LA MALETA, EL FRIGORÍFICO Y LA CARPETA DEL SANTANDER

Una maleta enorme, un frigorífico y una carpeta del Banco Santander regalada por el negociado de mi facultad en la que aparecía escrito: «me matriculo en primero de ilusión, ¿y tú?». Estas tres cosas fueron las primeras que, con gran nerviosismo e incertidumbre, dejé en la que sería mi nueva habitación. Una habitación un tanto fría, con grandes paredes blancas que, al igual que el resto del habitáculo, se han ido llenando de historias y recuerdos. Joder, pero si hace ya cuatro años de todo esto.

Todavía queda un último cuatrimestre por delante, por lo que quizá sea un tanto abrumador empezar a hacer balance sobre lo que la «vida universitaria» ha supuesto para mí, pero la poca experiencia que tengo al respecto me aconseja que sea previsora, que estos cuatro meses lectivos duran poco más que un suspiro. Y es por esto por lo que considero que este es el momento para entrar en valoraciones.

En un principio pensé en escribir acerca de lo fantástica y libera­dora que es la vida fuera de casa, en una residencia en la que nunca falta la fiesta y el alcohol, todo ello acompañado de la lejanía del yugo parental. Todas esas experiencias suman, por supuesto, y creo con fir­meza que cualquiera de nosotros somos más que conscientes de la suerte que tenemos al poder construir parte de los años más importan­tes de nuestra vida en un ambiente como este. Blablablá, aprovechad estos años como estudiantes porque luego la vida laboral es un rollo, blablablá, los amigos que hagáis aquí son para siempre. En definitiva, lo que nuestros veteranos nos han repetido hasta la saciedad.

Pero además de la tristeza que me causa pensar que mi etapa estudiantil llega a su fin, otro sentimiento aflora cada vez que consulto el calendario y me doy cuenta de que en apenas cuatro meses acabo la carrera. Y ese sentimiento no es más que el de un total desencanto hacia el sistema educativo. Con esto no quiero que bajo ningún con­cepto dé la impresión de que aborrezco el grado que en su día decidí estudiar, pues el Derecho es la materia que me apasiona y a la que quiero dedicar mi vida laboral. Pero seamos sinceros, el plan de estu­dios, al igual que el de cualquier otra carrera, deja mucho que desear.

La gran mayoría de nosotros lograremos conseguir un título universitario y apenas habremos desarrollado tareas prácticas en la facul­tad, las cuales pecan, al igual que el conjunto del sistema educativo español, de una falta de adaptación a la realidad. Con esto quiero abordar el más que conocido método «memorizar y soltarlo todo», en el que retenemos (muchas veces sin entender ni interiorizar verdadera­mente el contenido de lo estudiado) cientos de hojas para después hacer un examen en el que nuestra nota depende del parecido entre lo vertido en sesenta minutos en un folio en blanco y lo que aparece en los manuales. En resumen, nuestro sistema premia desde que comenzamos el colegio una única habilidad, la memorización. Y ni siquiera nos enseñan a memorizar, sino que cada uno adopta las téc­nicas, más o menos buenas, que le permitan sobrevivir.

¿No sería más conveniente que desarrolláramos otras habilidades, como la capacidad de buscar información veraz, de contrastarla, de sintetizarla y, ahora sí, de interiorizarla como nuestra? Quizá antigua­mente recordar un ingente listado de artículos era una habilidad pre­ciada, puesto que no existía INTERNET, pero en la actualidad consi­dero, y espero que estéis de acuerdo conmigo, que es mejor saber buscar (esos artículos no van a dejar de estar en la web cuando nos adentremos en el mundo laboral) e interpretar lógicamente lo buscado de acuerdo con lo explicado en la facultad.

Sin ánimo de dilación, únicamente me gustaría añadir que sí, que la vida universitaria es fiesta y diversión, y que hay que aprovecharla al máximo ya que representa unos años únicos. Pero también es un momento para tratar de desarrollar al máximo nuestro interés por aprender, por ser más competitivos en nuestro ámbito y por tratar de prepararnos al máximo para un futuro lleno de incertidumbres. Sin embargo, para nuestra desgracia el sistema educativo vigente no hace más que matar todo ápice de curiosidad en la gran mayoría de los estudiantes.  Una pena.

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