EL CONFLICTE CATALÀ

Pasada ya una semana del famoso referéndum del 1O, en el que los catalanes fueron consultados sobre la posibilidad (o no) de que Cataluña y España separaran sus caminos, podemos analizar lo sucedido de forma más objetiva.
España y Cataluña o Cataluña y el resto de España, según quién. El tema independentista viene de lejos, pero es ahora cuando nos encontramos en el momento más álgido de la cuestión. Ni siquiera llegamos a tanto hace un par de años con el otro referéndum, también sonado, del 9N. Es ahora cuando la fractura parece no tener remedio, tanto la de Cataluña con el resto de España como la de Cataluña con la propia Cataluña. Incluso dentro de la propia España. Tema recurrente donde los haya, insaciable y cansino. Todo el mundo parece tener una opinión sobre este, y yo creo que aquí se encuentra el problema. Vayamos por partes.

España y Cataluña. Yendo por la calle estas últimas semanas, no es raro encontrarnos con banderas españolas aquí y,como vemos en las noticias, tanto españolas como catalanas y esteladas allí. ¿Queremos solucionar el problema de la unidad demostrando las diferencias?, eso parece. Desde la parte que nos toca, estamos faltando a los catalanes y, con todo, deseando que no se vayan. No son ellos, la parte secesionista, unos pobrecitos, ni mucho menos: reinventando la historia, argumentando con fantasía e, incluso, adoctrinando. Se montan todo tipo de manifestaciones donde al número de asistentes no se cuentan con menos de 6 cifras en cada una: aquellas donde se defiende la unidad de España, otras donde defienden lo contrario y los que se visten de blanco, que dicen defender el diálogo, en mi opinión, por miedo a posicionarse. Solo con esto tenemos la batalla sobre la mesa, pero seguimos con más partes encontradas.

Las dos Cataluñas. Se ha hablado de amistades y familias rotas por la ideología. Se montó la fiesta. Los que quieren la independencia y quieren votar, los que quieren votar pero no quieren la independencia, los que no quieren ninguna de las dos y los que no saben lo que quieren; hasta los que no tienen opinión (¿los menos?). Los que apoyan a la Guardia Civil, los que apoyan a los Mossos, los que no saben qué apoyar. Los hay quedan por válido el referéndum y los hay que dicen que no ha habido referéndum. Bueno, sí, pero ilegal, que eso no cuenta.

Las dos Españas. Como todos tenemos que tener opinión, lo hacemos en el resto de España. Están quienes defienden el derecho a voto argumentando democracia por democracia, aunque la ley no lo ampare, por lo que este voto, nos guste o no, es completamente ilegal (lo último que un país puede hacer es saltarse la ley porque, si te la saltas tú, ¿por qué no lo voy a hacer yo?). Ahora vienen los problemas con la Guardia Civil cuando actúan en función de las órdenes que reciben, y aun así lo criticamos. Por tanto, no podemos llenarnos la boca de democracia cuando, por principio, es lo primero que queremos romper. Entre los unionistas están los que se aferran a la bandera y ese es su único argumento en contra del referéndum, que, aunque la ley lo permitiera, te seguirían poniendo la bandera en la cara y te dirían que España no se rompe porque es una y es una, no hay más que hablar. Tenemos de todo.

No hay espacio a la indecisión, nos han hecho creer que tenemos que optar por un bando, estar con unos y estar contra los otros, cuando el problema ni siquiera es nuestro, o sí, no lo sé. Claro, el problema era que todos tenemos una posiciones inalterables, y estas tratan de nacionalismos, entonces, este es el verdadero problema: el catalanismo y el españolismo. Diferencias ficticias, simplemente políticas.

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