PERIODISMO DEPORTIVO

Durante la reorientación, el sujeto construye un nuevo marco espacio­temporal, intenta iniciarse en una actividad física o intelectual si se le permite. Se cronifica el estrés y la autoestima del sujeto depende de su capacidad para adivinar los movimientos del captor, al que percibe como una fuente de información. En la última fase, el individuo que se haya demasiado fragmentado psicológicamente, si no puede refugiarse en una parte de su universo afectivo para obtener la seguridad que le falta, recurrirá al foco del poder en su situación actual: el secuestrador. Lo que realmente diferencia al SIES del Trastorno de Estrés Post­traumático es que durante la fase de adaptación, el sujeto supera la indefensión aprendida (el comportamiento pasivo) para posicionarse a favor del marco que dibujan sus nuevos referentes. El sujeto se identifica con el agresor y en un protodelirio dirige sus mínimos recursos a la protección de su nuevo marco espacio­temporal, proyectando la culpa que siente debido a su indefensión hacia el exterior, fundamentalmente contra aquellos a los que el secuestrador (su principal referente) considera sus enemigos La posición del secuestrador también es complicada. No debe dar demasiada importancia a las necesidades del rehén para evitar que reaparezca la frontera de la identidad, pero debe estarle agradecido por no reclamar su atención crítica. Como consecuencia no es poco frecuente que el secuestrador experimente sentimientos positivos hacia la víctima, los cuales le llevan a incrementar gestos amables que aumentan “the small kindness perception”: una pequeña señal de amabilidad, una sonrisa, la entrega de comida, un comentario amistoso… Sobre todo durante las fases de afrontamiento y de adaptación. ¿Por qué resulta tan importante? Porque el germen del SIES se llama esperanza, que permanecerá viva según la voluntad del secuestrador. En el momento en el que haya comunicación habrá agradecimiento. No es aconsejable irritar al secuestrador, por tanto es necesario entenderlo. El rehén calcula las posibles reacciones del secuestrador. No es algo raro, en una conversación dialógica tenemos expectativas, pero en el SIES la víctima no puede cometer ningún error, por lo que no puede regresar de la perspectiva del SIES a la suya propia. El “Yo” del secuestrado se funde con el del secuestrador. Al fortalecer al secuestrador, el afectado se fortalece a sí mismo, a la vez que está a la expectativa de la reciprocidad, espera la liberación. Nos hallamos ante un mecanismo de reducción de estresores que intenta reequilibrar el marco de un trauma psicológico, por lo que no debería ser confundido con una mera identificación empática observada en una situación de riesgo donde puede generarse algún tipo de percepción compartida entre personas sanas.

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