Carta a mi madre

Iba a escribir este artículo agradeciendo, a mi madre por haberme enseñado a pensar y no el que pensar. Desde pequeña siempre me gustó argumentar, leer y escribir. Mis ami­gos siempre decían que era la “defensora de las causas pérdi­das”, pero esta vez iba a escribir sobre una causa que me indigna y que, perdónenme el atrevimiento, todavía, e insisto, todavía, me niego rotundamente a aceptar que lo sea. Este artículo no habla de feminismo, que para los que aún tienen dudas es definido por la RAE como ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres. Lejos de hablar de igualdad, cuenta todo lo contrario.

Había pensado unos cuantos ejemplos para hacer sentir al lector en la piel de muchas mujeres del siglo XXI, no muy lejos de sus casas. Ejemplos de mi vida misma, como cuando un compañero universitario cuestiona que puedas sacar la misma nota que él estudiando lo mismo, o tu tutor de prácticas comen­ta con sus colegas: “qué alumnas más guapas tenemos hoy”, antes de ni siquiera preguntarte el nombre. Quería hacerles sentir la impotencia, la rabia, el asco y el miedo (en muchos casos fundado por algún susto anterior), de volver a casa sola según que hora de la noche. El desamparo cada vez que un grupo de gente quita importancia a tus denuncias o te dice: “siempre estás con lo mismo”.

Venía pensando como movilizarles el corazón a ustedes con el tema, con independencia de su sexo o edad. Llevaba en la mano un trozo de chocolate y me disponía a coger el ascensor en mi residencia universitaria, mixta por cierto, y donde he vivi­do los seis mejores años de mi corta vida.

En el ascensor había cinco chicos de primer año. Noté cómo sus miradas se clavaban en mi cabeza y les concedí el benefi­cio de la duda. El ascensor se paró en la cuarta planta y salieron todos menos uno. Cuando casi estaba cerrándose uno de ellos gritó : ¡Follatela!.

No sé que me dio más pena si la actitud del primero o la de los otros cuatro riéndole la gracia. Sinceramente el comentario no hirió mi sensibilidad lo más mínimo, sí lo hizo su intención.

Pensar como aquel chico había ganado el minuto de gloria de su día con sus amigos, tratando de cosificarme cual objeto sin voluntad propia; cambió totalmente mis planes aquella noche. Ya no iba a acabar de ver la serie que deje a medias esa tarde, iba a denunciar con palabras, ya que ni siquiera había tenido ocasión de contestarle, aquellos hechos injustos y esas situa­ciones que ninguna mujer de ninguna sociedad debería vivir. Mucho menos en un lugar donde se forma el futuro de nuestro país. No importaba si mi texto llegaba a una persona o a cien­tos, con que una sola persona se mostrase sorprendida e indig­nada con aquello había ganado mi batalla aquella noche. Quizás a alguno o alguna le parezca un comentario sin más. Imaginen la situación contraria, cuán ridícula parece si cambi­amos el sexo de los integrantes de la historia. A mí, sea como fuere, me parece surrealista.

A los cuatro cobardes del ascensor y digo cobardes, porque ni tan siquiera fueron capaces de decírmelo a la cara, ójala algún dia os acordéis que vuestras madres, hermanas, novias, hijas, quizás tengan, por desgracia, que cruzarse con gente como vosotros.

Afortunadamente aun quedan mujeres y hombres feministas que defienden la igualdad y así lo manifiestan y que hacen al mundo un poco más humano. Algún día, conseguiremos erradicar esa gran enfermedad que mata cada año un promedio de cincuenta mujeres en España y el gran monstruo que se esconde detrás de esas cifras, el machismo. Que no habla, sino que silencia muchas voces. Que destruye vidas enteras y que tan presente está en nuestra sociedad. Ojalá algún día reco­jamos del suelo la venda que nos tiene tan ciegos y no nos deja avanzar. Ojalá algún día invirtamos en educación y en igualdad, que es invertir en progreso. Ojalá mis hijas no tengan que luchar por unos derechos que siempre debieron pertenecernos. Mientras tanto, querida mamá, espero que te sientas orgullosa de las mujeres que como tú trabajaron de sol a sol, defendieron su independencia y lucharon por las injusticias. Gracias por enseñarme a tratar a mis IGUALES con dignidad.x

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