El verdadero final del consumismo en la industria textil

Hoy en día nos encontramos en un mundo en el que tanto consumidores como productores son causantes del extremo consumismo que nos rodea. Si bien es cierto que a todos nos gusta estrenar ropa nueva, y no solo eso, sino que es un bien necesario para subsistir pero, ¿crees que todo lo que compras es realmente necesario?

La industria textil es responsable del 20% de las aguas residuales y del 10% de las emisiones de dióxido de carbono, es la segunda más contaminante en el mundo después del petróleo.

Sin embargo, ¿alguna vez te has planteado qué se hace con los productos que la industria de la moda no vende? Francisco Camargo, colombiano y estudiante de gerencia de la moda y del lujo en el Instituto Francés de la Moda en París, afirma que idealmente en las tiendas de lujo se expone solo la última colección de la marca. Por ello, se le plantea una pregunta: ¿qué se hace entonces con la mercancía nueva no vendida?. A lo que este responde que dependiendo de cada marca, “se pueden hacer ventas privadas, guardarlas en inventario o destruirlas”.

Lo que muchos no saben, es que para las marcas de lujo vender a precios bajos no es una opción, ya que esto puede poner en riesgo su clientela, que en ciertos casos busca exclusividad, por eso reducir el precio implicaría que más personas podrán acceder a comprar dichos artículos, haciendo perder el prestigio y la exclusividad de la marca para sus consumidores habituales.

Los últimos 10 años han servido para sacar a la luz lo que algunas marcas hacen con sus mercancías nuevas no vendidas. Por eso, actualmente se sabe que muchas prefieren quemarlas, siendo ejemplo de ello marcas como Louis Vuitton, que reconoció haber quemado bolsos para mantener su exclusividad, asumiendo el costo de la pérdida de la mercancía; o empresas como H&M, que enviaban prendas contaminadas con moho a una planta eléctrica en Suecia afirmando que sería para crear energía con su quema y que, además, esta alternativa reemplazaría la quema de carbón. Asimismo, ocurre lo mismo con Burberry, que en 2018 decidió quemar alrededor de 30 millones de dólares de mercancía no vendida, lo que causó furor mundial en las redes con el hashtag #burnberry.

Sin embargo el problema no se queda ahí, sino que también se extiende por más mercados como el de la cosmética y los accesorios. Richemont, grupo de moda que reúne marcas como Cartier, Piaget o Vacheron Constantin, decidió entre 2017 y 2018 quemar 421 millones de dólares de mercancía no vendida. Y no solo eso, sino que la marca le compró de vuelta a sus distribuidores los relojes que no habían sido vendidos para evitar que fueran revendidos a menor precio en el mercado de las falsificaciones.

Finalmente, las industrias ya se están dando cuenta de la locura de la situación y plantean soluciones a esta práctica que no tiene ni pies ni cabeza. Tras lo sucedido con el caso de Burberry que he mencionado antes, la marca británica informó que reemplazaría la quema de stocks no vendidos por un proceso de reciclaje o de donación de las prendas.

Surgiendo así alternativas como el upcycling, una nueva técnica de deconstrucción de prendas de otras colecciones para reutilizarlas en la construcción de nuevas prendas de futuras colecciones. Aunque, a mi parecer, simplemente con hechos como sacar colecciones más pequeñas con un periodo de duración mas largo o vender los remanentes en ventas privadas serían soluciones igual de válidas. De igual modo, los consumidores debemos ser conscientes de la situación y optar por un consumo responsable para reducir la demanda y así evitar que crezca la oferta.

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