La venganza de Gaia tendrás

Para comenzar, me gustaría aprovechar para hacer una breve reflexión acerca de lo que considero supone nuestra existencia, la humana, en la Tierra. Somos un virus, un cáncer, una aberración, un caos, una majadería… y, aunque pueda sonar hipócrita, lo cierto es que miles de millones de seres vivos
agradecerían, en su ignorancia, nuestra desaparición. La naturaleza es cruel, “el pez grande se come al chico”, y mientras nosotros devoramos hasta los cimientos de nuestro planeta. De las miles y miles de especies que hay en nuestro astro, debemos tener presente que nosotros constituimos únicamente una, ni siquiera de las más numerosas, y, sin embargo, hemos conseguido alterar todos los ecosistemas del mundo. A peor, por supuesto. En este pequeño análisis voy a dejar de lado todo el mal que causamos con los gases de efecto invernadero que expulsamos a la atmósfera, a pesar de existir técnicas que podrían reducirlos sustancialmente (efectivamente, económicamente no interesa); voy a dejar de lado también todos los recursos que esquilmamos diariamente de los distintos ecosistemas, ya sea por la pesca, la quema de bosques para el cultivo, la tala masiva de leña en las grandes selvas, etc.; incluso, voy a dejar de lado otro tipo de actividades quasi delictivas, al menos moralmente, como la introducción de especies alóctonas en ecosistemas estables, la caza legal, el maltrato animal en los festejos, y un largo etcétera. Como veis, somos totalmente respetuosos con el medio ambiente. Pues bien, quería dedicar mi artículo expresamente al tráfico animal en todas sus variantes. Con tráfico animal no se entiende únicamente la captura de animales en su medio natural para su posterior venta a, permitidme la expresión, indeseables con dinero, sino que también incluye apalear crías de foca para quitarles la piel; aporrear mapaches, hurones, zorros, visones, martas y otros mustélidos con el mismo fin; cazar elefantes para quitarles los colmillos, o rinocerontes por los cuernos, y así podría continuar veinte líneas más. Esta práctica mueve millones de dólares al año y da de comer a muchas familias, lo que no por ello la hace menos bárbara. Curiosamente, el argumento del trabajo y el dinero es uno de los que muchos taurinos utilizan para perpetuar la tauromaquia en nuestro país, pero ese no es el tema que nos atañe en este momento. El facto de esta práctica es que estamos eliminando fulminantemente especies enteras de la faz de la tierra sin el menor atisbo de culpabilidad y lo peor es que la finalidad de estas muertes es, básicamente, decorar casas y cubrir cuerpos humanos, es decir, se matan animales para hacer bolsos, ropa y tallas para la decoración del hogar. ¿No os parece inabarcable la mezquindad del ser humano? Somos el ser vivo más poderoso de este planeta y en lugar de utilizar ese poder para crear ecosistemas sostenibles y biodiversos, aniquilamos especies para hacernos abrigos y adornos de marfil. ¿Soy al único al que le parece absurdo?

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