¿Machismo? ¿Mercadotecnia? ¿Polémica absurda?

Lo que sí está claro es que el hecho de que unas azafatas guapas y con buen cuerpo entreguen los premios a los triun­fadores en competiciones deportivas no nos acerca a la igual­dad. Siempre se ha visto como una tradición y nadie se había parado a pensarlo (o no con tanta repercusión) como hasta ahora.

La función que desempeñan las azafatas es la de entregar premios y, a su vez, patrocinar una marca que, normalmente, viene implícita en minifaldas o escotes. Ellas defienden que es su trabajo, no se ven como “objetos” o “trofeos”. No menospre­cio su profesión, pero sí que es verdad que ésta fomenta el pro­totipo de belleza femenina, donde la mujer marca un estereotipo. En deportes como el fútbol, las autoridades correspondientes son las encargadas de entregar los premios, y ¿por qué no lo son en las demás competiciones? Tal vez, porque ese estereotipo es el que buscan los patrocinadores.

Para los más acérrimos a estos deportes que se aferran en justificar esta polémica (absurda, según ellos) en la tradición, sólo se me ocurre una solución: que cualquier tipo de mujer pudiera ejercer como azafata. Como dijo Leon Bignell, ministro de deportes de South Australian, “no tiene ningún sentido que el Gobierno pague a las azafatas del podio al tiempo que finan­cia tratamientos psicológicos para ayudar a chicas jóvenes con trastornos provocados por su imagen corporal”.

El ciclismo ha entrado con fuerza en esta batalla, mientras que en otros ámbitos, como los deportes del motor especialmente, aún hay mucho trabajo pendiente.azafatas tengo el poder

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