Con motivo del 21 aniversario de nuestra querida revista, Octava Planta, hemos decidido entrevistar a algunos ex tutores para que nos den su opinión acerca de como vivieron ellos su paso por esta comisión y ya de paso,alguna anécdota curiosa de sus días de duro trabajo. Aquí os dejamos una pequeña ración de su experiencia y aprendizaje al cargo de la misma.
¡Gracias por la colaboración!

Leticia Suarez

Ya hace dos años desde que dejé atrás las puertas del Alfonso VIII como residente (como visitante las seguí cruzando alguna vez más) y dos años hace ya desde que dejé de “poseer” las llaves de aquel cuar­tucho del 1º, del que estoy segura no todos los que han pasado por la resi saben dónde está. Sin embar­go, las secuelas todavía continúan y la revista todavía sigue en mi vida de una manera u otra.
Con esto quiero dar a estas 80 páginas que tenéis entre manos la importancia que merecen y animar a la gente a que sea tutor de esta comisión (la más bonita de todas, si me permitís la osadía). Porque no es sólo un año de vuestras vidas, sino todos los que vienen detrás en los que poner en práctica lo aprendio, lo digo por experiencia. Tras una temporada llena de entrevistas de trabajo, en todas sale a relucir el haber sido tutor y haber dirigido la revista. No es ninguna tontería, se trata de coordinar a más
de cincuenta personas (aunque a veces el coordinar se convierta en perseguir para que entreguen los artículos), se trata de asumir una responsabilidad y trabajar bajo una presión el día del cierre que no tiene nada que envidiar al mundo laboral “real”.
El año pasado participé en unas dinámicas en las que se realizaban varias actividades de recruitment, es decir, demostrar que eres válido para un puesto de trabajo como si haber estudiado cuatro años de carrera y un máster no fueran suficientes.
Una de las actividades consistía en definirte de manera “original” y yo, más orgullosa que un padre primerizo, usé para ello los tres números de Octava Planta que tuve el honor de firmar como coordinadora. Ojalá hubieseis visto las caras de fascinación de aquella gente manoseando nuestra querida revista. Y es que algo que para nosotros se ha vuelto normal, como tener unos cuantos artículos que leer cada tres meses, lleva consigo un trabajo y una dedicación que no se valoran hasta que no estás den­ tro y que, sobre todo, valoras cuando ya estás fuera. Por eso, dos años después, si me tengo que definir con algo, que sea con Octava Planta.

Iciar Bernal

Época de cambios, época de mudanzas, época de nuevas amistades. Al llegar a la universidad, todos nos preparamos para la mejor etapa de nuestras vidas. Cuando llegue a la Residencia no sabía, como se suele decir “ni por dónde me venia el aire”; ¿Comisiones? ¿Audiovisuales? ¿tutores? …Quien me iba a decir a mi que acabaría siendo tutora y encargándome junto a Santi de la revista de la Residencia.
Como podría explicar en pocas palabras lo que ha significado para mi esta experiencia, hemos com­ partido risas, penas, conocimientos, estrés…mucho estrés y sobre todo muy buenos momentos. Al final todo merece la pena, cuando ves el trabajo y tiempo que has invertido en conseguir sacar adelante esos tres peleones números de la revista Octava Planta, junto a todos los colaboradores que noche tras noche nos han acompañado y nos han ayudado a que todo sea posible.
Conclusión: experiencia inolvidable
¡Muchas gracias por todo!

Javier De Grado

Otro añito más vuelvo a daros los chapa por revista y sobretodo vuelvo a contaros mi vida, que me sale mucho más barato que contársela al psicólogo. Mi experiencia en revista fue muy satisfactoria, la verdad es que me lo pase como un niño pequeño, pese a que hay que meter muchas horas, es una comisión que no tiene un horario preestablecido y puedes maquetar a la hora que quieras y los días que quieras, es decir que lo haces sin prisa y sin agobiarte (gracias a eso pasaré a la historia como el tutor que acabó la tercera revista después de que acabase el curso).
Otra de las cosas buenas de ser tutor en revista, es que tienes tu propio despachito en la Residencia, donde puedes ir a trabajar, estudiar y esas cosas que hacemos los gilis. Además dispones de varios orde­ nadores, sillones, buenos altavoces (sin vecinos cerca), no hay detector de humo, que con esto no estoy diciendo que organizase fiestas ni nada parecido en revista (que pa eso ya estaba la sala de dibujo del
sexto), pero algún que otro kalimotxete sí que nos hemos tomado.
Lo más gracioso que recuerdo de revista era cuando escribía el señor C (si en mi año era yo, por si alguno no se había enter­ado), me inventaba un montón de cotilleos y después me pasaba la siguiente semana riéndome de todo el mundo mientras intentaba descifrar quien se había liado con quien.

