GERMANA DE FOIX

Si hubo algo que marcó verdaderamente el trascurso de las monarquías europeas durante la Edad Media fue la falta de herederos. Paremos a pensarlo por un momento, la tasa de natalidad era alta, sí, pero la de mortalidad infantil estaba disparada. Miles de niños no superaban el parto, y muchas de sus madres también fallecían por la falta de medios y de higiene en la época. El hijo de Germana de Foix fue uno más de esa larga lista negra, pero no fue uno cualquiera. Su nacimiento podía haber supuesto un cambio dinástico en las coronas hispánicas y, por consiguiente, un cambio en la historia de nuestro país, que tampoco podemos garantizar que hoy existiera tal y como lo conocemos.

Germana de Foix de origen francés, en el Condado de Foix, el cual se encontraba unido dinásticamente al Reino de Navarra y a la casa Real Francesa. Pero sin ninguna duda, esta mujer pasará a la historia por ser la segunda mujer de Fernando El Católico tras el fallecimiento de su mujer Isabel I de Castilla, La Católica. A pesar de que fue un matrimonio fugaz, apenas duró unos años, ella llegó a ocupar distintos títulos. Este matrimonio, como tantos otros, fue establecido tras un tratado de paz entre Francia y Aragón. A cambio de este, el Rey Católico se comprometió a nombrar heredero al posible hijo del matrimonio. El matrimonio levantó las iras de los nobles de Castilla, ya que lo vieron como una maniobra de Fernando el Católico para impedir que Felipe el Hermoso y Juana heredasen la Corona de Aragón.

El nacimiento de tal niño hubiera supuesto la diisión, nuevamente de las Coronas de Castilla y de Aragón, por la que tanto había luchado Isabel. Y sí, en 1509, en Valladolid, nació el niño que estaba destinado a ser llamado rey de Aragón, pero como si el destino lo quisiera evitar, falleció a las pocas horas. Tras años de matrimonio, Fernando enfermaría sin dejar más descendencia obligando a Germana a desplazarse a Castilla. Pensaréis que hasta aquí llega la historia de nuestra protagonista, pero no, aún hay más.

A su llegada a Castilla conoció al flamante heredero de la corona española, el emperador Carlos V, I de España. A pesar de la diferencia de edad, Carlos, de apenas 17, se quedó embaucado de la anterior mujer de su abuelo, de unos 30. Pronto, entre ellos surgiría algo más que un simple romance y nacería Isabel; y aunque nunca fue reconocida oficialmente, Germana de Foix se refiere a ella en su testamento como la «Infanta Isabel» —título que no le podía corresponder— y a su padre como «el Emperador».

Tras una serie de matrimonios posteriores Germana de Foix acabaría falleciendo en Liria, a la edad de 48 años. Probablemente, la causa fue una hidropesía debido a su sobrepeso. Ella, como muchos personajes anónimos de nuestra historia, han pasado inadvertidos a lo largo del tiempo, pero llegaron a poder ostentar un lugar privilegiado en el devenir del tiempo y a haber dejado una marca imborrable en el paso de los siglos.

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