LA DAMA DE ORO

Historia, arte y derecho. Todos estos ingredientes forman parte del excelente largometraje La dama de oro, basado en la historia real del famoso Retrato de Adele Bloch-Bauer I, pintado por Gustav Klimt en el año 1907.

Tras huir de Viena sesenta años después de la Segunda Guerra Mundial, Maria Altmann, representada por Helen Mirren, decide iniciar una batalla legal junto a un joven abogado caracterizado por Ryan Reynolds para tratar de recuperar una de las más famosas obras de arte austriacas, el Retrato de Adele Bloch-Bauer I, que perteneció a la familia de la protagonista hasta que, con la llegada del holocausto, fue expropiado por los nazis.

Una historia que trata de defender la dignidad de todas aquellas familias de origen judío que, no solo perdieron su vida y la de sus seres queridos, sino que también perdieron los pocos recuerdos de un pasado truncado por la crueldad del Tercer Reich. Es por esta razón por la que Maria Altmann decide homenajear la memoria de sus familiares luchando por recuperar lo que por derecho era suyo, el retrato de su tía confiscado por los nazis que, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, pasó injustamente a manos del Estado de Austria.

La película es narrada a través de tres tiempos, la historia del cuadro, la invasión nazi y posterior huida de Maria Altmann a los Estados Unidos, y el año 1998, donde se litiga por la obra haciéndose para ello referencia a múltiples conceptos de Derecho Internacional. Este triple marco temporal dota al largometraje de una enorme carga nostálgica en todos aquellos pasos del proceso, los cuales están profundamente marcados por el sentimiento de dolor al que los protagonistas deben hacer frente, removiendo una herida todavía abierta que necesita precisamente de esa atención para poder finalmente cicatrizar.

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