TENGO UN SUEÑO

Tengo un sueño, un sueño lejano, el sueño de que un día todos los humanos aceptemos el hecho de que estamos conectados con los animales, aunque seamos incapaces de comunicarnos entre nosotros. El sueño de que un día por fin los respetemos, de que no los torturemos, esclavicemos o mal­tratemos sin ni siquiera inmutarnos con su dolor; de que comprendamos de una puñetera vez, y perdón por la expresión, que son seres sin tientes y no objetos.
Sinceramente, espero que dentro de unos años, con suerte, o dentro de unas décadas, nuestros hijos miren atrás y se horroricen al ver cómo tratamos hoy a los animales. Muchos me llamaran loca por comparar esto con la esclavitud o con la segregación racial que se vivía años atrás, pero dime en qué se diferencia la barbarie, la ignorancia o los rancios prejuicios en ambos casos. Dime si no crees que alguien que considera que un negro es inferior a él solo por su color de piel, no sea muy parecido a alguien que cree que los animales lo son también, tan solo por el hecho de serlo. Y aunque lo sean biológicamente hablando, me da igual, dime quiénes somos para cometer cualquier salvajada con ellos.
Desde que soy pequeña, le pongo los toros a mi abuelo, y la verdad que seguiré haciéndolo mientras a él se le ponga esa cara que para mí es inexplicable. Para ser sincera, aunque no me gustan, he vivido con ellos toda mi vida, y no es una excusa para defenderlos que para tu entorno sea tradición. Me considero una persona capaz de crecer, evolucionar y tener mis propios valores. Sé que a mi abuelo ya no le puedo cambiar la mentalidad que tiene, y tampoco quiero, pero espero que nuestras generaciones luchen, no solo contra la cultura taurina, sino contra la explotación y la experimentación que sufren para que podamos disfrutar nosotros de ciertos productos.
Los animales poseen menos inteligencia, obvio, pero tienen conciencia, sufren y son muy inteligentes. Por eso deberíamos protegerlos, igual que el grande protege al pequeño o las madres protegen a sus hijos, porque no pueden defenderse contra eso en lo que nos hemos convertido. Algunos animales, como los delfines, utilizan incluso el 20% de su cerebro. El cuervo fabrica herramientas y los perros asocian palabras con acciones.
Einstein decía que, para ser un buen científico hay que creer durante una hora al día lo contrario que uno piensa. Creo que para ser un buen ciudadano, también habría que hacer lo mismo y ponerse en la piel de los demás por un segundo. Así,quizá,seamos muchos más los que soñemos.

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