Y Eloisa resucitó

Hace un año, el grupo de Teatro Alfonso VIII parecía estar preparando la que fuera su última actuación. Según cuentan, esta comisión, por diversos motivos, había dejado de ser la gran comisión por excelencia de la residencia: el buen rollo entre los participantes había desaparecido sin dejar huella. Por ello, cuando las tutoras se vieron al mando de la misma, tenían pocas –si no ningunaesperanzas de sacar adelante algo decente. Y qué sorpresa y qué alegría que, un año después, podamos decir oficialmente que esta comisión ha vuelto a sus orígenes. “Eloísa está debajo de un almendro” ha sido la obra representada de este curso. Esta comedia de Jardiel Poncela regala al público por partes iguales dosis de humor absurdo y de misterio. Cuenta
la historia de dos familias entrelazadas por el amor de los protagonistas: Mariana Briones y Fernando Ojeda. Ella está completamente enamorada del secreto que él le oculta y él, también locamente enamorado, está convencido de que es la clave del misterio que se desarrolla en su casa. Ambas familias están locas de atar: un hombre que viaja sin salir de la cama, un asesino de ¿mujeres?, dos criados al borde de un ataque de nervios, una
mujer obsesionada con ladrones… Una trama de lo más divertida y enrevesada que los espectadores disfrutan como nunca. Pero yo, Beatriz Caraballo, no voy a utilizar esta sección para hablaros de los Briones y de los Ojeda (estas familias son para un noticiero entero) sino que voy a hablar detenidamente del grupo de Teatro de este año. Empezaré con las seis personas más importantes de este proyecto: Paula, Irene, Jorge, Mercedes, Ochoa y Jaime. Por un lado, es preciso mencionar de un modo especial a las tutoras, Paula e Irene, quienes, sin apenas experiencia en este arte, han sabido crear el buen ambiente necesario para que todos los participantes se sintieran cómodos y no perdiesen las energías en ningún momento, mientras que se dejaban la piel para que todo saliera adelante (lo cual no resultaba muy fácil de compaginar): han sido las responsables de organizar el montaje del atrezzo, publicitar la obra pegando carteles y escribiendo a periódicos e incluso a radios, vender entradas, conseguir financiación y, sobre todo, encontrar buenos directores para la obra. Afortunadamente, con la ayuda de los exresidentes, Ochoa y Jaime, encontramos a Mercedes y a Jorge. Éstos han sido los encargados de dirigir esta obra y aquí, tengo que decir como actriz, que no lo podían haber hecho mejor. Han trabajado con
cada personaje cada detalle, cada frase, cada gesto y cada movimiento; nos han guiado de la manera más sabia y sencilla posible y así han conseguido que nos divirtiésemos con nuestros personajes, que jugásemos con ellos, que los viviésemos intensamente. Gracias a ello, todos los participantes de esta comisión hemos aprendido, crecido y madurado durante estos meses en cada ensayo. Ha sido un proceso muy lento que, durante el fin de semana en el que se llevaron a cabo las tres actuaciones, ha explotado en todos nosotros. Nos hemos crecido en el escenario, hemos dado lo mejor de nosotros mismos, nos hemos apoyado y ayudado y, sobre todo, hemos sentido. Cada palabra que ha salido de nosotros ha provenido del corazón. Y se ha
notado. El público lo ha notado, lo ha disfrutado, lo ha vivido con nosotros y por ello, el domingo 2 de abril, último día de actuación, la Sala Borja estaba al completo. Respecto a los personajes, mis compañeros, creo que también es necesario dedicarles unas líneas. Cuando el proyecto comenzó en octubre, apenas tenía relación con la mayor parte de ellos. Más de un año viviendo juntos y casi ni les conocía. Por lo que imaginaos mi sorpresa cuando el último día de actuación, de repente y sin venir a cuento, me di cuenta de lo importante que habían llegado a ser para mí y del cariño que les
había cogido a todos ellos. Ahora siento que el grupo de teatro de este año es una nueva familia para mí. Las noches ensayando más de 2 horas, los nervios, los vestidos prestados, junto con las risas, el agobio y la tensión detrás del escenario, unen mucho más de lo que yo jamás pensé. Me habéis inspirado, motivado, divertido, aguantado, sacado de quicio, apoyado,… de tal forma que os merecéis el aplauso más largo del mundo. Tengo que deciros que gracias en gran parte a vosotros me he sentido parte de esta residencia. Ahora sí que sí me siento como en casa, rodeada de los míos, de gente que me importa de verdad y que me importa a mí. Jamás he vivido una experiencia tan bonita, gratificante y divertida. Mariana hoy es parte de mí y todos vosotros también.