Santiago Sanz

Sin contar a las tutoras de Revista de este año (Que estoy seguro de que lo harán maravillosamente bien) somos Iciar y yo los últimos que hemos estado al frente de ese buque insignia de nuestra Resi que es Octava Planta. Ya os hablé en varios artículos sobre qué significa llevar la revista y ser tutor para mí. La verdad que es una comisión preciosa, con unos objetivos muy claros como son las tres revistas anuales y que implica por tanto curro, horas y dedicación. Creo que se ven recompensadas de sobremanera con los resultados. Es muy gratificante ver cómo año tras año y a cargo de personas totalmente distintas sigue saliendo ade­lante en nuestra residencia algo de tanta calidad. En mi opinión es algo que todos deberíamos valorar muy positivamente. ¿Una anécdota? La verdad que muchas. Merece la pena recordar todas las ampollas que en nuestro año levanto el “Al­Foso” y todos los quebraderos de cabeza que dio… Ahora desde la distancia se ve todo con otros ojos, veamos qué nos depara el futuro. ¡Mucho ánimo a presentes y futuros tutores de revista!

Rodrigo Nuñez

¿Una anécdota graciosa de mi año como coordinador? Uff! esto sería mucho más fácil con un poco de conquistador de por medio. La verdad que he estado un rato pensando y no se me ha ocurrido nada con­ creto. Para mi revista era un poco ese sitio donde la gente con problemas de insomnio aparecía a las 3 de la mañana y tú aprovechabas para endosarles la corrección de 2 o 3 artículos. Un lugar donde el concepto
« fecha límite de entrega » desafiaba las leyes de la física.
En general de Octava Planta me llevé muchas risas, mucho trabajo y un trastorno obsesivo compulsivo con las faltas de ortografía para el que aún estoy en tratamiento

Andrés Lozano

Mi primer contacto con la revista Octava Planta fue a través de Rodri. Él era tutor de Revista y un día bajé a corregir artículos con él por conocer aquello, y sinceramente me gustó el ambiente que había allí. La verdad es que nunca me animé a escribir artículos, siempre se me ha dado bastante mal contar cosas y explicarlas.
En cuanto a ser tutor de Revista, acabé en ese puesto porque sólo quedaba eso para elegir, además de teatro, que no me entusiasmaba mucho. Lo bueno es que tuve la suerte de que la otra tutora de Revista fuese Leticia, que la gustaba y se implicó muchísimo. Aquí por desgracia sí que tuve que escribir algún artículo para “rellenar”, y si echáis un ojo a los números 52, 53 y 54 de Octava Planta podéis ver alguno, como mis predicciones sobre el mundial de Brasil (más fallidas que las encuestas de las elecciones).
Únicamente deciros a todos los residentes que participéis en la Revista, no sólo por los puntos, sino por lo que aporta hacer actividades en conjunto en la Residencia.

Alejandro Sánchez

Lo primero que me viene a la cabeza al empezar a escribir estas líneas es dar la enhorabuena a todos los antiguos coordinadores y a los que están por llegar a Octava Planta. ¡No sabéis el trabajo que da sacar adelante esta revista! Incluso para que nosotros, los que ya lo sabemos, enviemos a tiempo este pequeño texto, las actuales coordinadoras tienen que estar enviándonos WhatsApps cada poco.
Los métodos cambian, pero el objetivo es el mismo. No me imagino cual sería el método allá por el 1996, cuando surgió esta publicación. ¿Llamar a las puertas? Creo que aún no había teléfonos para llamar entre habitaciones… Muchos de los que leerán esto no habían nacido, y yo tenía solo cinco añitos.
En 2011 usábamos el Tuenti… ¿quién sabe en un par de años? Las cosas cambian muy rápido, pero es bonito ver como esta revista se ha mantenido todo este tiempo con la misma ilusión y ha ido mejorándose. Por ejemplo, me encanta ver que desde nuestro año la nueva versión online ha ido ­más o menos­ actualizándose constantemente.
Solo puedo desearle larga vida a Octava Planta, a los residentes que se lo pasen bien con ella y que ojalá en un tiempo podamos celebrar otro aniversario.

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