdujo fundamentalmente gracias al apoyo de su padre; persona en la que tiene total confianza y que aún a día de hoy continúa asesorándole en la preparación de sus competiciones. Desde el inicio de su trayectoria profesional, Noya se marcó dos objetivos fundamentales: ser campeón olímpico y campeón mundial. Esto solo podría ser posible, como él bien sabía, lle­vando una vida muy sacrificada y entrenando realmente duro. Con tan solo quince años de edad, Javier participó en su primer campeonato de triatlón (prueba consistente en nadar 1.5 kilómetros, montar en bici otros 40 y correr finalmente otros 10), obteniendo el segundo puesto de su categoría para sorpresa generalizada.

Los resultados de este emergente chaval llegaron a oídos de Iván Raña, por aquel entonces campeón del mundo de triatlón, el cuál vivía muy cerca de Noya, por lo que empezaron a entre­ nar juntos. Sus logros y sus grandes capacidades tuvieron por consecuencia la llamada del seleccionador nacional con tan solo 16 años.

Todo parecían tiempos felices para este joven deportista hasta que ese mismo año fue diagnosticado de una valvulopatía tricúspide congénita (su válvula tricúspide tenía solo 2 valvas en vez de 3). Los médicos dijeron que si seguía compitiendo estaría poniendo en riesgo su vida, por lo que le aconsejaron dejar el deporte.

Su padre, negándose a aceptar una retirada tan prematura de su joven hijo, decidió buscar una segunda opinión. Para ello, contactó con Nicolás Bayón, cardiólogo y triatleta aficionado, el cual dictaminó que, mediante un seguimiento regular de la pato­ logía cada 6 meses, podría seguir compitiendo sin llegar a com­ prometer en ningún caso su vida. Esto hizo que Noya obtuviese el permiso para participar durante un plazo de seis meses en competiciones regionales y nacionales pero no internacionales, por lo que no pudo ser convocado por España.

Cansado por la situación, el triatleta y su familia decidieron viajar a Londres en el año 2003, donde visitaron al prestigioso cardiólogo William McKenna, quien consiguió que le devolvie­sen la licencia para retornar a la competición internacional. Meses después, Noya obtuvo la victoria en el campeonato mun­dial sub­23 en Nueva Zelanda.

Ya en el año 2004, quedó subcampeón de España después de amigo y compañero de entrenamientos Iván Raña, y también obtiene un valioso octavo puesto en el Mundial. Pese a ello, el seleccionador, incomprensiblemente, no le convoca para las olimpiadas de Atenas.

Un año más tarde, le vuelven a retirar su licencia alegando que la valvulopatía que padece es incompatible con el triatlón. Incluso la Federación le impide entrar en el CAR de Barcelona, algo que Javier interpreta como una persecución contra su per­sona.

De nuevo, intentando desbloquear la situación, buscó una tercera opinión en los recién incorporados cardiólogos de la Federación Española, quienes consiguen que se le devolviese la licencia tras un año en dique seco.

A partir de ese momento, Noya experimenta una notable mejora en las tres modalidades que componen el triatlón, logrando gracias a ello grandes éxitos (30 podios y 17 oros con­ secutivos). Lo más destacable de este periodo fue la victoria que consiguiço en el año 2008 en el mundial celebrado en Vancouver, a pesar de sufrir una fractura en el calcáneo. En este mismo año, se plantea como principal objetivo tocar metal en los Juegos Olímpicos de Pekín. Sin embargo, a causa de una lesión solo consigue obtener la cuarta plaza.

Tras todo esto, obtuvo el primer lugar en el campeonato de Europa del año 2009 y, al año siguiente, su segundo mundial.

En el 2011 se iba a producir quizá una de las citas más importantes en la carrera de Javier: el campeonato del mundo en su ciudad, Pontevedra. Tras una larga preparación para esta carrera, sufrió un episodio de deshidratación y necesitó la ayuda de su amigo Iván Raña para cruzar la línea de meta, obtenien­do los puestos 40 y 41 respectivamente. Los dos primeros luga­res fueron para los hermanos Brownlee, que se iban a convertir desde ese momento en los grandes rivales de Javier por el trono mundial.

En Londres 2012, Noya vuelve a focalizar su objetivo en las medallas olímpicas, consiguiendo esta vez sí la plata tras Allyster Brownlee.

A partir del año 2013, Carlos David Prieto se conviertió en su nuevo entrenador, con el objetivo de derrotar en las grandes competiciones a los durísimos hermanos Brownlee. Logro que finalmente conseguiría en Londres ese mismo año, alzándose con el oro mundial tras un vibrante sprint con Jonnhy, el pequeño de los hermanos.

Por todo lo comentado anteriormente, hoy en día Javier Gómez Noya es considerado como el mejor triatleta de la histo­ria, contando en sus vitrinas con multitud de títulos, entre los que cabe destacar 5 mundiales, 3 europeos y la plata olímpica de Londres 2012. Este año, en los pasados Juegos de Río, tenía como objetivo asaltar el trono olímpico, pero días antes de viajar a la capital de Brasil sufrió una fractura de brazo al caer­ se de la bicicleta, viéndose obligado a renunciar a su participa­ción en dicho evento.

dfgds

 

 

Dejar un comentario