SAÚL CRAVIOTTO, UN POLICÍA DE ORO, PLATA Y BRONCE

Saúl Craviotto, nacido en Lleida en 1984 es un tipo normal.

Sí, es olímpico en la modalidad de piragüismo en aguas tran­quilas. Y sí, ya suma cuatro medallas desde que debutó en Pekín 2008 hasta los pasados juegos de Río de Janeiro. Además, se encuentra tan solo a una medalla de diferencia de David Cal, el deportista español con más metales en unos jue­gos hasta la fecha.

Sin embargo, su vida, sus costumbres y su rutina es idénti­ ca a la de cualquier persona de a pie. Este palista, pese a su bri­ llante palmarés, continúa siendo un auténtico desconocido para una notoria parte de los españoles. Prueba de ello es que ni siquiera en la ciudad de Gijón, donde reside, lo reconocen (quizás el motivo sea que lo ven con el uniforme de policía, que “camufla” a este exitoso deportista a diario). De cualquier mane­ ra, él es capaz de pasar desapercibido durante cuatro años, hasta que le toca salir en televisión por haber alcanzado una vez más la gloria olímpica y de paso, para seguir reconociéndose como un tipo normal, pero con un talento extraordinario para su deporte.

A sus 32 años, Saúl es ya uno de los grandes activos del deporte español. Se estrenó como deportista olímpico en la cita de Pekín 2008 de la mejor manera posible: alzándose con la medalla de oro en la categoría de K2­500 junto con su com­pañero de profesión y amigo Carlos Pérez Rial “Perucho”. Sin embargo, esta dupla no pudo hacer valer su favoritismo de cara a los siguientes juegos, ya que en el preolímpico, a falta de 30 metros para la meta, una ola desestabilizó su kayak y perdieron su plaza. Pero, a pesar de este palo, Saúl preparó a conciencia la prueba de K1­200, donde sí que logró obtener la clasificación para Londres, lugar en el que a la postre se alzaría con la pre­ sea de plata, aumentando su palmarés y también sus expectati­vas de cara a los siguientes juegos que tendrían lugar en Río.

Y bien, como ya todo el mundo sabe, en la pasada cita olím­pica en Brasil, Saúl no falló una vez más, dejando entrever que en las grandes ocasiones se crece y saca a relucir todo su potencial, intentando que el duro trabajo que lleva a cabo duran­te 4 años dé sus frutos en una prueba que dura tan solo unos instantes, por lo que cualquier error se paga caro.

En Río de Janeiro, primero dió la campanada junto a Cristian oro en la categoría de K2­200 consiguiendo el oro contra todo pronóstico, avisando a posteriori en la rueda de prensa de los medallistas que “la bestia se había despertado”. Y dicho y hecho, pues ese mismo sábado volvió a conseguirlo, conquis­tando en este caso el bronce en K1­200 tras una ardua carrera en la que tuvo que remontar en los metros finales al verse las­trado al inicio por una mala salida. Quién sabe si, de haber con­seguido un mejor inicio en la prueba, hubiese logrado alzarse con su segundo oro en Brasil a tan solo unos pocos días de diferencia del ya logrado.

A pesar de todos los éxitos logrados en las 3 citas olímpicas en las que ha participado, tras haber visitado el firmamento, tras saborear la gloria olímpica y comérsela a bocados, este gran­dullón de casi 2 metros de altura y casi 100 kilos de peso, vol­verá a colocarse su uniforme de policía, a arrancar el coche patrulla y a continuar con la vida anónima que lleva entre cada cita olímpica, aunque con el objetivo siempre presente, eso sí, de llegar en plena forma a Tokio 2020 donde intentará, una vez más, colgarse al cuello todas las medallas que se le pongan a tiro, lo cual le convertiría, aún más si cabe, en una leyenda viva del deporte olímpico español.2

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