POR AMOR AL ARTE

“No olviden que, a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería, son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos.” Robin Williams en El Club de los Poetas Muertos.

La vida del artista anónimo esconde en el armario unos monstruos que es mejor no mirar a los ojos. Y creo que este momento es tan bueno como cualquier otro para presentároslos.

Hablamos siempre de lo dura que es la vida del pintor que se cortó una oreja, de lo común en el músico quitándose la vida. Lo que no sabemos, o quizás no queremos saber, son los motivos que llevan a un supuesto virtuoso a tirar la toalla.

Ser artista no es solo un trabajo; significa que has aprendido a dominar una disciplina con la que convertir una idea en algo al alcance de todo el mundo. Y si lo consigues, tu obra y tu nombre se vuelven inmortales. La fama y el triunfo parecen un juego de niños, y quizás lo sea. Uno en el que hay más malos de los que puedes derrotar en una sola partida.

La primera pesadilla del escultor, de la actriz, del bailarín, es el Fracaso. La práctica de mil horas que parece no servir para nada, los frenesís de último minuto, saber que su técnica nunca será perfecta.

Y lo que da de comer a ese pensamiento parásito son las palabras desalentadoras:

“sigue saliéndote mal”, “esto no está para enseñar”, “a lo mejor es que simplemente no es lo tuyo”… Todo el mundo es un artista en potencia, porque todo el mundo es un pensador en acto. Y eso es cuanto se necesita para empezar. Y en el camino del aprendizaje, hundir a quienes intentan florecer es opcional. Por favor, evitémoslo. En segundo lugar, tenemos al terrorífico fantasma del Mérito Invisible.

Tus 14 años de carrera musical o tu diploma de Graduada en Bellas Artes parecen nunca tener peso suficiente en la balanza de la aprobación general. Porque la abuela quería que fueses arquitecto, porque tu cuñado se toma a risa que hayas estudiado Moda, o porque a tu madre lo de Diseño Gráfico Digital le suena a cursillo de verano.

Este fantasma se alimenta de todos los “estudias Música/Danza/Cine… ¿y qué más?” que encuentre a su paso. Es posible que vaya de visita en los momentos más inoportunos, como lo haría el Espíritu de las Navidades Pasadas para dejarte caer que “estudiaste Arte… ¿Y QUÉ MÁS?”.

Señoras y señores, un mensaje de Los Cazafantasmas, que están hartos de tener que lidiar con estas cosas: ser escultor es tan serio y respetable como ser jurista. El Boss Final al que todos los jóvenes emprendedores que juegan al juego de los artistas tienen que enfrentarse es el demonio del “De gratis”.

Tener una cuenta en Instagram para promocionar tus trabajos de fotografía no quiere decir que vayas a invertir energía, creatividad y/o esfuerzo en hacerle una sesión gratuita a un completo desconocido.

Para invocar a esta criatura, se utilizan conjuros como “va, venga, que te menciono y así te hago publicidad” o “tío, que son cuatro garabatos en un papel, no te cuesta nada hacerme un retrato”…

Vivimos en un mundo poético, melodioso, pintoresco. A lo mejor deberíamos tomar más en serio a los que son capaces de exprimir hasta la última gota de inspiración, y dejarles trabajar en paz. Para ellos el arte es su medio de vida pero, para el resto de seres humanos, el arte nos mantiene vivos.

Atte: una artista muy disgustada.

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