¿Es el feminismo necesario actualmente?

Son muchas las personas que afirman que vivimos en una sociedad muy avanzada en términos de igualdad y de toleran­cia. “Podéis estudiar, votar, trabajar y ser tratadas con  respeto,

¿qué más queréis?”. “Hay mujeres directivas”. “También hay denuncias falsas”. “A veces las más machistas sois vosotras”. Todo esto son frases que están a la orden del día y que nos hacen plantearnos: ¿es realmente necesaria la lucha feminista o debemos conformarnos? ¿Debemos solo intentar acabar con las violaciones y la violencia de género, o hay feminismo más allá?

Según la RAE, el feminismo (nombre dado por razones históricas) es la ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres. El debate está en hasta dónde llega ese “mismos derechos”.

Por un lado, están los datos objetivos, como que en Europa, menos del 4% de los directores generales de empresas son mujeres o que en España las mujeres cobran en media un 18,8% menos que los hombres según el Eurostat. Y evidente­ mente las numerosas violaciones y agresiones. Aunque a mucha gente esto tampoco le parece demasiado escandaloso (alegando que hemos avanzado mucho, lo cual es cierto y gra­ cias a mujeres feministas) sí que parece que llegue a entender­ se la lucha feminista en este sentido.

¿Pero ya está? No. Para nada. Mucha gente se olvida de esa parte del machismo más escondida que domina la sociedad en la que vivimos. El patriarcado, ese gran desconocido. Aunque mucha gente no lo vea (o no lo quieran ver) es evidente que vivimos en una sociedad dominada en todos los ámbitos de la vida por el hombre, en la que la mujer, por mucha libertad que parezca tener actualmente, sigue sometida a los deseos de los hombres. Y no, nos lo inventamos nosotras. El machismo sale a la luz constantemente, solo que estamos tan acostumbrados que pensamos que las cosas son así y punto.

El machismo sale a la luz cada vez que una chica tiene miedo al volver a casa. El machismo sale a la luz cada vez que un hombre suelta un “piropo” a una chica por la calle cuando ella simplemente está ejerciendo su derecho a ciudadana y no a objeto sexual. El machismo sale a la luz cuando se vende más un producto cualquiera si ponemos a una tía en bolas al lado. El machismo sale a la luz cuando la prostitución femenina es un negocio con más demanda cada año. El machismo sale a la luz

cuando a una mujer se le impone el deber de depilarse, maquillarse y cumplir con ciertos cánones simplemente por ser una mujer, cuando un hombre puede tomarlo en cualquier caso como una opción (ser metrosexual o no). El machismo sale a la luz cuando la industria de la pornografía perpetúa la baja autoestima de las mujeres siguiendo con el estatus de “mujer objeto”. El machismo sale a la luz cuando la educación enseña desde la infancia a los niños a conseguir todos sus objetivos y a las niñas a aspirar al matrimonio y tener hijos.

Si aún no es evidente la opresión del género masculino sobre el femenino, podemos analizar el propio lenguaje, claro reflejo de una sociedad. Cuando se considera “Hombre” como sinónimo de ser humano. Cuando ser una “zorra” es ser promis­ cua y ser un “zorro” ser astuto. Cuando algo divertido es “la polla” y algo aburrido es “un coñazo”. Ser un “cerdo” va con la higiene, ser una “cerda” va con la iniciativa. “Hacer algo como una niña”. “Ser una nenaza”. Y podría tirarme así ocho páginas más.

Si aún seguimos teniendo dudas podemos mirar incluso hasta en nuestras propias emociones. Cuando llorar es para chicas, porque es de débiles. Cuando la ira es para los hom­ bres, que son más machos, no para histéricas. Y por razones como estas, tan arraigadas, en la que la tristeza femenina es un disfraz para la ira, existen más depresiones en mujeres que en hombres. Y por ponerle la careta de la ira masculina a la tris­ teza, otra emoción de lo más natural, existe la violencia de género.

Aún así nos seguirán llamándonos exageradas. Llamándonos exageradas por defender la radical idea de que la mujer es un ser humano. Un ser humano con razón y moral, que es lo que nos hace humanos, y no las diferencias físicas ni los genitales. El feminismo ha de actuar de raíz, desde la edu­ cación, tiene que afectar a la forma de pensar, partiendo de la igualdad de ambos géneros.

Para mí el feminismo es sinónimo de igualdad, de diversidad y de libertad. Combate el machismo y el sexismo, y no es excluyente en derechos, sino que nos beneficia a todos. Combate la idea de etiquetar las actitudes personales dentro de un género.

Que la libertad de nuestro género empiece donde empieza la de los demás.

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