Mi llegada a la residencia

Empezar una etapa nueva en la vida nunca es fácil, y mucho menos si se trata de la Universidad y te has ido a estudiar fuera de casa. Llegas a un lugar nuevo para ti, donde apenas conoces a nadie. Lo bueno es que todo el mundo se encuentra en una situación parecida, por lo que hacer amistades nuevas es relativamente fácil si te lo propones. Además, a ello contribuyen las polémicas jornadas de integración, a menudo criticadas por su dureza o inutilidad. Sin embargo, lo cierto es que aunque en un principio estas puedan impresionar, una vez que las vives te das cuenta de que todo lo que te han dicho sobre ellas, ya sea para prepararte o solo para asustarte, se vuelve falso.

Las novatadas son una de las mejores formas de conocer gente e integrarte mediante distintas actividades y juegos, y aunque en ocasiones ocurran incidentes aislados que ensucien el nombre de las novatadas, la realidad es que son muy útiles. Especialmente en la Alfonso VIII, donde a pesar de tener que hacerlas fuera de la Residencia, las novatadas nos han servido para conocer a los que serán nuestros compañeros y amigos durante los próximos años y, si estas se hubieran prohibido, como ciertos organismos pretenden, nunca habríamos tenido la oportunidad de conocernos. Desde un primer momento, y mediante la presentación propia de cada persona, te quitas de encima la vergüenza que puedas tener, característica de los primeros días. Una vez roto el hielo, empiezas a conocer tanto a “novatos” como “veteranos” y después de las típicas preguntas como “¿de dónde eres?” o “¿qué estudias?” que tanto se escuchan a lo largo de las primeras semanas, podría decirse que has hecho los primeros amigos o al menos, que ya conoces gente.

Con el paso de los días vas viviendo experiencias, ya sea en fiestas, en clase, en el comedor de la residencia o en cualquier habitación, que refuerzan esas amistades y van consiguiendo que se formen grupos de amigos.

Por todos estos motivos, las “novatadas” me han servido tanto a mí como a mis compañeros para integrarnos en la vida de la Residencia y en la vida universitaria, a la vez que nos los pasábamos bien y disfrutábamos. Por estos motivos, no veo lógico el deseo de restringir las “novatadas” o simplemente prohibirlas, sino que regularlas sería más útil y cómodo para todos.

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