Soy de letras y no soy mas tonta que tú

“¿Eres de letras o de ciencias?” “¿Qué estás estudiando?” Creo que no me equivoco si digo que todos vosotros habéis escuchado alguna de estas preguntas en este mes de novatadas. Sin ir más lejos, todos los novatos informan a los ilustrísimos e ilustrísimas veteranos y veteranas de su nombre, apellido,  procedencia,  carrera universitaria,  estado  civil y,  a veces, hasta de su DNI y grupo sanguíneo.

Este nuevo curso, la mayor parte de los nuevos residentes, como novedad, se ha matriculado en alguna Ingeniería o en Medicina y, dada la dificultad y duración de dichas carreras, tienen la suerte de no recibir ciertos comentarios y bromas acerca de su coeficiente intelectual. Es algo innegable que un grado de Ingeniería, del tipo que sea, requiere muchas horas de estudio y de práctica; está claro que todo no se aprende sólo con ir a clase y que se necesita inteligencia y mucha paciencia, creo yo, para sacar todo adelante a la primera. Por otro lado, nuestra amiga la Medicina exige tiempo, tiempo y más tiempo a los que se dedican a su estudio, quienes, además, deben tener en mi opinión valor y muchas ganas para dedicarse el día de mañana a salvar vidas.

En menor medida, nos encontramos con Economía, Nutrición, Arquitectura, Comercio, ADE o Matemáticas, carreras que no son tan “famosas” como las anteriores, pero a las que tampoco se las tacha de inútiles o simples. Digamos que son carreras originales, de las que no todo el mundo se matricula, pero que en cierta medida son chulas e intere­s antes.

Y luego, estamos “los de letras”, los vagos, los que no hacemos nada y aprobamos. Además, las letras, ¿para qué sirven? Para nada. Somos los que solo sabemos memorizar y ya está, nada más. Hacemos cuatro resúmenes de cada tema, como mucho cinco o seis, y después de cuatro años, gradua­ dos. Qué fácil todo, ¿verdad? Vale, bien, si estás de acuerdo con esto, enhorabuena: este artículo va dedicado a ti. Sí, lo siento, tienes que seguir leyendo. Las letras son, para aquellos que no lo sabéis, mucho más que eso. Con carreras de letras aprendemos a desarrollar, a argumentar, a escribir, a concluir, a debatir y a escuchar. También aprendemos a comprender y a razonar, pero desde un punto de vista diferente. Todo esto es la base de un grado de letras y nuestro objetivo como alumnos es aplicarlo al ámbito en el que hayamos elegido espe­ cializarnos en la Universidad. Son los conocimientos adquiri­ dos en las carreras de esta rama los que, de alguna manera, se ponen en práctica todos los días en las noticias, en los periódicos o en los artículos de Código Nuevo de Facebook, por lo que necesitamos saber algo de ellos para entender    lo

que ocurre en el mundo. El Derecho, la Política, la Historia, el Arte, el Cine o el Teatro son temas de los que aprendemos cuando viajamos, de los que discutimos en las cenas famil­ iares de Navidad y de los que hablamos con nuestros amigos. En cierta medida, en mi opinión, creo que son los valores que inculcan las asignaturas de letras, como la filosofía o la liter­ atura, las que nos ayudan a entender la vida y nos forman como personas.

Por otro lado, desde mi punto de vista, todo lo que nos enseñan a los letrasados es NECESARIO para cualquier estu­ diante universitario. Cualquier persona que quiera conseguir un buen puesto de trabajo, algún tipo de reconocimiento o tra­ bajar, sin más, debe (y digo “debe” porque debe) tener forma­ ción tanto en materias de letras como de ciencias. Un médico, por ejemplo, que haya descubierto la cura contra el cáncer ten­ drá que explicar el procedimiento que ha seguido para ello. ¿Y cómo lo va a hacer si no sabe desarrollar un tema, si comete faltas de expresión o si no sabe hablar en público? ¿O cómo va un ingeniero, que comete faltas de ortografía o que no haya leído un libro en su vida, a presentar un proyecto en el cuál todas las ecuaciones habidas y por haber son   solucionadas?

¿Vosotros daríais trabajo a alguien, tanto de letras como de ciencias, que no sabe expresarse y al que no es posible enten­ der? Supongo que la respuesta es no, y si es así, me doy por satisfecha.

No quiero que ningún médico, matemático, biólogo o inge­ niero se sienta ofendido. No estoy generalizando y tampoco estoy dando por hecho que seáis unos catetos, porque sé que NO es así. Sé que la mayor parte de vosotros habéis supera­ do la etapa de menospreciar otras carreras y dais el valor que se merece a las letras. Sin embargo, quería escribir este artículo para aquellos que aún se consideran mejores per­ sonas que otras por pertenecer al campo de las ciencias. Supongo que al no estar en nuestro lugar, os resulta difícil creer que haya tanta gente tan tan tan torpe como para reírse de nosotros en nuestra propia cara. Pero sí, por desgracia, muchos compañeros se pasan de la raya y nos faltan al respeto sin ningún tipo de tapujo. Mi objetivo con este casillero no es devolveros la pelota y meterme con vosotros, sino defender a los estudiantes de letras de tanto ataque. Sólo quiero recordar el valor de nuestras carreras y asignaturas, sin infravalorar las vuestras y ni mucho menos sobrestimar las nuestras. Sí, sois unos cerebritos y nadie nunca ha puesto en duda vuestro talento, pero tampoco vosotros pongáis en duda el nuestro porque necesitáis nuestros conocimientos mucho más de lo que os pensáis.

casillero

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