SOBRE LOS TOROS

Torear es cultura, pero no es arte. Es evidente que el toreo forma parte de nuestra historia y tradición, pero no por ello debe considerarse un arte. Hace tiempo ya que dejamos de tirar a las cabras desde los campanarios de los pueblos y también se consideraba cultura y tradición. Ahora bien, aunque para mí no existe posibilidad de disfrutar de ese tipo de espectáculo, no vengo a decir a nadie lo que le debe o no gustar; pero lo que sí tengo claro es que no voy a aguantar comentarios sobre si el toro no sufre o si el toro ha nacido para morir en el campo. El primer mito que todos hemos oído alguna vez es que el torero se expone a un gran peligro mortal y por ello, es un acto de valentía. Ahora bien, desde 1985 sólo han muerto 2 toreros en España: José Cubero Sánchez conocido como “el Yiyo” y Víctor Barrio en 2016. Es cierto que estos datos aumentan si se contabilizan los toreros muertos en todo el mundo o si se añaden fiestas como los Sanfermines. Y digo que sólo han muerto 3 porque si los comparamos con el resto de trabajadores existe una diferencia abrumadora: en 2015 murieron 608 empleados, es decir; alrededor de 10 trabajadores a la semana y aproximadamente en 2016 ha muerto unos 567. En absoluto estoy justificando sus muertes ni digo que no puedan sufrir heridas graves, que siempre hay que andar con los pies de plomo con estos temas, sólo quiero señalar que las muertes en esta profesión para nada son de las más altas en España. El riesgo que puede tener un torero, dadas las medidas de seguridad impuestas, es muchísimo menor que el que puede tener un obrero de construcción o un percebeiro. El Toro de Lidia se extinguiría sin el toreo, por eso mejor los matamos nosotros. Me encanta esa preocupación que existe por la extinción de animales que no están en peligro de extinción. Si dedicásemos una cuarta parte de lo que invertimos en la tauromaquia en reservas naturales para las Dehesas y el Toro Bravo, no habría ningún problema en abandonar dicha práctica. Otra frase que seguro que se te ha cruzado en alguna conversación es que ir en contra del toreo es ir en contra de la tradición y la cultura española. Este tipo de comentarios se conocen como Argumento ad antiquitatem o apelación a la tradición. No por ser antiguo es bueno. Por suerte, la sociedad ha avanzado, y la afición que existe hoy en día a la tauromaquia no es comparable a la que existía hace años. En los últimos diez años, la afluencia de estos eventos ha disminuido hasta la mitad. Y si hablamos de acontecimientos como el Toro de la Vega, que eso sí me parece una autentica crueldad. Una multitud de hombres a caballo con lanzas en contra de un pobre animal que intenta huir y que si tiene algo de suerte, podrá sobrevivir al cruzar los límites del prado. Lo curioso de esto es que sólo dos toros han sido indultados: en 1993, el toro murió tras el torneo por las heridas recibidas y en 1995, el otro toro que consiguió sobrevivir, la Guardia Civil tuvo que matarlo ya que el toro se había escondido y no podían dar con él sin poner en peligro a la población Pero una parte sustancial de todo esto, que pocas veces se comenta, son los intereses económicos. La tauromaquia mueve una gran cuantía de dinero. Eliminar una actividad, aunque a algunos les cueste reconocer, que da dinero es muy complicado. En mi opinión, el trabajo que hacen algunas organizaciones como PACMA o AVATMA (Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal) concienciando y luchando por los derechos de los animales es la vía que hay que seguir. Cuando se acabe la demanda de la tauromaquia, se acabaran la tauromaquia. No tiene ningún sentido amenazar a toreros, mientras haya gente que le guste ver la muerte de un pobre animal indefenso en una plaza.sobre los toros

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