DEL CIELO AL INFIERNO

5 de julio de 2011. La llama de la Cultural se apagaba lentamente.

Los impagos y la mala gestión del club sacan a las calles leonesas a cientos de aficionados cuya misión era hacerse oír, reanimar al viejo paciente que todos daban por muerto. “Desaparece la histórica Cultural Leonesa” rezaban los diarios al día siguiente, no había vuelta atrás. El descenso administrativo se hizo palpable y no se sabía a ciencia cierta si el club seguiría compitiendo.


La siguiente campaña comenzó con un equipo roto, repleto de jugadores canteranos que, sin recibir un solo euro, compitieron en la tercera división más que dignamente. Una renovada directiva con gente “de la casa” fue sacando adelante el proyecto no sin superar duros escollos financieros día tras día. Poco a poco, el club dejó de zozobrar
por el bravo mar financiero y consiguió algunos fondos para pagar a jugadores y conseguir el ascenso a la categoría de bronce español. Aún recuerdo con nostalgia aquellos partidos invernales con temperaturas bajo cero en las que solo unos 300 valientes, entre los que me incluyo, disfrutábamos del fútbol, por llamarlo de alguna manera, que ofrecían una quincena de valientes defendiendo el escudo blanco.
Tras el ascenso todo fue más sencillo. A mediados de temporada llegaron rumores deque unos cataríes (sí, unos jeques) se habían interesado por el club y pretendían establecer un proyecto deportivo de garantías. La ciudad cazurra atraía al dinero catarí y, en 2015, el sueño se hizo realidad. Los petrodólares llegaron a León con gran acogimiento por parte de la afición, que ya superaba el millar por aquellos tiempos.

“SIEMPRE FIELES”, decía mi antigua bufanda que por aquel entonces presenciaba, junto con unos pocos miles de aficionados, todos los encuentros del equipo de la capital. Y sí, digo de la capital porque nuestros “queridos” vecinos del Bierzo disfrutaban en la segunda división y no dejaban de regocijarse de la situación leonesa. Ahora las tornas han cambiado por más que  a alguno le escueza más de la cuenta.

El verano de 2016 fue, para el aficionado, otra época más de incertidumbre; sin embargo, algo sería diferente aquel año. Las victorias comenzaron a llegar, empezaban a despuntar algunos jugadores, hasta el mismísimo Real Madrid jugó en León un partido de copa. Todos estos ingredientes calaron en el ciudadano leonés e hicieron aumentar con creces la masa social que arropaba al equipo. A final de temporada más de 10.000 espectadores colmaban el Reino de León y el ascenso no se hizo esperar. ¡La Cultural estaba en segunda!
Viendo lo acontecido en estos últimos años, me gustaría dejar una reflexión. ¿Qué es más bonito, ver a tu equipo en tercera, jugando contra el pueblo de al lado, o presenciar un partido profesional con decenas de objetivos apuntando al esférico y un estadio casi a reventar? Hablar de su cultural cuando ellos mismos no levantaron un mísero dedo por ella en los momentos más duros. Como todos sabemos, la vida es una montaña rusa; tan pronto estás arriba peleando con los más grandes, como abajo viviendo un verdadero calvario. Es cierto
aquello de Carpe Diem, que nos exhorta a vivir el momento presente, pero no quepa duda de que así como ahora estamos viviendo un sueño, el equipo volverá a los infiernos del fútbol semiprofesional y todos estos oportunistas se esfumarán de la misma manera que vinieron. Será entonces cuando se haga justicia y aquellos mil aficionados de verdad que estuvimos, volveremos a estar. Porque, como ya he dicho, los jugadores van y vienen, pero la afición nunca se irá.
Con estas líneas, solo quería manifestar y, de alguna manera, justificar mi sentimiento hacia este club que, como tantos otros, se ha visto relegado a categorías que no corresponden con la historia y la grandeza del equipo y de la ciudad. A todos ellos quería mandar esperanza y recomendarles que nunca dejen de lado los colores porque ser de los que ganan es muy fácil, pero apoyar al equipo de la ciudad en las buenas y en las malas es mucho más reconfortante.

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