¿POR QUÉ FENIMISMO?

Sería fácil responder ¿y por qué no? Pero eso no me supon­dría ningún esfuerzo, y siempre me han gustado los retos. Quizá definir un momento exacto en el que me hice feminista sería prácticamente imposible, pero podría acordarme cuando me topé por primera vez con la palabra feminismo en términos más formales. Estaba en primero de bachiller, llegó mi profesor de Historia a clase, se sentó y empezó a leer frases de grandes figuras, desde Aristóteles pasando por Rousseau y Nietzsche hasta llegar a Churchill. Según Napoleón, las mujeres solo servíamos para dar hijos, o Calderón de la Barca que decía que las mujeres no deberíamos aprender gramática si sabíamos coser. En menos de dos minutos, el ambiente de clase se tensó, a nadie le gusta que le recuerden que vivimos en un mundo donde tu valor social es insignificante. Y si no no hay más que  ir a la RAE y buscar la definición de sexo débil. La clase continuó explicando las 3 olas de feminismo, hablando de la Declaración de Seneca Falls y como Emmeline Pankhurst con­sigue el voto en Gran Bretaña. Después llega Simone de Beauvoier con El segundo Sexo afirmando que se aprende a ser mujer. Tampoco hay que olvidar a Clara Campoamor, que luchó y defendió el voto de todas las españolas, sin importar su clase social o raza. Creo que se me fueron quedando cada una de las mujeres grabadas en mi mente que se nombraron, agradecién­dolas una a una lo que han hecho por nosotras. Después vas conociendo las diferentes soluciones que da cada corriente. Te encuentras con el transfeminismo y Judith Butler la intersec­cionalidad de Kimberlé Williams Crenshaw o el feminismo rad­ical de Kate Millet.

Hoy en día se dice que el feminismo está de moda, y mejor el feminismo que las botas blancas. Quizás se dice esto porque en la actualidad han dejado de normalizarse situaciones machistas que antes eran el pan de cada día. Y sin embargo, se sigue sin entender que feminismo es igualdad entre hombre y mujeres, se sigue sin comprender que en pleno febrero de 2017 ya haya 23 asesinadas de las cuáles, más de la mitad habían denunciado (resulta que una denuncia no arruina la vida a los hombres). También  se habla bastante de feminismo    “nuevo”,

sinceramente yo no creo que haya nada nuevo en el feminismo, se sigue luchando por la igualdad y el empoderamiento de las mujeres. Es curioso cuando hacen referencia a las sufragistas como las feministas de verdad, quienes destrozaban todo lo que se encontraba en su camino. Siempre se cuenta la anécdota de que en Inglaterra en el siglo XIX las sufragistas preguntaron al director de un pabellón que por qué las mujeres no podían entrar, a lo que él respondió: “las mujeres sí que pueden entrar, sino quién prepararía el té”. Bueno, al día siguiente apareció quemado dicho pabellón. Entonces, es llamativo cuando nos lla­ man violentas, ya que como empecemos a quemar en base a chistes machistas, el Ayuntamiento de Valladolid habría ardido hace un par de años. Sí por suerte o por desgracia, las cosas han cambiado y, como la sociedad ha evolucionado, el feminis­ mo también. Ahora el feminismo ha dejado de denunciar el sufragio femenino y se plantea cuestiones como la brecha salar­ ial, la ablación o la prostitución. Ahora bien, hay que ser críticas, en mi opinión tenemos que apartar un poco los asuntos como la depilación y centrarnos en los aspectos que suponen un proble­ ma para la integridad de niñas y mujeres.

No sé nos puede olvidar mencionar a un término que existe dentro del feminismo, una palabra preciosa y muy desconocida, la sororidad. Es tan desconocida incluso por los diccionarios y tan bonita por su significado. Al menos a mí me ha cambiado en muchos sentidos mi forma de actuar, la sororidad hace referen­cia a la solidaridad entre mujeres, deriva de la hermandad, que como mujeres iguales se apoyan, comparten las situaciones que todas viven y comprenden para cambiar su realidad. La sororidad viene de la voz latina sóror (hermana), que equivaldría al patrón lingüístico de la palabra fraternidad. Viene a significar que las demás mujeres no son tus rivales, sino tus compañeras. Para mí eso es el fruto del feminismo, avanzar a una sociedad mejor. O como dice Rebecca West, “Yo lo único que he sido capaz de averiguar de lo qué es el feminismo es lo siguiente: sólo sé que la gente me llama feminista siempre que expreso sentimientos que me diferencian de un felpudo”.

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