Por último, me gustaría también mencionar al equipo de atrezzo. Este año el decorado ha sido una locura. Por un lado, teníamos una casa llena de muebles: que si una cama escondida detrás de un biombo, que si búhos, que si relojes, que si bustos, que si un armario de 300 toneladas,… Por otro lado, necesitábamos un montón de pequeños objetos, detalles fundamentales para el desarrollo de la obra. La caja de música, el retrato, el cuchillo, las hojas de almendro, el ozonopino, el periódico,… le ha dado al equipo más de un quebradero de cabeza. Afortunadamente, siempre se cumple eso de que el esfuerzo trae su recompensa y todas las horas metidas dieron sus frutos. ¡Consiguieron tenerlo todo listo para los ensayos generales! Pero lo más sorprendente, fue la coordinación que logramos entre todos para cambiar esas locuras de escenarios de un acto a otro, en tan solo 3 minutos. Gracias a todos los integrantes del equipo, habéis sido indispensables y lo habéis hecho estupendamente bien. Yo, Fuen Sombría, quiero empezar secundando cada una de las palabras anteriores, no podría estar más de acuerdo: en cuanto a la resurrección de la comisión, el magnífico trabajo de tutoras y directores, el esfuerzo del grupo de atrezzo, la familia que hemos creado… en fin, todo. Para seguir, mencionar que el lunes de la semana del estreno no nos hubiéramos creído que esto iba a salir ni la mitad de bien, pues faltaban escenas por montar, mucho agobio, el atrezzo se iba descuajeringando la semana de antes… por no hablar del primer día que lo llevamos todo a la Borja, que fue el mayor caos de todo el proceso (aunque ni siquiera ahí faltaron las risas). Pero de repente, estábamos estrenando y todo iba de maravilla, sin ningún tipo de percance, fue mágico. Además, al público le encantó. Recibimos un sinfín de felicitaciones sinceras, y eso, aparte del esfuerzo y trabajo previo, se debe sobre todo a la atmósfera de compañerismo y apoyo que ha existido detrás del telón. Desde mi punto de vista, esas ganas y esa ilusión se han transmitido al público. Se notaba que nosotros estábamos disfrutando y por tanto, el público disfrutó con nosotros, y no nos podíamos ni imaginar lo gratificante que eso iba a resultar. Así que gracias a todos los actores, y sobre todo a los directores, porque sois los que habéis creado esa atmósfera, y lo habéis hecho de diez. Y quiero seguir, dando a las gracias a todos y cada uno de los participantes. No se puede explicar con palabras lo que hemos vivido. Y ya no hablo solo de lo que a la representación de la obra se refiere, sino de la unión que se ha creado entre todos nosotros – y teniendo en cuenta que estamos hablando de unas 40 personas, pues ya es deciren todos los momentos que hemos pasado fuera de la Borja. Nunca nos vamos a olvidar de ninguna de esas tres noches, tanto en las cenas de la Delibes como en la cena del chino, en las que se respiraba felicidad allá donde fijaras la mirada, incluso en las lágrimas de la cena del chino (que fue el día de los llantos por excelencia), todas de alegría y de emoción. Pero lo más fascinante, es saber que lo puedo decir en nombre de todos. De hecho, tanto es así, que prolongamos la rutina de juntarnos cada tardenochemadrugada hasta las vacaciones de Semana Santa (solo dos días más, no preocuparse), porque “no queríamos que esto acabara nunca”.
Dicho esto, GRACIAS tutoras, GRACIAS directores, GRACIAS personajes, GRACIAS atrezzo y GRACIAS a toda la residencia que se ha volcado durante estos tres días, y GRACIAS a la residencia por darnos cada año esta oportunidad. Habéis conseguido rescatar Teatro. Habéis conseguido que sea una experiencia preciosa e inolvidable. Habéis conseguido formar una nueva familia. Habéis conseguido que nos vayamos a Soria a repetirla. Habéis conseguido resucitar a Eloísa en plena actuación para disfrutar de esta maravillosa obra de arte.

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