LAS DIEZ DIMENSIONES DE LA REALIDA

Hace poco leí por casualidad en una web de divulgación científica un artículo acerca de la teoría de cuerdas, que es una de las hipótesis acerca de la formación de la materia en el uni­verso. Una de las suposiciones que incluía es la existencia de diez dimensiones, y un gran multiverso, y no solo cuatro como se pensaba hasta entonces. El tema me llamó tanto la atención que seguí buscando información y una explicación que una mente que dejó de estudiar física en primero de Bach y jamás había leído de física cuántica, lograse entender.

Y es que, si es difícil visualizar cuatro dimensiones, imagi­naos diez. Pero me gustaría hacer una explicación muy simplifi­cada de esta teoría (algo que yo entendí y por lo que seguro algún lector entendido del tema me mate, así que pido perdón por adelantado).

En primer lugar, es necesario hacer una breve introducción sobre la teoría de cuerdas. Se trata de una novedosa hipótesis planteada en la segunda mitad del siglo pasado, y que trata de explicar la formación de la materia. Así, establece la existencia de unas pequeñas “cuerdas”, estructuras subatómicas vibrantes que tienen diferentes configuraciones y en función de estas, una estructura u otra. La teoría desarrolla una serie de fórmulas matemáticas (que yo evidentemente no he leído, ni siquiera he hecho el intento de buscarlas), que en esencia predicen la exis­tencia de diez dimensiones en total, y no solo cuatro como nosotros conocemos.

Y una vez explicado esto, pasamos a lo que a mí particular­mente más me llamó la atención, las múltiples dimensiones. Creo que para todos es bastante sencillo imaginarnos las tres primeras. La primera dimensión sería la longitud, es decir, una línea que une dos puntos diferentes. La segunda dimensión es el ancho. Para imaginarlo, basta pensar en una figura geométri­ca como un cuadrado o un triángulo. Sin embargo, para facilitar la comprensión de las posteriores dimensiones, es preferible imaginarse esta como una bifurcación. Es decir, si tenemos una línea que de repente se bifurca en dos, necesitamos una segun­da dimensión para poder representarlo. Y por último la tercera es la profundidad. Esta es muy fácil de imaginar puesto que nosotros mismos somos seres tridimensionales, pero para con­tinuar con la reflexión anterior, debemos imaginárnosla como un pliegue. Imaginemos que tenemos un folio en el que vive un ser bidimensional. Si quisiese viajar de un extremo al otro, realizaría un largo viaje a través de la segunda dimensión, sin embargo, si doblamos el folio de forma que se toquen los dos extremos, nue­stro ser podría viajar en un segundo. Para realizar esta doblez necesitamos de la existencia de una tercera dimensión.    Fácil,

¿no? Pues el resto se pueden entender muy sencillamente empleando esta analogía.

La cuarta dimensión es el tiempo, es decir, la línea que une dos momentos determinados diferentes. Una línea en la cuarta dimensión sería por ejemplo nuestra vida, con un punto inicial en nuestro nacimiento y otro final en nuestra muerte. Como somos seres tridimensionales, solo podemos percibir cortes de esta cuarta dimensión, es decir, el momento, el presente. Y, por supuesto, solo nos movemos en una dirección, hacia el futuro. Para entender la quinta dimensión tenemos que pensar en la bifurcación anterior. Si la línea que formaba la primera dimen­sión se asemeja a la línea que forma el tiempo, la bifurcación de esta línea implica la existencia de una dimensión superior. Pongamos un ejemplo, todos hemos tenido un momento deter­minante en nuestra vida, en la que tomar una decisión iba a con­ducir nuestra vida (nuestra línea) en una dirección u otra, es decir, se formó una bifurcación. La quinta dimensión sería un plano con todas nuestras posibles vidas, nuestras bifurcaciones. Ahora imaginemos que una determinada línea temporal nos conduce a una vida en la que nos toca la lotería y nosotros, sin embargo, en su momento, elegimos la línea en la que no. Para enmendarlo podríamos viajar atrás en el tiempo, hasta el momento de la bifurcación, y cambiar de línea temporal, o bien, realizar un pliegue que aproximara nuestra línea vital a aquella deseada. ¿Cómo? Lo habéis adivinado, a través de una dimen­sión superior, la sexta.

Las dimensiones superiores son algo más complejas, pero se pueden entender igualmente bien con nuestra analogía línea­ bifurcación­pliegue. Así, la séptima dimensión estaría represen­tado por una línea que une diversos puntos. Uno de esos pun­tos sería nuestro universo, creado a partir de unas condiciones iniciales (el Big Bang) que determinan una serie de constantes (la velocidad de la luz, el número de Avogadro, la gravedad, etc). Sin embargo, según esta teoría puede haber diferentes univer­sos creados a partir de diferentes condiciones iniciales y que por tanto tienen constantes diferentes. Todos ellos están unidos en la séptima dimensión. Cada uno de estos universos puede tener diferentes finales, es decir, se bifurca, se ramifica, a través de una octava dimensión. Para haceros una imagen mental, sería como un árbol con diferentes ramas, donde cada rama tiene a su vez varias ramitas más pequeñas. Y, como ya hemos visto antes, si queremos pasar de un lugar a otro aparentemente ale­jado en una dimensión, lo que tenemos que hacer es doblarla a través de la inmediatamente superior, la novena.

Y de esta forma, si unimos todos estos posibles universos con múltiples y diferentes condiciones iniciales y aún más diver­sos finales, y los abarcamos en un punto, obtenemos la décima dimensión, un multiverso donde todo es posible y a la vez nada lo es, pues todo existe y a la vez nada existe. El infinito. Una posible imagen de Dios.

(Nota: espero que hayáis entendido algo y no os hayáis quedado como si acabaseis de leer algo en chino, a mí me costó un par de veces o tres llegar a hacerme la imagen mental)

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