EL FARO

El Faro es una película de Robert Eggers del género terror psicológico, que, a pesar de estar grabada en blanco y negro y encuadrada, salió a los cines en 2019.

Una curiosidad, es que el director y guionista Robert Eggers tiene sólo 36 años y dos películas y ya ha contado con los actores del nivel de Robert Pattinson y Willem Dafoe, con actua­ciones impecables.

La historia trata de dos fareros que llegan a una isla en Nueva Inglaterra, perdiendo la cordura a lo largo de la película, y revelando su identidad y secretos más íntimos.

La idea empezó con un intento de Max Eggers (hermano del director) de hacer una versión contemporánea de la novela de Edgar Allan Poe «The Líghthouse». A partir de ese intento, los dos hermanos decidieron reinventarla en forma de thriller de época,
eliminando los elementos de Poe.

La mezcla de elementos y referencias relativas al terror y a la locura crean un clima que atrae y mantiene la atención del espectador al destripar la personalidad más elemental del hom­bre, causando reacciones y sentimientos que van desde la incomodidad y la sorpresa hasta la confusión y la claustrofobia.

Los protagonistas, Ephraim Winslow y Thomas Wake, tienen que aprender a convivir en la misma casa, lo cual se complica cuando Wake, que es el farero más experimentado y mentor de Winslow, empieza a comportarse de una forma extraña. Winslow tiene visiones surrealistas cada vez más frecuentes que lo llevan a la desesperación y el hastío, a la vez que aumenta su curiosi­dad sobre el faro al cual no le está permitido entrar bajo ninguna circunstancia. Una tormenta causada por una superstición y la consiguiente falta de alimento los lleva a consumir alcohol de forma compulsiva, lo que contribuye aún más a su paranoia, adentrándose así en los abismos de la mente y la condición
humana.

A pesar de todas las referencias específicas de la cinta, hay elementos que quedan a merced de la libre interpretación del público. Por lo cual consigue, no sólo contarnos una enrevesada historia de excentricidad y fantasía, sino cambiar nuestras sensa­ciones, perturbarnos, para que no salgamos del cine igual que entramos.

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